Rafaela: Festival de teatro

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Unico en su tipo, el Festival de Teatro de Rafaela empezó con todo. Primera nota de nuestra cobertura.VIII Festival de Teatro de Rafaela

Parece que Buenos Aires está que arde con las calles abarrotadas de basura y un paro de transportes de media y larga distancia que amenazaba con cumplirse pero nadie quería dar verdadero crédito. En el medio, la gente que una vez más sufre las embestidas del poder.

Parece?pero en Rafaela poco nos llega de esos embrollos. Otro fuego nos abraza, otro fuego nos hace pensar que la magia es posible, que se puede pensar en el teatro como un impulso fundamental en la vida de los pueblos y decirlo y ser creíble y ser acompañado en ese hermoso delirio por otras voces que opinan exactamente lo mismo.

No, no son sólo palabras, o sí porque para experimentar este fenómeno (que se viene dando hace ocho años tras el esfuerzo desmedido de su mentor y organizador Marcelo Allasino, hoy Secretario de Cultura de la ciudad) en sus reales dimensiones, en su candor y en su vital fortaleza tendrían que acercarse hasta acá, animarse a ese acto de arrojo que significa olvidarse de todo por unos días, menos de la palabra, la poesía y la comunión esencial, primitiva del teatro.

No tuve la oportunidad de participar de muchos festivales, sin embargo, no tengo ningún reparo en afirmar que éste es un encuentro único en su tipo, por la calidad de los espectáculos convocados, por la cálida llegada a la gente (la regionalización del festival para salir del perímetro de la ciudad comenzó el año pasado con la incorporación de la subsede Sunchales y continúa este año con el ingreso las localidades de Ramona y Suardi), por la variedad de géneros que intenta cautivar a todo tipo de público, por el buen trato a la prensa y, sobre todo, porque es un evento que se ha transformado en marca registrada de su pueblo, como las carreras de autos o la industria láctea. No es una cosa menor que una manifestación cultural pueda lograr eso, los rafaelinos reconocen que en el festival hay algo de su propia idiosincrasia, de su forma de ver el arte y de vivirlo.

La fiesta comenzó el pasado martes luego del acto inaugural con la presentación de Salomé de Chacra del genial Mauricio Kartun que volvió a hipnotizar a la gente con un espectáculo que te deja dando vueltas fuera sí para volver a uno mismo pero en versión mejorada. También se presentaron El centésimo Mono de Osqui Gusmán y Alemania de Nacho Ciatti , dos obras bien diferentes pero que dejan claro que el te puede enfrentar en su magia a tus propios laberintos oscuros de la existencia.

El miércoles 18 de julio las actividades empezaron muy temprano con la charla que brindó Mauricio Kartun en el Salón Verde del Edificio Municipal. Nunca está de más escuchar lo que Kartun tiene para decir y, a pesar de la hora y del frío, la gente se acercó gustosa a compartir ese instante donde la inteligencia, la sensibilidad y amor profundo por el teatro (?Yo creo en el arte? deslizó el dramaturgo cuando le preguntaron sobre su fe) prevalecieron por encima de cualquier mezquindad o divismo. Se hablo de la bella Salomé pero también sobre el arte en general, el oficio teatral, la tradición, las influencias, la poesía y también sobre el capitalismo, la anarquía y las prioridades y el valor del dinero. Imposible que este tipo no te deje dando vueltas como un trompo o te vuele la cabeza o te toque alguna fibra sensible. Kartun te modifica, no hay otra.

Cuando caía la tarde en el Club de Automóviles Antiguos de Rafaela pudimos ver (yo por primera vez) He nacido para verte sonreír de Santiago Loza, una propuesta demoledora con un texto brillante, dos actuaciones conmovedoras y una excelente dirección que lo definen como un espectáculo casi incalificable porque toda palabra es poca y todo elogio insuficiente. Emoción absoluta, dos funciones y más de 300 personas agradecidas.

La jornada continuó con la presentación de La gracia de Tener de Manuel Santos Iñurrieta (el bachín Teatro), El Bululú de José María Vilches en la versión de Osqui Gusmán y Leticia González de Lellis y Amar de Alejandro Catalán, tres espectáculos de una enorme calidad, trabajos serios, bien representados con un finísimo entramado entre texto, puesta en escena y cuerpo que habla.

Ni hablar del gran Osqui Gusmán que ha enaltecido este festival con tres propuestas que dan cuenta de su histrionismo, su carisma pero sobre todo su gran sensibilidad artística. Se luce, como actor, dramaturgo o las dos cosas, en los tres espectáculos.

Otro día se nos escapó de las manos pero todavía hay mucho más para seguir disfrutando. En los intersticios de este relato hay espectáculos gratuitos en los diferentes barrios, danza, presentaciones de libros, almuerzos y cenas, mucha pero mucha (tanta que conmueve) gente haciendo cola para entrar a las salas y algo en el aire, casi incalificable, algo que se parece mucho al goce pero que no pretendemos en absoluto terminar de definir. ¡Qué viva el teatro!

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Publicado en Leedor el 19-07-2012