Nocturnos

1
12

Se estrena en MALBA la nueva película de Edgardo Cozarinsky.
Los simulacros de la memoria

?El cine sustituye a nuestros ojos un mundo, que concuerda con nuestros deseos? Andrè Bazin

Una historia de amor es el pretexto del que parte Cozarinsky para volver con más fuerza a todo lo que ama. Esta vez son las citas las que hablan oficiando de simulacros de la memoria. Y de hecho esta pretendida ficción es su film (o su ?ensayo?) más autobiográfico (como prefiere algunas veces llamarlos él).

Un ocaso frente al río y una voz en ?off? da comienzo al relato: ?un hombre se ha quedado dormido??, no obstante cuando despierta se reconoce a sí mismo en esa ciudad que mira, y que luego recorrerá de noche como un flaneur. Acaba de leer una carta, que encuentra al lado de un libro de Silvina Ocampo, gira y ve desde su balcón a la ciudad de Buenos Aires, de frente se impone la avenida 9 de julio.

Cuando entre el sol saldrá a vagabundear sin rumbo fijo, dejándose llevar, sorprendiéndose y sorprendiendo al espectador en cada pedazo de su recorrido. Porque cada ?pedazo? es sin duda un pedazo de su alma, y lo será de la memoria que irá construyendo con el pasar del tiempo, porque esa es la sustancia de que estamos hechos.
A posteriori vendrán a su encuentro todos los fantasmas que devienen de la relación de los hombres con las ciudades, ciudades misteriosas, con noches mágicas que proyectan el deseo y la angustia en la pantalla de la imaginación.

Baudelaire, luego Benjamin, destacaron este deambular sin rumbo, como una escisión que ponía de manifiesto la fisura entre el tiempo productivo, y aquel que pertenecía al orden del disfrute improductivo.

Acá se suma la reivindicación de la noche, y no como alegoría. El deslumbramiento del protagonista se transmite al espectador, quien se emociona y se encandila con las luces de un Buenos Aires, que vamos descubriendo en un viaje que va del centro a la periferia y viceversa, acentuado por el uso de la cámara en mano. Entra a un bar, donde se escucha un bandoneón vibrar en la música que le otorga identidad a la ciudad y su gente. Como el fantasma de un eros melancólico inasible pero presente, que nos dice al oído: yo soy el tango, se me escucha mejor de noche en un bodegón hasta el amanecer.

Hay una preocupación estética y filosófica por reivindicar ese tiempo que transcurre desde que entra hasta que sale el sol, y esos momentos de inflexión, que muestran las implacables luces de la ciudad, momentos de escape lúdico y de dramatismo estético, donde callejear se convierte en la actividad más genuina de la vida y la calle se convierte en su casa.

De Ronda Nocturna a Nocturnos, la apuesta se duplica. Hay una continuación sintáctica, además de semántica, la que se extiende a lo largo de toda la obra literaria y cinematográfica de Cozarinsky, a quien le gusta moverse en la frontera del documental y la ficción. Y quien conecta a ambos como en un pasaje mediante la figura del detective, del investigador, aunque nunca deja de entrar y salir como personaje. Ronda Nocturna es una bisagra en el sentido de que se interna en un mundo de un pasado reciente, más sentimental que histórico, y más ?porteño? si se quiere, aunque la historia podría haber transcurrido en cualquier parte del mundo. Y Nocturnos haya terminado de mostrarnos una parte del mundo al que pertenecemos, que no es poca si se trata de la ciudad que habitamos.

Entre las citas hay una de Godard, que no puedo precisar, pero no obstante trae a la memoria el lugar preponderante que ambos le han dado a la palabra escrita, por eso los letreros luminosos, las cartas, los carteles, los grafittis, la luz mala en el campo, las velas encendidas al gaucho Gil y las citas, hasta aquellas palabras que en parte adivinamos en ese travelling, que es como una danza y que va del sonido a la imagen, cuando la pareja discute y el movimiento acompaña al pensamiento, aunque el movimiento suceda solo en la mente. El uso de esos planos desaturados, que luego devienen en tonos calidos, rojizos o violetas. La superposición de imágenes de archivo, donde la memoria sale de los muros, la voz en off para mantener el presente de la historia. Desde su planteo estético se percibe, no se si concientemente, un homenaje.

La alternancia del uso de planos generales para mostrar la ciudad, con los primeros planos para dar cuenta de los rostros y las expresiones. Esa búsqueda del arte cinematográfico reflejado en las calles de Buenos Aires, en el cine, en la literatura, que podría ser el París que adoptó como propio en un exilio voluntario, que en algún punto se parece al París de Elogio del amor.

Cada vez que decimos o escribimos una palabra hacemos una elección que elimina de la superficie textual todas las otras que pudimos usar, olvidar, desconocer o, si se quiere reprimir, por eso el pensamiento es en si mismo ?un acto peligroso?.

Elegir recortes de discursos ajenos y hacerlos dialogar con la imagen es armar un tejido con tramas y urdimbres, donde los fragmentos de escritura dan cuenta de la ciudad como un espacio de trueque de mercancías. Pero Cozarinsky no quiere descubrir como Marco Polo, las razones secretas, que han llevado a los hombres a vivir en las ciudades, sino que desea mostrar como se truecan las palabras, los deseos, los recuerdos, y al mismo tiempo como los fantasmas cobran vida y luego se desvanecen.

Nocturnos es el nombre que se le dio en primera instancia en el siglo XIX a una pieza que había sido de ex profeso escrita para tocarla de noche, como sucede con las serenatas y con esta idea de reflexionar sobre la memoria, en el Buenos Aires nocturno.

Edgardo Cozarinsky posee una filmografía, cuya estética felizmente se resiste a las etiquetas. Cinéfilo, crítico, escritor y director de cine, su obra evidencia una preocupación por la literatura, un marcado interés por la crítica y un trabajo constante por establecer cruces entre el arte, el cine y la Historia. Ha desarrollado su propia concepción respecto del cine. Idea que define explicando que sus films: ?en general son películas sobre personas aisladas que emprenden algún tipo de lucha en la que nadie las sigue, o que deben mantenerse en secreto. Algo como ser extranjero sin ser extranjero?. Confiesa ironía mediante, que el rol de detective es lo que lo coloca en movimiento. Quizá, su pasión por la investigación haya contribuido a la construcción, que hace de Cozarinsky, un gran director de cine, y de Nocturnos un bello film, donde la investigación se asemeja a la imagen que le devuelve el espejo en que se mira.

RePublicado en Leedor el 8-08-2012