Agamenon: volvi del super y…

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Hacia lugares incomodos nos conduce ?Agamenón. Volví del supermercado y le di una paliza a mi hijo? la nueva propuesta de Garcia Wehbi.

Las cosas habituales. Los lugares habituales. Las personas habituales. La vida de mierda. El teatro como una auténtica bomba de tiempo, dispuesta a hacer saltar todo en pedazos. ¿Y si hoy nos levantáramos y nos animáramos por fin a destrozarlo todo? La cultura como regla instituida que atenta contra el estado de excepción. La vida. El arte. El arte de vivir. La muerte del arte de vivir. Jean Luc Godard. Bugs Bunny. El Pato Lucas. Silvestre. Tweety. Porky. ?La regla: los cigarrillos, la televisión, la computadora, las remeras, el turismo, la guerra?. Tantas personas viven tan mal. Tantas otras, mueren tan bien. Agarrar las bolsas del supermercado y reventarlas contra el piso de una buena vez. Volver del supermercado y pegarle sin dudar una buena paliza al propio hijo. A ese que tanto amamos. Al preferido. Una paliza amorosa, y sangrienta, y sudorosa, y terrible. Parar de golpearlo justo antes de tener que llevarlo al hospital. No vaya a ser que se meta el Estado en donde no le corresponde. Explicar el Origen de la Tragedia, valiéndose de alitas de pollo frito en un local de Mc Donald´s, adonde el protagonista de esta obra ha llevado a su familia a comer. Señalar pedagógicamente que no hay esperanza. No puede haber esperanza en Mc Donald´s. La tragedia lleva en sí misma tantos Mc Donald´s? y tan pocas lunas plateadas.

Hacia estos lugares incómodos, nos conduce esta nueva, compleja y siempre radical apuesta de Emilio García Wehbi y Rodrigo García. Nos deja sin aliento. Nos destroza. Nos descoloca como nunca. Nos interpela como ya el teatro, ni tampoco la mayoría de las expresiones de esta cultura agonizante, no sabe hacerlo. Hace tiempo que el teatro ha perdido la capacidad de al menos molestarnos. Esta obra es revulsiva porque nos deja completamente desnudos. Nos expone totalmente. Nos deja sangrando por la herida, convertidos en una masa de carne, de tejidos y huesos. Nos expone tal como lo que somos: estúpidos animales que abonamos todos los días, la destrucción de un entorno que ya no se soporta más tal cual está. Que ya ha estallado para siempre. Y en donde la esperanza es posible, sólo si no educamos a nuestros hijos; o si al mirar la televisión, dejamos por una vez de comer como angurrientos, mientras exclamamos tranquilamente: ?Qué asco?. Sólo así, nos dicen Wehbi y García, habrá esperanza. Sólo así, en momentos como este, existe el teatro.

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Publicado en Leedor el 29-07-2012