Hacia el mar de carbón

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Auténtico y entrañable: la presentación del nuevo disco de El siempreterno, la banda de Sergio Rotman.La banda de Sergio Rotman El Siempreterno, presentó su nuevo álbum Hacia el mar de carbón (Canary Records, 2012), el pasado sábado 7 de Julio en la Sala Groove.

? El paisaje desierto del exterior
parece extraño con luz tenue
la vida está escondida alrededor
y sé que volverá más fuerte ?
Fragmento de la canción Noviembre, del grupo Décima Víctima

La oferta es amplia en productos musicales. Son los que más sobresalen y los que escuchamos y vemos en la mayoría de medios de comunicación. Música enlatada hecha, en muchos casos, desde un laboratorio, sin alma, como aquel que fabrica unos calcetines. Habrán los que creen tener la fórmula comercial que haga de la creación de un grupo un negocio. Han surgido grandes éxitos hechos por intérpretes invisibles, se han vendido melodías creadas para un target determinado, y se ha producido conciertos para solamente, vender entradas.

Pero, el 7 de Julio pasado, los muchos que se desplazaron y que llenaron hasta el techo la sala Groove, para ver y oír al grupo que capitanea Sergio Rotman, El Siempreterno, y descubrir su nuevo trabajo titulado Hacia el mar de carbón, no presenciaron las monadas de un producto musical, sino que vivieron una experiencia. Algo parecido a estar entre amigos. Y digo esto último porque precisamente, son éstos los que al conocerte te dicen las cosas cómo son, cómo fueron, como las sienten. En definitiva, te dicen, la verdad.

Un sonido potente, el de ?Bajo el sol? , de su anterior álbum, fue el saludo que como un cañonazo que traspasaba la sala, siguió a una melodía inicial que a todos nos hizo descender a las profundidades. Embarcados estábamos en un viaje hacía nuestras sombras, hacía el pasado, por aguas embravecidas y vislumbrando, como en ?Joven muerto en Juana Díaz?, fantasmas reales. Y que sirven al grupo, para denunciar y hacer oíble una realidad: los muertos son los que pueblan hoy muchas poblaciones puertorriqueñas.

Así, navegando, desde el primer minuto, la banda, supo crear un clima de tensión, visceralidad y negritud. Y es que este nuevo álbum bebe de experiencias trágicas y esta arraigado en un llanto. Pero pese a este trágico leit motiv, el sonido, suena fresco, se deja atrapar, contagia y comunica. Lo hace gracias a unas letras sinceras y a unas melodías impactantes. También porque estamos ante un equipo de gente que nos transmite sensaciones y vivencias, con unos instrumentos que hacen hablar y con unos gestos con los que alcanzan la mano al público. Sergio Rotman que se reconoce novato, pese a su experiencia, se dirige a éste, pregunta por lo que sienten y presenta a sus compañeros de aventura.

Entre ellos, su mujer Midnerely Acevedo, cómplice y voz con la que alterna bailes, guiños y abrazos que si hacía unos días la escuchábamos casi susurrarnos unos boleros en el Boris, siendo Mimi Maura, ahora encarna una faceta más vampiresca, ligada a sus raíces más punk, el batería de Cienfuegos Fernando Ricciardi, un timón percutivo de este carguero, ?El Ruso? (un bajo contundente y perfeccionista ? como vimos, no hay canción que empiece si su instrumento no suena como es debido ? ) y un gigante de la guitarra eléctrica, Ariel ?Minimal? integrante de su otra banda Pez que despertó griterío cuando se le presentó y que hizo vibrar con sus solos a un público que lo respeta.

El show, oscuro y cálido a la vez, tal y como lo anunció risueñamente su frontman, fue un ?Suicidio artístico?. Suicidio por lo de salto al vacío que toda presentación conlleva, y aunque esto pueda sugerir improvisación, todo estuvo bien planeado y conjuntado para ofrecer una variada paleta de tonos densos y críticos que hablan de soledad, desesperación, desolación y de todo aquello que hierve en plena crisis existencial. Conviertiéndose en un paisaje dantesco ?En el mar de carbón?, en un hastío resacoso ?Full Coma? o una reflexión taciturna ?Nada más triste?. Temas éstos nuevos que vienen a subrayar un desasosiego con ligeras fugas hacia la esperanza. Algo que ya se respiraba en el anterior trabajo, y que escuchábamos en recetas anímicas como ?Inyección de amor? que sonó y hizo volar a más de uno o en el terror ante la inclemencia del paso del tiempo de ?La vieja casa?.

Este nuevo salto al vacío encontró un público acomodado y receptivo, que brincó esporádicamente, aplaudió académicamente y se enmudeció y escuchó en semi trance en otras ocasiones. Llama la atención, como poco a poco las maneras de consumir este tipo de encuentros van cambiando hacía algo lúdico y no tan vivencial. Quizás la rebeldía o la concienciación que ciertas letras o sonidos podían despertar antaño, ahora calan de otra manera, desde otro lugar. Esos géneros que antes rompían lo amueblado de nuestras consciencias ahora sirven para desbravarse un poco e intuir en que momento eso que contemplo puede ser bueno, para ser colgado en un muro de alguna red social. Quizás porque cuando uno experimenta, ya no está ahí, sino en varias partes. Quizás porque el momento en que vivimos, nos lleva más a reflexionar y a sentir más cautelosamente.

La música, ya no es solo presente, sino conscientemente recuperación, arqueología sonora. Así vemos como el culto al cover forma parte de un actitud del grupo que los honra y los fundamenta en unas raíces que se hunden en los lados sombríos y salvajes de la historia musical. Así, sonaron, perlas post-punk como el ?Love will tear us apart?, o una pieza ambientalmente hipnótica del grupo de la vanguardia electrónica alemana Kraftwerk, o el ?Moonage Daydream? del invasor espacial Bowie. Y también hallazgos que engrandecen a quien los encuentra y los muestra e incluso los incluye en sus creaciones, como es el caso de ?Noviembre? que como indicó Rotman, es obra de un grupo, Décima Víctima formado por dos suecos y dos españoles, allá en la España de los 80 cuando, algunas puertas se abrieron, para dejar entrar cierto tedio de un punk lejano.

Así, llevándonos por parajes que uno no se atreve a mirar, presentando creaciones nuevas salidas de las lagrimas, enseñando sus maestros, recuperando grupos que nunca triunfaron pero que sirvieron para agrietar la realidad, es como El Siempreterno, nos hace sentir únicos, afortunados por presenciar algo que quizás no sea canónicamente bello, pero si entrañablemente auténtico.

Fotografía de Juan Manuel Sosa
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Publicado en Leedor el 18-07-2012