Aquello que amamos

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Nuevo ciclo en el MALBA programado por Angel Faretta.
Según Max Scheler, amor y conocimiento van juntos. Más aún, el conocimiento es un acto amoroso, tanto como el propio amor implica conocer a aquello que se ama.

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?El amor al arte? no es, como lo ha desfigurado una vulgata tardo romántica, un estado de descuido, facilidad, y un sinónimo de estar en las nubes. Tampoco es simple desprendimiento material. Por el contrario, es hallar en lo material aquello que lo hace algo más. Es un trashumanar, como lo llamó Dante.

Pero para ese ?tras? debe existir un hecho operativo. Una materia base, una causa material que sostenga esa operación de metamorfosis. El cultivo, la alimentación, la propia historia como despliegue son algunos de sus soportes o puntos de partida. El arte es uno de los más sutiles y peliagudos porque no lo hemos tomado de la naturaleza como fruto en sazón, sino que se lo hemos sumado a ella. A veces esta suma es armónica y muchas otras veces, en cambio, es polémica y dramática. ¿Se fundirá en aquella o será rechazada como órgano artificial fallidamente transplantado?

Este carácter dramático, a veces de franca disputa, se vuelve más extremo con el surgimiento del mundo industrial, es sabido. Lo que no se ha meditado o comprendido tanto es que muchas prácticas estéticas anteriores al quedar al margen del mundo industrial ?salvo en sus efectos de circulación económica? se refugiaron en limbos particulares. Por el contrario, el cine pudo establecer y así desplegar su hacer dentro de las mismas condiciones de posibilidad de la sociedad industrial. No compartiendo sus fines pero sí comprometiéndose con sus medios.

Al aceptar una vez más una gentil invitación de Fernando Martín Peña, en esta oportunidad hemos programado diversos films de diferente origen, pero en todo caso haciendo hincapié en obras únicas, paradójicas, a veces excepciones en las filmografías de sus hacedores, para que este amor sumado al conocimiento pueda llegar también a abarcar y a comprender aquello también insólito y singular.
(Ángel Faretta)

Programación completa

Aquello que amamos (Argentina, 1959) de Leopoldo Torres Ríos, c/Lautaro Murúa, Aída Luz, Ana Casares, Luis María Galó, Carlos Gómez, Rodolfo Leidet, Pablo Moret, Oscar Orlegui. 71?.
Sin duda una cima escondida del cine ya posclásico argentino. Es la resolución ad intra del propio Torre Ríos de lo hecho a las apuradas en su juventud con la sobrevalorada La vuelta al nido, con sus planos cenitales de la coronilla de José Gola y sus anticipos del video clip hogareño. En Aquello que amamos los primores de lo vulgar, y la épica doméstica se vuelven efectivamente operativos y por ello ciertos. Pocas veces como aquí, un affaire extramatrimonial (un hábito masculino del siglo pasado) fue dramatizado no sólo con la finura sino con la serena hombría de este film.

Camino del infierno (Argentina-1946) de Luis Saslavsky y Daniel Tinayre, c/Mecha Ortiz, Pedro López Lagar, Amelia Bence, Elsa O´Connor, Alberto Bello. 96?.
Film a cuatro manos, ya un clásico del cine argentino, donde los mundos particulares de ambos directores no parecen interferir sino aunarse en uno tercero y sintético. La forma y modo melodramático, central en el despliegue del cine, se muestra aquí en su troquel ya plenamente argentino. Un clima sobrecargado, con algo de fantasmal que llega a bordear lo fantástico pero no cruza el borde, aunque intuye el otro lado de la frontera anímica. Cuando la cruce, con Christensen y Los verdes paraísos o Los pulpos, sabrá llevar el adecuado salvoconducto.

