La razón blindada

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La razón blindada, escrita por Arístides Vargas y dirigida por Florencia Suárez Bignoli, es la sublimación de todo “el dolor de una época” que, a través de la sutil poesía, logra  convertirse en esperanza.

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La obra surge de un pedido, de una coincidencia, de esos pequeños milagros, de esos mágicos cruces de fuerzas que hacen que nada en el mundo vuelva a ser igual: A Arístides Vargas (Actor, director y dramaturgo argentino, perseguido y exiliado en la década del 70´ y por eso, un poco ecuatoriano también) le pidieron que ideara una nueva mirada sobre El Quijote para presentarla en el Festival de Teatro Clásico de Almagro (España). Por ese entonces,  Arístides estaba en Trelew realizando una investigación sobre los presos políticos que fueron encarcelados en Rawson en aquellos años siniestros. La historia lo golpeaba de cerca. Su hermano Chicho Vargas era uno de sus protagonistas y, en más de una ocasión, le había contado que para resistir a la cárcel, al encierro y a la soledad hacían teatro sentados en sus sillas, ya que los guardias le tenían prohibido mantenerse de pie. Esta anécdota, el clásico de Cervantes y un breve texto de Franz Kafka, llamado “La verdadera historia de Sancho Panza”, le sirvieron para construir una pieza teatral que transciende la propia vivencia, incluso las maravillosas creaciones literarias que sirvieron de inspiración, para regalarnos una historia conmovedora con una densidad poética y dramática que envuelve, fascina e invita a pensar.

Dice Arístides Vargas: “Me interesaba crear una ficción donde no hubiera ningún tipo de referencia física que pudiera remitir a una cárcel. Me interesaba explorar la vigilancia y el control sin la necesidad de decir nada más. Así escribí La Razón Blindada”. Esa falta de procedencia, de lugar, esa territorialidad en fuga (metáfora quizás del propio devenir del autor) se recrea muy bien en la versión de la directora Florencia Suárez Bignoli, aunque de pasada se mencione la condición de presos políticos de los protagonistas. La falta de referencia nos permite situarnos en La Mancha, cada domingo, a las tres de la tarde, cuando dos hombres, victimas del encierro y la opresión juegan a ser libres, a ser literatura, a ser Don Quijote y Sancho Panza. Jugar para vivir, para sobrevivir, jugar para ganarle la partida a la realidad adversa; volverse loco de imaginación, de verdad, para sentir que la locura del encarcelamiento se puede doblegar y suprimir ( “La locura, y creo que usted lo sabe, no es estar loco. Es volver loca la realidad que vivimos”); construir un túnel intangible que sea también inteligible para todo aquello que soñamos, que experimentamos como propia realidad.

Se nos permite también aparecer con los personajes en un patio, en un comedor, en una celda, gracias a una puesta en escena muy inteligente que respeta el diseño general  que realizó Vargas y su grupo Malayerba, para vivir con ellos la alternancia del plano de la “realidad” (donde todo es desesperanza), el viaje a la sinrazón y los destellos de reflexión sobre la libertad absoluta (¿Cuál es la verdadera libertad?). Así, la obra sucede en la mente de Panza, en el cuerpo de De La Mancha, en la memoria de todos. La acción también sucede en nosotros, nos sucede.

Si alguna vez me hubiese sido dada la posibilidad de crear la corporeidad de este ingenioso Hidalgo y su fiel escudero, me los habría imaginado así, tal como los pensó Florencia Suárez Bignoli, con el gesto justo en el momento indicado, con la sensibilidad necesaria para hacer aflorar la risa, la emoción, la ternura. Su particular visión del mundo le permite guiar a los actores por los caminos sinuosos de una representación difícil, arriesgada que se sumerge en el abismo de la sinrazón para emerger más libres que nunca. Una excelente dirección para dos actores que se lucen.

La razón blindada es, más allá de todo, un canto a la vida, a la belleza, es la sublimación del dolor (de todo “el dolor de una época”) que, a través de la sutil poesía como vehículo de creación, se convierte en esperanza. No se trata de evadir o aceptar la realidad sino de entender, superar, tratar de cambiar todos esos momentos en los que los molinos se convierten en gigantes.