BiNeural-MonoKultur

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Entrevistamos a Christina Ruf y a Ariel Dávila los directores creativos de este grupo artístico que cautivaron al público rafaelino en los días del Festival.
Entrevista a Bineural-Monokultur

El nombre BiNeural-MonoKultur remite a las dos neuronas y al entramado cultural que crearon Christina Ruf (Alemania) y Ariel Dávila (Argentina), los directores creativos de este grupo artísticos que cautiva al público rafaelino en estos días festivos.

Representando a la provincia de Córdoba, aterrizaron en el festival de Teatro de Rafaela, en la edición pasada, con Los filántropos-Audiotour Ficcional, una experiencia de intervención urbana de bajo alcance que le permitía a los participantes recorrer calles, lugares públicos y recovecos de la ciudad con la única compañía de un MP3 que les relata una historia ligada a la idiosincrasia del lugar. El espectador se ve obligado (de esas obligaciones que nos otorga profundo placer) a ser protagonista, a cambiar de rol y a actuar. Mezcla de historia, cine, teatro, literatura, la obra nos permite creer en un cuento que sin embargo no sabemos si es real.

Esa primera experiencia fue tan gratificante que fueron nuevamente convocados para participar de la VIII edición del festival. Este año se presentaron con dos propuestas igualmente interesantes que siguen el camino de la investigación sobre los límites entre ficción y realidad: Otra Frecuencia y Error-Un juego con Tra(d)ición.

La primera propuesta, en consonancia con la presentada el año pasado, se trata de una coreografía muda donde el espectador ?participante deberá interactuar con otro sin pronunciar palabras. Cada espectador (con un MP3 que lo aisla del mundo real) pasa por cuatro escenas diferentes donde cumple diversos roles (detectora de aliens, mafioso, policía investigador, mujer que espera) pero siempre con la misma sensación abrumadora de preguntarse qué le pasa al otro y porqué actúa de ese modo. Resulta una potente reflexión sobre los reparos que tenemos en los otros, sobre la desconfianza, los modos de mirar y de comunicarse. Como en el Audiotour Ficcional, el participante se siente expuesto, de frente a un público casual que camina por las calles o que entra a visitar el museo (Las funciones de Otra Frecuencia se realizan en el Museo Histórico Municipal) pero siempre cuidado y siempre divertido.

La segunda propuesta es una obra de teatro no ficcional que resulta una combinación de publicidad, telenovela, juego, ciencia, activismo ambiental y teatro. En ese cruce entre realidad y ficción, dos actores (él además es genetista y ella, activista de pueblos fumigados) juegan a una especie de ?El estanciero? y dejan su suerte (la compra o venta de tierras y las diferentes prendas a las que deberán someterse) librada al azar. Se trata claramente de una obra de denuncia: con excelentes actuaciones y una gran dosis de humor, no enteramos de las características tóxicas del glifosato, las consecuencias de la siembra transgénica, las propiedades de la soja transgénica y de los desmesurados intereses económicos que hay detrás de todo eso. Una oportunidad para pensar dónde está el error y quiénes son los verdaderos equivocados.

En medio de los felices pero agitados días del festival tuvimos la oportunidad de conversar con Ariel Dávila y Christina Ruf sobre sus producciones que tienen (por lo menos en nuestro país) mucho de novedoso y original.

¿Cómo nació el grupo?

Ariel Dávila: Nos conocimos de casualidad en Alemania. Ella se vino a venir a Córdoba. En realidad, empezamos a trabajar juntos en otro grupo en el que yo dirigía y Christina hacía más asistencia de dirección. Ahí hicimos un primer trabajo juntos que fue una experiencia performática en Alemania. El primer gran proyecto del grupo fue el Audiotour Ficcional. Empezamos entonces a interesarnos por formatos que salieran del escenario, que tuvieran otros métodos de producción y que investigaran diferentes disciplinas.

Christina Ruf: Porque en el primer grupo donde trabajábamos hacíamos piezas de escenario y a los dos nos dieron ganas de experimentar con otros formatos fuera de la sala teatral, en otros espacios.

A D: Si, e investigar los formatos mismos con procedimientos diferentes. Creemos que el teatro no se agota en un actor y un espectador como define la fórmula clásica, el teatro es mucho más complejo y por eso nos interesa investigarlo.

¿Cómo definirían ustedes su trabajo? Yo he visto tres propuestas: El audiotour, Otra frecuencia y Error y se nota una mezcla de formatos, de disciplinas, incluso de géneros?

C.R: Nosotros lo llamamos ?proyectos de cruces?. Creo que son diferentes proyectos, con diferentes formatos y soportes. Nos resulta difícil ponerle un nombre.
No se puede rotular?

A.D: Justamente no nos queremos definir por eso hablamos de ?Proyectos de cruces en artes escénicas?. A veces experimentamos solamente con lo sonoro, otra veces con lo visual.

C.R: A veces se trata de instalaciones, otras, de piezas en un escenario (como en el caso de Error). También hemos colaborado con otros directores. El año pasado estuvimos en España y armamos una obra de teatro documental con otra directora, estuvimos dirigiendo los tres. Trabajamos también con audio piezas. Es mucho como para poder dar una definición.