El crimen de Oribe (Argentina-1950) de Leopoldo Torres Ríos y Leopoldo Torre Nilsson, c/Roberto Escalada, Carlos Thompson, María Concepción César, Raúl de Lange. 87?.
A Bioy se lo ha llevado al cine de mal a peor. Aciago destino para uno de los más grandes escritores del siglo pasado que, encima, fue alguien que entendía la diferencia entre literatura y el cine, como lo prueba tan solo el guión que escribió para la película Invasión. Lamentablemente, esto no se vio simetrizado por las horrendas adaptaciones de sus novelas y cuentos, cuando no fue saqueado el plot de La invención de Morel para ser momificado en Hace un año en Marienbad. Aquí, tempranamente a su acmé, dos directores argentinos logran la todavía mejor adaptación de Bioy al cine.

No abras nunca esa puerta (Argentina-1952) de Carlos Hugo Christensen, c/Ángel Magaña, Renée Dumas, Nicolás Fregues, Roberto Escalada, Ilde Pirovano. 85?
A Christensen se lo ha intentado petrificar en los marbetes de formalistas -como si todo director buscara una forma- y caligrafista, en el peor estilo de la peor crítica italiana. De la segunda generación de clásicos argentinos, es quien inoculó cierta negrura a nuestra proyección fílmica, cierto limo originario que anteriormente no se había tenido en cuenta debido al carácter formativo de la generación anterior de Romero y Mugica. Aquí, basado en relatos de William Irish, su autor pone en escena dos mundus -urbano y rural- tan buscada, retorcidamente artificiales que algo nos está diciendo más allá del decorado y del plot.

Safo – Historia de una pasión (Argentina-1943) de Carlos Hugo Christensen, c/Mecha Ortiz, Roberto Escalada, Mirtha Legrand, Miguel Gómez Bao, Nicolás Fregues. 98?.
Historia de una pasión… argentina, sin duda. Ateniéndose a una nouvelle francesa de Daudet entre realista y decadente, sumada su puesta al melodrama sin cortapisas
-puesto que el mejor es el ?melo?, no ya que osa, sino que se atreve a gritar su nombre- con esto Christensen logra una de las grandes gemas de nuestro cine clásico. Clásico porque se propone como clase en sentido de modelo y afirma conscientemente una condición propia. El ?Aquí me pongo a cantar? puede ser extendido sin más al ?Aquí me pongo a filmar?.

La última ola (The Last Wave, Australia-1977) de Peter Weir, c/Richard Chamberlain, Olivia Hammett, David Gulpilil, Frederick Parslow, Vivean Gray. 106?.
El tiempo no ha empequeñecido ni un ápice la fascinación de este film. Ha participado a su manera de la ola de autoconciencia del cine que, si bien nació en el final del Hollywood clásico, tuvo sus asentamientos en casi todos los lugares del planeta. Aquí en su tercer film y en su Australia natal, Peter Weir organiza un rito de iniciación que, a diferencia de tanto film de terror y clase B anterior, lo dice casi didácticamente. Digamos que es cuando Mircea Eliade toma el lugar de Poe o de Gaston Leroux.

The Pyx (Canadá-1973), de Harvey Hart, c/Karen Black, Christopher Plummer, 103?.
?Pyx? en inglés es ?píxide?, el nombre en latín para el cáliz de la misa católica. Por cierto esta obra maestra desconocida es, junto con La séptima victima, el mejor film sobre satanismo jamás realizado. El exorcista -aclaro- no es sobre satanismo sino sobre el propio Satán, que es muy diferente. Hart, un canadiense de errática carrera tanto en su país como en los Estados Unidos, consigue aquí esta cima del fantástico católico. Desde luego que en una diégesis así sus héroes son los únicos posibles: los pecadores, los caídos, y no los fariseos domingueros oficiales. La imaginación católica al mango.

La condesa descalza (The Barefoot Contessa, EUA-1954) de Joseph L. Mankiewicz, c/Humphrey Bogart, Ava Gardner, Edmond O’Brien, Marius Goring, Rossano Brazzi, Valentina Cortese. 128?.
Tras escrutar a Broadway con La malvada, parecería que aquí Mankiewicz lo hizo con Hollywood. Solo lateralmente. Lo que prevalece en este film es lo que representaba entonces lo norteamericano para cierta Europa, sus cruces e intercambios posibles e imposibles. ¿Una ayuda para ubicarse? La condesa descalza es la doble situación de Europa tras la guerra. Aristocracia y harapos. Y cierta América, solo con algunos films para sostenerla y sostenerse. Pareciera recordar lo dicho por Drieu La Rochelle antes de suicidarse ?Nos quedan unos pocos films norteamericanos y después la nada?. ¿Será así?

