ELLES

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Elles un film de Malgoska Szumowska: De la descalificación al ejercicio del propio erotismo.

Juliette Binoche sigue siendo aún esa actriz cuya mirada despierta el imaginario de Los amantes de Pont Neuf, 1991, de Damage Una vez en la vida (Louis Malle, 1992) o de la Trilogía de Kieslowski (Bleu, Rouge y Blanc), por nombrar algunas de sus mejores interpretaciones, no tan recientes como Caché, 2005 o Copia Certificada, 2009.  Y eso tiene un peso para todos los espectadores, del cual no es fácil sustraerse. Sobre todo en un film, -donde lejos- su mejor escena es la masturbación de una actriz fetiche como ella.

Su directora elige como título una tercera persona femenina del plural con el objetivo de reflexionar, a través de la percepción de tres mujeres sobre algo que es un fenómeno social: la prostitución de mujeres universitarias.

Elles es una historia que transcurre en las 24 horas de la vida de Anne, una periodista (Binoche), que está realizando una investigación sobre el mundo de las prostitutas universitarias en París. El tema es que además del trabajo en sí, desea entender ese fenómeno desde el racconto que hacen  dos mujeres que bordean la adolescencia.

No es casual la elección que el film trascurriese en 24 horas, porque se tuvo en mente a Mrs. Dalloway de Virginia Woolf en donde en ese mismo tiempo hay una cena en preparación, en este caso la del jefe de su marido.  Las intenciones están más que claras. Y las estrategias cinematográficas se emparentan con las literarias, en tanto los sentimientos, las experiencias y los recuerdos se presentan desde un fluir de conciencia, mientras escribe.

En una oportunidad Fidel Castro – en ocasión de una interpelación de un periodista  respecto de la prostitución de mujeres universitarias en Cuba respondió irónicamente – absolutamente suelto de cuerpo- “… (Casi con orgullo) que este era el resultado de un modelo que había acabado con el analfabetismo y que realmente no era un dato menor… que hasta las prostitutas fuesen universitarias en Cuba”.

Esas palabras, que en ese instante causaron la sonrisa y hasta la risa de muchos dieron lugar a una cierta desazón, que aún me dura, ya que tuve la oportunidad de comprobarlo en su país, donde las mujeres se sientan en los lobbys de los hoteles a la espera de sus clientes, y en sus rostros se ven desdibujarse una cierta y necesaria seducción, una sonrisa y a la vez el dejo de una profunda tristeza, sumada al patetismo del fisgoneo, que implica la competencia de estar vendiéndose en un espacio compartido por otras.

Aunque esta práctica no es prioritaria de Cuba, sí lo fue el modo de expresarse de un hombre como representante de un país.

La prostitución como trabajo tiene tanto años como la existencia del mundo, y su sentido excede totalmente al imaginario que genera su nombre. Existe sin embargo un porcentaje, diríase, muy alto a partir del cual se podría afirmar que ninguna mujer nace para puta, y que las razones de esta elección son absolutamente diversas: económica, social y políticamente hablando. Es posible, no obstante, que exista una constante que con mayor o menor visibilidad se sigue dando, y que puede enunciarse de este modo: Cada vez que una mujer intenta negociar una situación de poder, pone en juego su cuerpo, porque este es él único poder que ella y toda una cultura a lo largo y a lo ancho del mundo le reconoce, en gran medida…lamentablemente.

Esa es la trampa en que ella seguirá cayendo una y otra vez confundiendo feminidad con sexualidad e insistiendo en pelear en el lugar equivocado: el terreno de su sexualidad.

Y el grito inicial de Anne cuando abandona su Mac por la mañana, para retomar su rol de madre y esposa, y acomodar uno o dos almohadoncitos es un preludio (exacerbado con fundamentación en el cine en Un día muy particular– memorable escena de Sofía Loren) de la eterna con-fusión entre los fines y los medios. Porque el objetivo no debería ser nunca mutilar el goce, sino reivindicar la feminidad.

