Festival de Rafaela: cierre

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Nota de cierre para el cada vez más importante Festival de Teatro: todo un repaso por lo que pasa hoy por la producción teatral argentina.VIII Festival de Teatro de Rafaela- cierre

Para no caer en la desmesura, en la alabanza excesiva, repaso mentalmente los intensos días vividos en Rafaela en busca de algún punto flojo, de alguna fisura o resquicio que permita cierta suspicacia o reparo. Entonces uno piensa en que las salas le van quedando chicas o, como leí por ahí, que en esta edición hubo una predominante presencia de elencos porteños en detrimento de los grupos artísticos del interior y del carácter federal del evento o que la existencia del festival no ha logrado una transformación en la profesionalización y en la cantidad de producciones de las compañías locales. Pero inmediatamente se vislumbran en la cabeza cientos de instantáneas, pequeñas y significativas imágenes que atesoramos en estos días y que nos permiten refutar aquellos, ahora frustrados, intentos. Entonces volvemos a ver las largas colas de gente entusiasmada agotando las entradas para las diferentes funciones, vemos a Marta Prunetto, aquella mujer que durante muchos años fue la primera en llegar a la cola y que este año recibió un reconocimiento por parte de los organizadores, vemos a la gente colmando las salas y nos damos cuenta de que resultan insuficientes porque no se puede con tanto entusiasmo, tanta generosidad, tanta alegría. Vemos también al flamante Secretario de Cultura Marcelo Allasino en todos lados al mismo tiempo, como si algo pudiera transportarlo para atender cada detalle, y caemos en la cuenta de que, equivocado o no, anda siempre detrás de la excelencia y que eso también concierne a la selección de obras. Vemos a los actores locales arrastrar su pasión por un oficio que a veces los sobrepasa y creemos inevitablemente en la posibilidad de cambios, de crecimientos y mejoras a largo plazo.

Entonces nos quedan elogios a montones y nos sobran los motivos. Con el transcurso de los años el Festival de Teatro de Rafaela se ha convertido en uno de los eventos teatrales más relevante a nivel nacional, una especie de visor de lo que se produce en el país en el ámbito de las artes escénicas y una fiesta a la que nadie quiere faltar porque la vivió y se sorprendió o porque otros le contaron, con las palabras que mejor pudieran traducir la experiencia, esa hermosa sensación de vivir el teatro desde la emoción y la expresividad pero también desde la inteligencia.

Presente y futuro del teatro nacional

Diferentes generaciones de teatristas se presentan cada año en los distintos espacios de la ciudad (teatros, lugares públicos o acondicionados para la ocasión). Ya hemos hablado de la presencia en esta edición del gran Mauricio Kartun, de Osqui Guzmán, del grupo bachín teatro.

En otras jornadas también pudimos disfrutar de dos unipersonales, Molly Bloom y Escandinavia, que pusieron en escena, el cuerpo, el oficio y la trayectoria de dos grandes artista como Cristina Banegas y Rubén Szuchmacher.

Las nuevas voces (los que vienen creciendo y encontrando su lugar en la no siempre fácil meca del reconocimiento) estuvieron representadas por Alejandro Catalán, Sergio Boris y Matías Feldman con propuestas muy diferentes entre sí pero igualmente innovadoras con muy interesantes puestas en escena.

Cuando pensábamos que en materia de amor y desamor estaba todo dicho (y hecho), justo en ese segundo en el que íbamos a dejar de creer en la posibilidad de una representación novedosa en esa temática, aparecen obras como Amar (de Catalán) y Breve relato dominical (de Feldman) para devolvernos la fe. Ambas propuestas le dan una vuelta de tuerca a ese tema tan trillado: Amar se construye desde una puesta en escena que permite, con pocos elementos y con muy buenas actuaciones, recrear un ambiente de discoteca donde la progresión de la noche y el nivel de alcohol va dando lugar a la verdad irremediable; cada personaje, en el transcurso de la obra, logra desenmascarar a algún otro en su desesperación, su desvelo o su deseo profundo que los revela como seres esencialmente frágiles.

Breve relato dominical trabaja desde la potencia de un texto que exacerba el procedimiento, lo muestra para que la película (la obra) se vaya tejiendo en nuestras cabezas; cuatro personajes de frente al público sin interactuar entre ellos en el escenario, cuenta sus apreciaciones, sus pensamientos y sus acciones de un domingo cualquiera que dejará de serlo cuando el desamor se presente en cuerpo y reacción.