Tierra y esperanza (Bend of the River, EUA-1952) de Anthony Mann, c/James Stewart, Arthur Kennedy, Julia Adams, Rock Hudson. 91?.
La serie de westerns dirigidos en los años cincuenta por Anthony Mann forma, junto al septeto de Budd Boetticher, las auténticas coronaciones del género épico del cine por excelencia. ¿Luego? Salvo algún supérstite atendible, solo la nada en cámara lenta. Anthony Mann lo ha hecho privilegiadamente con James Stewart de protagonista, aunque ocasionalmente también con otros actores (v. g. Gary Cooper en Hombre del oeste). Tierra y esperanza, Winchester 73 y El precio de un hombre forman, a nuestro gusto, el tridente estuardiano.

El francotirador (Deer Hunter, EUA-1978) de Michael Cimino, c/Robert De Niro, John Cazale, John Savage, Christopher Walken, Meryl Streep. 182?.
Film aerolito si los hay. Antes y después su director se disolvió en el limbo de las nulidades. El por qué supera a quien esto escribe y debería consultarse a un chamán. Estúpidamente segregado cuando su estreno y mal entendido -en especial por nosotros ¡ay!- tal vez debido a los rescoldos de la entonces reciente guerra de Vietnam. El film es sobre todo -y como hemos dicho después- el más grande melodrama homosexual jamás rodado. Pero protagonizado por personajes y caracteres que no sabrían siquiera como deletrear ?homosexualidad?. Pero sí cantar ?No puedo quitar mis ojos de ti?.

El planeta prohibido (Forbidden Planet, EUA-1956) de Fred McLeod Wilcox, c/Walter Pidgeon, Anne Francis, Leslie Nielsen, Warren Stevens, Jack Kelly, Richard Anderson, Earl Holliman. 98?.
Es sabido: el film de Wilcox cruza la diegésis y la panoplia de la sci-fi de los cincuenta paranoicos con buena parte de la trama de La tempestad, de Bill Shakespeare, su canto de cisne rumbo a Avon y su obra à clef más esotérica. Estas cosas solo podían ocurrírsele a dos tipos de personas: los locos y los habitantes de Hollywood. Pero teniendo presente el aforismo de Salvador Dalí que dice que ?la única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco?.
Concierto macabro (Hangover Square, EUA-1945) de John Brahm, c/Laird Cregar, Linda Darnell, George Sanders, Glenn Langan, Faye Marlowe, Alan Napier. 77?. Doblada al castellano.
Brahm, un austrohúngaro -otro más- tal vez algo sobrecargado de expresionismo en las alforjas europeas y que no descargó del todo su lobreguez en las soleadas costas de California, donde nunca llueve salvo en el thriller. Aun así, con ese bagaje, logró una serie prieta de obras maestras de la Clase B. El medallón con su record de flash backs, La moneda trágica, sobre Raymond Chandler y su High Window, y esta Hangover Square que suma el desuet con el delirio romántico.

El infierno es para los héroes (Hell is for Heroes, EUA-1962) de Don Siegel, c/Steve McQueen, Bobby Darin, Fess Parker, Harry Guardino, James Coburn. 90?.
Un Siegel pre-Eastwood cuya asociación ahora puede juzgarse objetivamente como nefasta para el director y más que positiva para el actor camino a la dirección. Clase B de guerra, de esas que a su vez fundan o acuñan otro subgénero como el de ?patrulla en misión?, tiene a Steve McQueen en uno de sus primeros -en todo sentido- roles principales. Aquí se trata del héroe maldito, o el héroe a pesar suyo. Personaje entre odioso y admirable, pero de una admiración muy difícil de calibrar.

