Tiro de Gracia: sobre la novela y sobre la película.

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LOS VENERABLES TODOS

Hace ya un tiempo que se le rinde homenaje a los años `60 del siglo pasado y a quienes fueron sus protagonistas. En primer lugar habría que poner de relieve lo siguiente: la euforia cultural sufrió un quiebre con el golpe de Estado de1966. Se fue diluyendo, hasta que muchos de los nombres de primo cartello se deshicieron en el olvido. Cuando esa década terminaba, Sergio Mulet (Marsella, 1942-Eya, Rumania, 2007) publicó su novela TIRO DE GRACIA –Ediciones del Mediodía, Buenos Aires, 1969, 106, pgs- . No se ha reeditado y es ahora casi imposible de conseguir. Mulet, junto a Reynaldo Mariani y a Ruy Rodríguez conformaba el primer y tal vez único movimiento beat de poesía a través de OPIUM.

Si la película se estrenó en octubre de1969 y el libro se terminó de imprimir en noviembre de ese año, se repite el caso de, entre varias, A SANGRE FRÍA (Daniel Tinayre-1947), según la novela homónima de Luis Saslavsky publicada también en ese mismo 1947. El texto de Mulet tiene como epicentro al bar Moderno, de Maipú 918, casi Avda. Córdoba. Por aquellos años se trataba de una zona que albergaba a la juventud dorada o lo que de ella había quedado. Porque la Facultad de Filosofía y Letras, ubicada donde hoy se encuentra el Rectorado de la UBA, se mudó a Independencia al 3000.

Esa juventud de TIRO DE GRACIA tiene, según se nos informa, entre 25 y 30 años, y ama el jazz –algunos nombres están escritos por fonética-, el alcohol, el deambular sin rumbo, la necesidad de ver su libro impreso, su disco editado, su cuadro en una exposición. Mientras tanto, deben conformarse con trabajos rutinarios o bien con changas que proporcionan unos pesos para seguir bebiendo. Daniel, el protagonista, se llega hasta Belgrano y el otro barrio mencionado en la novela es el de Caballito donde, según se dice, la población está por completo aburguesada. Eso sí, no falta un departamento en Arenales, lugar no ubicado en el arrabal, claro,

A pesar de la calle Arenales es al orden burgués al que se ataca y se lanzan dardos contra las instituciones que lo caracterizan. Mientras tanto, Daniel tiene como pareja a Josefina, una directora de arte que trabaja con Rodolfo Khun y con Fernando Ayala. No vacila en robarle dinero mientras le hace creer que colabora con los gastos del departamento. Por fin, la muchacha lo expulsa, algo harta de las borracheras y del parasitisimo .Esto de las mujeres resulta interesante porque en el texto de Mulet son poco menos que vaginas que aguardan ser explotadas convenientemente.

Las discusiones sobre política exterior, el cine –hay una gresca por LA FELICIDAD (Agnès Varda-1965), se observa al protagonista de SIN ALIENTO (Jean-Luc Godard-1960) con veneración- y las reflexiones corren por cuenta de los muchachos. Así, Mario le dice a Daniel: “- No hay amor en la gente, no hay amor, la muy cabrona se las tomó y te juro que gozábamos como locos (…) son mujeres para días y lo peor es que uno se entrega con todo”.

Daniel no vacila en responderle: “-Yo lo que busco es encamarme con la inteligencia

Y la posición de otro integrante de este grupo, Ricardo, es clara: “- Hay que meterse en algo muy grande y rajar”.

Con el objetivo de mostrarse audaz, Mulet no vacila en juegos sadomasoquistas –los cintazos que le pega Greta-, ni tampoco alguien que ejerce la prostitución masculina. Las alucinaciones de Daniel, alguien que sueña posibles temas para sus cuentos, incluye también el estrangulamiento de una señora en el ascensor, o el asesinato luego de una gresca entre dos bandas mafiosas. El ensueño es absolutamente necesario porque nada ocurre en sus vidas. Son LA FAMILIA FALCÓN pero al revés.

Por fin, alguien triunfa: puede ser Jaime Jaimes o bien el propio Daniel quien le escribe al autor del libro la carta final desde Nueva York. El remitente ha logrado ubicarse en el país que le merece gran admiración, a pesar de las contradicciones que relata. Y así lo aclara:”Prefiero esto a la mediocridad de Sud América”. Con esta carta, que es la de un triunfador, se asesta el tiro de gracia a un lector ya algo cansado de seguir a esta juventud errática.