Viejo, solo y puto sorprende desde la crudeza con la que se recrea la marginalidad de cuatro personajes en una farmacia semi vacía del Conurbano Bonaerense donde lo dicho parece no ser tan importante como lo insinuado, murmurado o mostrado: el cuerpo travesti se presenta como cuerpo deseado pero también como cuerpo enfermo, ilegal. Dos travestis que son puro deseo y tres hombres fracasados (el farmacéutico, el hermano que no supo estudiar y un negligente visitador médico) se pasean en tiempo real por una laberíntica disposición de estanterías para dejarnos en claro que en el centro de todo sólo queda la soledad. Actuaciones cautivantes de una noche que te deja cavilando en el pensamiento sobre lo real (el cuerpo y el poder, las relaciones prohibidas, el delito, el secreto, los mandatos familiares, etc).


La fiesta de lo diverso

Otra marca que caracteriza al Festival de Rafaela es la gran variedad de propuestas (para públicos también diversos) que ofrece en cada edición, desde danza contemporánea, audioperformance, circo, teatro no ficcional, clown, comedia musical y teatro de sombras, para contrarrestar la predominancia de lo tradicional, para abrir el juego y darle a todas las manifestaciones escénicas la misma y vital importancia.

Este año, desde Buenos Aires, llegó el Combinado Argentino de Danza (CAD) con su espectáculo Tushh Rafaela que dio el puntapié inicial a las actividades del festival y se presentó en los días sucesivos en diferentes espacios al aire libre de la ciudad (también en Suardi y Sunchales). Su performance es definida como ?danza todo terreno? que reúne en un mismo espacio a muchos bailarines (contemporáneos, de Hip Hop, de malambo) dando vueltas alrededor de una idea de sincronización. Mezcla de lenguajes, ritmos y universos, lo que caracteriza a esta propuesta es la posibilidad de variación dependiendo del espacio donde se realiza. Con sólo un año de existencia, el CAD divirtió a grandes y a chicos e hizo bailar a toda la ciudad.

Povnia, un espectáculo creado por Lila Monti, Cristina Martí y Guillermo Angeleli, es la confirmación (para los incrédulos) de la gran profesionalización que ha alcanzado el mundo del clown y una reivindicación del talento de Lila Monti que, en la piel de Una, nos ofrece una mirada tierna sobre la pérdida, el desarraigo y los nuevos encuentros. En una lengua que es todas y ninguna a la vez ( el lenguaje universal y hermoso del payaso), Una nos sumerge en su mundo, nos cautiva desde que cae (literalmente) en el escenario y nos cuenta que es una inmigrante involuntaria de un país que ha sido arrasado por las catástrofes naturales. Desde el humor, la inocencia y la risa se atraviesa, para mitigarlo, el dolor más profundo con una mirada esperanzada en los nuevos comienzos.

Representando a Mendoza, Pájaro Negro Compañía de Luces y Sombras se presentó con Woyzeck, aquella obra que dejó inconclusa Georg Buchner cuando la muerte lo sorprendió. Considerado el primer drama social, basado en la tragedia de un hombre de la clase trabajadora, los mendocinos logran darle una nueva perspectiva desde el teatro de sombras, esa técnica casi en vías de extinción. Con diferentes materiales, objetos y cuerpos que interceptan un haz de luz, la obra logra transmitir toda la tensión de una historia fuerte, cargada de injusticia y de una vigencia que asusta.

Nos detuvimos sólo en tres pero muchas fueron las propuestas que nos permitieron pensar las artes escénicas más allá de los prejuicios y más acá de la aceptación de la diversidad.

Teatro desde el interior del interior

Para los que vivimos en Buenos Aires el festival resulta una excelente oportunidad para conocer el teatro que se produce en otras ciudades del país. En esta edición se presentaron obras de Córdoba, Mendoza y Rafaela.

Desde la provincia de Córdoba llegaron Portamundos, un espectáculo circense con participación del público que mezcla técnicas de acrobacia y clown, La fragata del Capitán Escarlata, clown dirigido a los más chicos que no pararon de reírse en la función ofrecida en el Lasserre, Kamishibai, teatro de papel caracterizado por narrar historias orales con el soporte de vistosas láminas ilustradas y Friche del Grupo Frai Noi.