En sus proyectos se nota también (y esa es una característica que, creo, los identifica) un gran trabajo de investigación en las diferentes disciplinas con las que se meten. Por ejemplo, en el Audiotour hubo una ardua investigación sobre el trazado histórico de la ciudad para contar una historia casi de espionaje con mucho misterio y Error supone también mucha información sobre salud ambiental y biotecnología. ¿Cómo es teatralizar o ficcionalizar material de la realidad?

A.D: Somos los dos muy curiosos. Cuando nos interesa un tema nos metemos a fondo con eso. Nos gusta la historia, la ciencia.

C. R: Y nos gusta tomar contacto con gente que sabe más que nosotros. Por ejemplo, Laura Gallo y Hernán Rossi (los protagonistas de Error que además de actores son la una, activista ambiental y el otro genetista). Buscamos gente que nos pueda tirar datos, ayudar o informarnos. Nos gusta ese intercambio entre disciplinas artísticas o entre otras disciplinas del hombre. Nutrirnos e intercambiar.

A.D: Nos motiva creativamente investigar cosas. La investigación es eso para nosotros, un incentivo creativo.

C.R:
Todo el tiempo se nos abren puertas o lugares para entrar. Siempre encontramos el camino a la teatralidad, encontramos qué hacer desde nuestra disciplina con todo el material investigado.
¿Cómo es la reacción del público ante lo que proponen? En la función de Error la gente aplaudió durante la función, se generó algo distinto a lo que pasa en una obra tradicional.

A.D: Depende de cada proyecto. Nos interesa la posición del público como participe. Cuando concebimos un proyecto siempre pensamos en el público, no en una cuarta pared. También depende mucho del espacio. La obra Error no funciona igual dependiendo del lugar: no es lo mismo hacerla acá, en el marco de un festival con un público tan dispuesto, que hacerla en una sala independiente o en un espacio abierto, como lo hemos hecho.

C.R: Las reacciones en una sala tradicional son muy diferentes que las que se producen en otros lugares. Las primeras funciones las hicimos en un espacio abierto con un público muy diverso, era con entrada gratuita y vino al Instituto Goethe (Córdoba) mucha gente que no necesariamente eran habitúes del teatro. Se armó allí una fiesta muy bonita donde aplaudían cada escena. Depende mucho del lugar a donde uno lleva la obra.

A.D: si, es que el espectáculo se conforma con el público.

C.R: El Audiotour Ficcional y Otra Frecuencia están pensadas para que el público sea el actor, tomo otro papel, tenga otra posición dentro de la propuesta. Reflexionamos mucho sobre la función del público. En general las reacciones son buenas, tratamos de cuidar al espectador pero siempre hay gente que critica alguna cosa.
Creo que se genera un fenómeno muy particular con el espectador en estas dos obras porque uno pasa a ser el observado y puede tener un contacto con el relato desde otro lugar, podés ser parte y compenetrarte en la historia que se cuenta.

A.D: Si, nos interesa el teatro como experiencia, que el público pase por una experiencia diferente. Eso es también el teatro. Por algo la gente no se queda en su casa mirando una película, porque querés poner el cuerpo aunque sea viendo porque no es lo mismo ver un espectáculo en vivo que verlo mediatizado. Creo que por eso sobrevive el teatro y eso es algo que nos interesa investigar particularmente: cómo se puede trabajar con la experiencia del público más allá de lo que ve o escucha.

¿Cómo viven su participación en el Festival de Rafaela?

C.R: Es un clima festivalero increíble. La gente viene con muchísimas ganas de participar de todo, de ver todo. Es hermoso todo lo que se genera.

A.D: El año pasado fue la primera vez que vinimos y la reacción que provocó el Audiotour fue de fascinación total por eso lo continuamos haciendo un par de veces más cuando el festival ya había finalizado.

¿Ese proyecto lo iniciaron en Córdoba?

A.D: Sí, lo hicimos por primera vez en Córdoba y después lo llevamos a siete ciudades más. Ahora lo vamos a llevar a Brasil por segunda vez.
Y llevar la obra supone un arduo trabajo de investigación histórica y del trazado de la ciudad.

C.R: sí, vamos un mes antes para producir.
No debe ser fácil que los dejen acceder a los diferentes espacios de la ciudad.

A.D: Depende del lugar. Nos hemos metido en iglesias, En córdoba pudimos entrar a Tribunales. Siempre buscamos espacios bastante públicos pero también espacio más ocultos. Pero sí, hay lugares donde no te permiten entrar. También pasa que algunos lugares se van transformando, como por ejemplo los almacenes abandonados de Ripamonti de esta ciudad donde ahora se está construyendo un hotel. Cada lugar supone siempre un recorrido que hay que trazar.

¿Cómo reciben sus obras en otros países?

Yo te diría que de la misma manera que acá. El audiotour y Otra Frecuencia las tradujimos al portugués, grabamos con actores de allá. Error todavía no viajó al exterior y habría que ver cómo nos reciben.
Esa obra es un poco más riesgosa por el tema de los intereses políticos y económicos que puede poder en juego.
En realidad tenemos muchas ganas de llevarla a Brasil aunque todavía no se dio pero sería muy bueno porque allá también es complicado el tema de la soja, hay un código forestal que resulta muy polémico y nos encantaría difundir y mostrar nuestro trabajo.

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Publicado en Leedor el 23-07-2012