CEREMONIAS

Sergio Mulet colaboraba con el realizador y novelista Ricardo Becher (Buenos Aires, 1930-2011) desde el corto CRIMEN (1962), un ejercicio de estilo hoy día muy buscado. Intervino luego en la no estrenada RACCONTO (1962) donde Becher reunió una serie de nombres que incluían los de Graciela Borges, Lautaro Murúa y María Vaner. Aplausos de la élite intelectual sesentista para una película de veras imposible en todo sentido. Lo más chic de aquel Buenos Aires pasado por Antonioni. El canal Volver suele pasarla. Y ahora es necesario aclarar algo: a TIRO DE GRACIA, estrenada en el Paramount en octubre de1969 no la prohibió nadie. Sencillamente, no hubo espectadores, algo muy común con el cine de los sesenta, incluido el ahora archifrecuentado blanco y negro de Leonardo Favio. Lo curioso es que el guión de Becher-Mulet se aparta ligeramente de la novela. Los encuadres rara vez se preocupan por panorámicas –el momento en que los tres amigos aguardan el tren en Belgrano es una de ellas-. La mayoría de las veces los encuadres trabajan en espacios muy reducidos privilegiando los rostros y las actitudes de quienes frecuentan los bares o deambulan por un Buenos Aires nocturno.

Se suprimieron las alusiones al cine francés que figuran en la novela –esta película guarda alguna relación con LES TRICHEURS (Marcel Carne-1958), película odiada por Truffaut-.Es evidente que a la cámara le gusta mostrar el cuerpo de Mulet, un muchacho de 27 años en el esplendor de su belleza física. La época y no la censura obligaron a Becher a un cierto recato en las relaciones heterosexuales del protagonista. La broma sobre el aprendiz de taxi boy no está en el código escrito, aún cuando uno de los personajes se dedique a obtener dinero de esta forma. Las mujeres, eso sí, continúan siendo ofrecidas como maniquíes sin cabeza y dignas de todo tipo de explotación.

Tampoco el segmento dedicado al campo –en uno de cuyos desolados caminos y de manera surrealista aparece un enano- es tan extenso en el texto literario. El mayor de los problemas, más allá de que la pareja de Daniel, Josefina, aparezca iconografiaza como la Monica Vitti de aquellos años, es el final. Porque Mulet termina su novela con la carta enviada desde Nueva York.

En el film, un comando de derecha ataca la Facultad –no la vemos en cuadro- y Quique, un personaje que en el código escrito apenas aparece- es asesinado a balazos por uno de los agresores en el baño de un bar. Los cinco planos dedicados a la cabeza exangüe de Quique desorientan; estalla la muerte de manera arbitraria. No sabemos a qué viene esta escena descolgada que es, casualmente, el tiro de gracia que provoca la angustia de Daniel, con cuya imagen congelada termina la película. Por aquellos años y desde que apareciera el fascista Indarregui en LA CAIDA (Leopoldo Torre Nilsson-1959) y pasando por DAR LA CARA (José Martínez Suárez-1962) o, entre varias, CON GUSTO A RABIA (Fernando Ayala-1964) estos grupos Dios-Patria-Hogar servían para solucionar en el cine el espacio de lo políticamente correcto. Más aún: ése es el final propio de un melodrama, un exceso que funciona como añadido. Esto no desmerece ni mucho menos la originalidad del film. Ocurre que, al parecer, Mulet y Becher tenían puntos de vista para nada convergentes..

Es indudable que desde la llamada Semana Trágica, esos grupos estuvieron muy activos durante el siglo XX en Argentina. El inconveniente es que no fueron tratados con la profundidad necesaria. En los ´80 la película de Ricardo Becher comenzó a ser reivindicada de manera algo estruendosa. Como si en medio del posmodernismo los jóvenes tuvieran que aferrarse a tablas de salvación algo lejanas en el tiempo. Incluso en 2010 Tomás Lipgot dedicó a este realizador un documental llamado RICARDO BECHER: RECTA FINAL.

Sergio Mulet moriría asesinado por una mujer rumana con la que se había casado por civil en España. El hecho, ocurrido en 2007, pasó casi desapercibido para los medios argentinos. No ocurrió lo mismo en España, país en el que Mulet se había radicado. Hubo, entre aquella gente que frecuentaba el Moderno, una verdadera diáspora. Algunos de ellos –Gregorio Kohon, psicoanalista en Londres, Reynaldo Mariani, mendigo alcohólico y poeta en Buzios, Brasil, antes de regresar para morir en Zapala- no tuvieron interés en asistir a los años de plomo. En realidad y según lo que puede leerse en la novela o ver en la película, siguieron el consejo de aquel Ricardo: – Hay que meterse en algo muy grande y rajar. ¿Dónde? Esa ya es una cuestión personal. Tal vez lo importante es lo que supieron decir y la manera en que lo dijeron.

NOTA: Este artículo surge de una investigación que sobre NOVELA Y CINE ARGENTINOS están llevando a cabo quien esto firma, Mónica Landro y Marta Speroni.