Friche es una propuesta osada y novedosa que recrea las vivencias de los protagonistas en los Carnavales de Colonia Caroya, con sus particulares disfraces de ?Mamarrachos?, sus máscaras y sus carrozas que dan cuenta de la cultura campesina inmigratoria. Con reminiscencias del dialecto friulano, la obra oscila entre la algarabía y lo siniestro, entre el desparpajo y la provocación (friche quiere decir concha), entre la belleza visual y la posibilidad de pensar los orígenes y la influencia de los antepasados.

La ciudad de Rafaela estuvo representada por dos espectáculos que marcan una línea que va desde lo tradicional a lo netamente contemporáneo, del pasado a la actualidad de un teatro que lucha por permanecer y por seguir creciendo. El Grupo de Teatro Centro Ciudad de Rafaela, que en octubre cumple 80 años de vida y de servicio en pos del crecimiento cultural de la ciudad, presentó El Cuadro Filodramático de Jorge Richi, un emotivo homenaje a las viejas compañías de actores que recorrían los pueblos llevando sus trabajos con diferentes resultados. Los espectadores vemos a los personajes en escena pero en sus gestos, sus palabras y su pasión se vislumbra un dejo de realidad: ellos también son esos actores, ellos también representan esas luchas, ellos también vibran en ese fuego. En ese juego del teatro dentro del teatro se busca decir, con poesía y ternura, las vicisitudes que en el transcurso de los años les ha tocado vivir.

La Máscara Grupo Punto T, que nació hace 23 años en un impulso por acercarse más a lo experimental, se presentó con una hermosa versión de Monstruos al Teatro de Graciela Repún y Patricia Suárez, con dirección general de Marcelo Allasino (Insisto: ¿Cómo hace para estar en todos lados y trabajar siempre con la misma obsesión, intensidad y profesionalismo?). En el intento de acercar la mitología a los más chicos y generar una reflexión acerca de lo ?monstruoso?, se nos presentan cuatro historias con personajes muy conocidos, como Edipo, la Esfinge, Narciso y el Minotauro, leídos en clave humorística. Una puesta inteligente y atractiva que cuida cada detalle (el vestuario, la escenografía, las actuaciones) y que hace un uso armónico (casi poético) del soporte audiovisual para entretener (y hacer pensar) a toda la familia.
En el interior pasan cosas y la VIII edición del Festival de Teatro de Rafaela se encargó de confirmarlo.

Teatro para la reflexión

Otro punto álgido del festival es la intención deliberada de crear encuentros y cruces del pensamiento con la inclusión de diferentes espacios para la reflexión teatral: charlas abiertas, seminarios, presentaciones de libros (este año se presentó el libro La flecha y la luciérnaga del periodista Alberto Catena) y mesas de devoluciones.

Las mesas de devoluciones, que se realizan desde el miércoles al domingo de cada edición, reúnen a los artistas, los críticos y el público en general para conversar sobre los espectáculos vistos la jornada anterior, en un ambiente distendido y propicio para el cruce de ideas y hasta para la amable confrontación. Con la participación del Círculo de Críticos de las Artes Escénicas y de periodistas especializados de distintos medios del país, cada elenco puede expresar cómo fue el proceso de construcción de su obra, cuáles son las impresiones, las ideas y las emociones que se ocultan en la génesis de cada proyecto. Es un espacio enriquecedor que atrae cada vez a más gente que aparece por ahí cada mañana para escuchar a los actores, para opinar o simplemente agradecer porque tal o cual espectáculo los conmocionó; y que además permite un intercambio único entre críticos y artistas que pocas veces tienen la oportunidad de mirarse a los ojos, responderse, intercambiar más allá de (incluso a pesar de) el medio para el que trabajan.

Si tuviéramos que destacar, para finalizar, algún aspecto del festival elegiríamos hablar de la honestidad de los organizadores que no se duermen en los laureles y siguen pensando en la mejor forma de mejorar el evento. En el acto de cierre, Marcelo Allasino lo expresó del mejor modo posible: ?Más allá de los logros y de lo que hemos alcanzado hasta ahora, el festival de teatro nos propone imaginar a futuro todo lo que tenemos por hacer. Creo que estos seis días de fiesta con el teatro demuestra que en Rafaela hay algo bueno que está pasando y quiero agradecérselo a ustedes por hacerlo tan palpable y tan real?. Pensamos entonces en Lorca y, con él, en que ?un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo?. Hacia ese camino se dirigen hace ocho años los rafaelinos, hacia una Rafaela sensible, reflexiva y apasionada.

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Publicado en Leedor el 27-07-2012