4D Optico

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Estrenada por primera vez en el 2003 en Barcelona, la obra de Daulte es una puesta arriesgada para el teatro, desafiante para la inteligencia y cálida para el corazón.

?Le pasaba a aquella, a mí tan lejos?

Hace ya algunos años, esporádica pero persistentemente, recibo mails con destino equivocado a nombre de una homónima que, deduzco, vive en Venezuela y se dedica a las finanzas. La afición a la literatura me ha prohibido, y me prohíbe todavía, ceñirme a interpretaciones simplistas del asunto (como un error de dirección o una improbable pero posible interferencia cibernética) para embarcarme en un sinfín de divagues (¿divagues?) más o menos fantásticos: ¿Qué pasaría si un día me animara a responder ese mail? ¿Qué pasaría si, efectivamente, estuviera dirigido a mí, a esa que soy en otra parte? ¿Por qué pensar que somos sólo aquí y ahora y no allá, tan lejos y tan después?

Julio Cortázar nos enseñó que nuestra realidad cotidiana, aceptada como tal, incuestionable, es sólo una porción de mundo posible; existen intersticios, pequeños paréntesis, fisuras, zonas sumergidas, ocultas o negadas. Abrirse paso ?en la masa pegajosa que se proclama mundo? puede ser tarea de todos pero los poetas, y los escritores en general, han estado siempre más predispuestos a ese sentimiento de lo fantástico. Los filósofos y los hombres de ciencia saben, a su vez, que no han explicado toda la realidad y que, a medida que sus campos de investigación avanzan, los misterios se multiplican.

El planteo de 4D Óptico no es entonces imposible. La obra ha sido definida como una comedia de ciencia ficción aunque resulta un híbrido de géneros superpuesto y perfectamente tratados por la mano siempre certera de Javier Daulte. En esta nota preferimos ligar esta historia al sentimiento de lo fantástico (esa forma particular de percibir la realidad) a partir del tema del doble, de la otredad, del pasaje (en este caso, a una realidad paralela), tan frecuentes en la literatura y tan poco abordados en el teatro.

Un grupo de científicos se encuentra trabajando en los laboratorios Roosenvart en medio de disputas políticas y manejos turbios que hacen tambalear su continuidad laboral. En ese contexto adverso ocurre un accidente en uno de los experimentos que provoca una fisura en el tiempo-espacio, creando un peligroso (y también atractivo) acceso a una realidad alternativa. Ese universo paralelo tiene lugar en la Mansión Urkel donde una banda de delincuentes, contratados por una discográfica, planea asesinar a Gina, una cantante de poca monta, para que consiga mayor popularidad y así vender más discos. Para evitar el colapso, el fin del mundo material, los científicos (que en la mansión son otros tan distintos) saben que deberán evitar esa muerte. Una serie de enredos, confusiones, desencuentros dan paso al desarrollo de una trama aparentemente simple pero esencialmente compleja por el texto, por la explicación de conceptos de física cuántica, por el desdoblamiento de los personajes y, sobre todo, por las numerosas implicancias metafóricas que se pueden disparar. En efecto, el discurso científico (muy bien manejado en la obra para lograr una extrema verosimilitud aunque puede resultar agobiante para el espectador) es subsidiario, en este caso, del discurso poético, de los múltiples sentidos, de las variadas interpretaciones que esta experiencia teatral puede provocar y de las miles de preguntas que circularán en busca no de respuestas sino más bien de más interrogantes: ¿Dónde quedó aquel otro que yo no pude ser? ¿Qué otros mundos habitamos? ¿Qué otros mundos nos habitan?

Estrenada por primera vez en el 2003 en Barcelona, 4D Óptico es una puesta arriesgada para el teatro, desafiante para la inteligencia y cálida para el corazón. Daulte nos hace pensar una vez más en los límites de la representación (¿Cuánto se puede mostrar en escena y de qué modos?) a través de un emocionante y experimental juego teatral en el que ocho actores se desdoblan en escena con mínimos cambios de vestuario y escenografía y mucho de expresividad, histrionismo y talento. Se percibe un entendimiento total entre los actores y el director y un compromiso con el espectador que abandona la sala con su otredad rondándole la mirada y con la certeza de que se puede ser un idiota y un inescrupuloso asesino, una ingenua enamorada y una despiadada estafadora, reina y mendiga, como Alina Reyes, la ?Lejana? de Cortázar.


4D Óptico
es una reflexión sobre los límites de la ciencia, los límites de la realidad, los límites del teatro y, sobre todo, los límites del ser. Es la posibilidad de pensarse otro, múltiple y uno entre tantos dobles. Quizás en la pregunta sobre la felicidad (¿Es usted feliz? Le pregunta Clarisse a Montag en aquel clásico de Bradbury y de la ciencia ficción), esa pregunta que se repite al comienzo y al final de la obra, podamos hallar algún resquicio donde poder afianzar la identidad.

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Publicado en Leedor el 13-06-2012