Lo interesante de este film, que entrecruza todo el tiempo escenas de la vida de Anne, con las entrevistas y los sucesos relatados en las mismas es en todo caso una vuelta de tuerca en algún sentido de dicho fenómeno.

Lo que se entiende a grandes rasgos por “vender el cuerpo” posee inmensas variables. Ateniéndonos al film, podemos decir que de algún modo el tema de la prostitución puntual de las universitarias es un pretexto que permite hablar de otras cuestiones entre ellas, del deseo de estas dos mujeres interpretadas por Anaïs Demoustier y Joanna Kulig.

La idea es intentar explicar, (y en el caso de Anne –entender… por qué a medida que la relación avanza, se va comprometiendo afectivamente con ellas, y con un mundo que desconoce-) qué significa para ellas elegir esta opción. ¿Si es por dinero?, en consecuencia, por necesidad, ¿Por comodidad? ¿Si es humillante?..

A medida que transcurren los diálogos y se representan las vivencias de cada una, Anne va descubriendo, que lo que se supone se encontraría más cerca de las lágrimas, o de cierta dosis de drama está más relacionado con la risa y el goce. Porque ella misma termina riendo y desmitificando el fenómeno. (Aunque la escena de los fideos resulta sobreactuada).

Entonces este caso no puede encuadrarse dentro de una sumisión insoportable y sin salida. Sino que por el contrario puede verse como una decisión liberadora, que hace a la mujer tomar posesión absoluta de su cuerpo y venderlo a quien, y cómo se le de la gana. Acá estas mujeres no están peleando por un cuarto propio, ni por un techo, ni para comer, sino que han decidido esta “profesión”, como un camino más fácil y más rápido para obtener un departamento, o unos hermosos zapatos, como los que luce Anne. Con sus atenuantes, nada es radical en el film, ni hay ninguna actitud de juzgar nada.

Por otra parte, ¿que nos dice acerca de la sociedad que consume este servicio?: Primero, que forma parte de un consumismo establecido como normal y necesario desde ambas partes, que la mayoría de sus clientes podrían ser sus padres, que son agradables, limpios, incluso… inofensivos respecto de las enfermedades y…maridos aburridos, que vienen a compartir una comidita o a disfrutar tocando la guitarra y cantando una bella canción jugando a que se hace el amor. Perfil que coincide además con el marido de la periodista.

Elles es un film, que reflexiona sobre un tema espinoso, con un tratamiento no habitual, diríase crudamente, mostrando el tema desde los pequeños gestos de la cotidianeidad, con buenas actuaciones, con una escena de Binoche impecable, -mencionada al comienzo- no sólo por su interpretación, sino por la inherencia que tiene con la idea de construcción del género, y por lo que ésta dice de su propia relación amorosa, donde los hábitos parecen mucho más fuertes que el amor. Y donde la sumisión tanto de la que interpela, como de las que son interpeladas es voluntaria. Con algunos gags poco logrados, tipo heladera que no cierra, o “soltate el pelo y ocupate de tus problemas, como si tener el pelo recogido fuera emblema de algún tipo de actitud represiva, a lo institutriz de Heidi.

Pero claramente que la vuelta de tuerca está en las segundas, donde las chicas han reflexionado sobre la relación deseo-placer y han decidido darle curso a sus pulsiones. Del mismo modo que el hombre en cada puesta en acto de su sexualidad acrecienta su autoestima, acá el acceso al deseo, deja de sentirse como una descalificación, para pasar a formar parte de un ejercicio del propio erotismo.

Sin embargo París, por ahora, esta muy lejos de ser el resto del mundo….puede, es posible, que Madero albergue algunas historias similares, que no creo tengan las mismas connotaciones que las que podrían oírse en algunos parajes del Conurbano Bonaerense del Sur, por dar dos datos cercanos y opuestos.

Por lo tanto la expresión de Castro está aún muy lejos de ser la de un adelantado.

 

  • Es la mejor critica que he leido sobre este filme:felicitaciones!

  • Great insight. Releived I’m on the same side as you.