Hotel Imperial (EUA-1926) de Mauritz Stiller, c/Pola Negri, James Hall, George Siegmann, Max Davidson. 80? aprox. Se exhibirá con acompañamiento musical en vivo compuesto e interpretado por Fernando Kabusacki y Matías Mango.
Stiller, que tuviera el cargoso lauro de haber, más que descubierto, inventado a Greta Garbo, es uno de los más tempranos directores de cine contemporáneos a Griffith que merece una extensa revaloración. Erotikon (1919) es su primera pieza de resistencia de ese subgénero que podría llamarse ?épica de alcobas?. Forma luego parte del cine alemán y más luego ad maioren Pola Negri gloriam, este film en Hollywood, basado en un episodio de la Primera Guerra visto desde el punto de vista austrohúngaro.

La noche del cazador (Night of the Hunter, EUA-1955) de Charles Laughton, c/Robert Mitchum, Shelley Winters, Lillian Gish, James Gleason, Evelyn Varden, Peter Graves. 93?.
Film único, con el que uno se lamenta que Charles Laughton nos escatimara otros esfuerzos como director ahorrándonos de paso unos cuantos como actor, dado como era a ese exceso inútil que los franceses llaman cabotinage y nosotros llamamos camelo. Este film es una fábula iniciática que deriva con notable facilidad -la facilidad es todo aquello bien hecho luego de que lo entendemos- hacia lo onírico. Se trata de una fantasía muy particular que recuerda los grabados de Arthur Rackhman y los relatos de Beatrix Potter, lo que podría calificarse aquí de nursery thriller con algo de gótico sureño.

Marea nocturna
(Night Tide, EUA-1963) de Curtis Harrington, c/Dennis Hopper, Linda Lawson, Gavin Muir, Luana Anders. 84?. Doblada al castellano.
Film nacido de culto, que es un modo de decir ?me gustó pero no tengo la menor idea de por qué es así?. Tal vez nacido a trasmano cuando el eros homosexual comenzaba a osar decir su nombre, pero todavía empleaba para ilustrarlo elementos tomados al romanticismo desplazado hacia zonas ambiguas. ¿Qué es lo fantástico a veces sino la forma de decir lo que no se puede decir? Harrington, quien comenzó su carrera orquestando neblinosos films en 16mm., a la moda de sótanos neoyorquinos, emergió hacia el upperground con este film y con los siguientes ya volcado directamente al terror y a la clase B sumergida en el camp.

Al cruzar la calle (One-Way Street, EUA-1950) de Hugo Fregonese, c/James Mason, Marta Toren, Dan Duryea, William Corad, Jack Elam. 79?.
Hay una foto de Fregonese del brazo de Mona Maris, ambos espléndidos, elegantes, y con ese gesto argentino o porteño muy altivo que se nos suele criticar. Están en Hollywood y parecen llevarse todo por delante. Me corrijo: expresan ?aquí también estamos en casa?. No miran por la puerta trasera. El mentón en ristre, los ojos confiados en el futuro que está apenas más allá o acá de esta foto. Lamentablemente, uno no dirigió a la otra. Pero como director, tanto este One-Way Street junto con Mis seis presidiarios muestran que el paso de Fregonese por Hollywood no fue el de ningún turista accidental.

El retrato de Jennie (Portrait of Jennie, EUA-1948) de William Dieterle, c/Jennifer Jones, Joseph Cotten, Ethel Barrymore, Lillian Gish, Cecil Kellaway. 83?.
Este film es el más conocido de la serie de sublimes melodramas que William Dieterle realizara entre 1944-50. Lo es por su enjundia, porque Selznick puso todo y más a mayor gloria de su musa Jennifer Jones, que por cierto está maravillosa en pareja con Joseph Cotten, con el que volvería a reunirlos Dieterle en la todavía mucho mejor Cartas a mi amada. Una fotografía granulada de Joseph H. August que reproduce casi físicamente el lienzo de un pintor puntillista. Un score con temas de Debussy en variaciones de Dimitri Tiomkin. Ethel Barrymore y Lilian Gish. Un final que originalmente viraba al color y un melodrama que también in fine vira al fantástico sin pedir permiso.

Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, EUA-1973) de Richard Fleischer, c/Charlton Heston, Leigh-Taylor Young, Edward G. Robinson, Chuck Connors, Joseph Cotten. 97?.
Richard Fleischer es un caso típico de etología estética. Para decirlo con Martín Fierro: ?Vaca que cambia querencia / se atrasa en la parición?. Nacido en el ecosistema de la clase B, sus fugas de ese troquel lo hicieron derrapar porque el big plot no era para su prieto recorrido. Una excepción: este film, una superproducción a la que se trató como de clase B. Todo un logro heurístico. Cuando el destino? es doblemente didáctico. Puesto que el paté verdoso que aparece aquí es, según escribiera mi amigo y maestro Jorge H. Andrés, la pasta base de los canapés de algunos cocktails a los que suelen invitarnos.

El mundo en peligro
(Them!, EUA-1954) de Gordon Douglas, c/James Whitmore, Edmund Gwenn, John Weldon, James Arness. 94?
Es indudable que en la década del 50 del siglo pasado Hollywood acuñó un claro subtipo del cine de terror y fantástico: la acechanza paranoica. Simultánea a las primeras exploraciones espaciales se dio también la llamada Guerra Fría. Esta paradójica conjunción de extensión hacia lo abierto y desconocido y de concentración en lo estrecho y muy particular, dio lugar a ese aire de familia de época que films como éste reflejan a la perfección. Claro está que, tratándose de lo fantástico, el reflejo se hace sobre un espejo deformante.

El tren de las 3.10 a Yuma (3.10 To Yuma, EUA-1957) de Delmer Daves, c/Van Heflin, Glenn Ford, Felicia Farr, Leora Dana, Henry Jones, Richard Jaeckel. 92?.
Es indudable que hay films que nacen con buena estrella. Se trata de una estrella particular, solo a ellos designada. Ya que estamos, puede hablarse también de una conjunción astral. Un momento, una situación dada, un aire de familia que, como polen histórico, sutilmente se esparce por el aire y da lugar a obras como ésta. Que en principio Glenn Ford sea lo opuesto a Van Heflin pero que ?algo? nos haga imaginar que finalmente serán complementarios, que lloverá finalmente sobre los campos secos y que Frankie Laine celebrará todo esto con su voz.

El oro de Ulises (Ulee?s Gold, EUA-1997) de Víctor Nunez, c/Peter Fonda, Patricia Richardson. 113?.
La traslación de diversos mitologemas clásicos al cine se dio desde sus comienzos, recordando que mitologema es la variante productiva de un mito surgido en la noche de los tiempos. Ahora bien, proponerse trasladar al cine nada menos que una de las máximas condensaciones de mitologemas, como es la Odisea de Homero, parece una tarea realmente temeraria. Tarea de la que su director salió airoso. Un detalle: durante la escritura del guión contó con el apoyo, cartas mediante, de parte del departamento de filología clásica de la Universidad de La Plata.

Mientras duerme Nueva York (While the City Sleeps, EUA-1956) de Fritz Lang, c/Dana Andrews, Rhonda Fleming, Sally Forrest, Thomas Mitchell, Vincent Price, Howard Duff, John Barrymore, Jr., Ida Lupino, George Sanders. 100?.
Junto con el dueto formado por Mala mujer ? La mujer del cuadro, El espectro del río y Tempestad de pasiones, constituyen el Himalaya expresivo del período norteamericano de Fritz Lang. Si el cine, y sobre todo el clásico de Hollywood, se supo y se quiso siempre como un sistema de conocimiento, tuvo dos blancos polémicos favoritos: el periodismo y la psicología. Aquí también se revisan ambos blancos mediante un caso similar al de M -su film alemán más conocido- pero se pone al margen toda la chatarra de planos oblicuos y de ruidos dodecafónicos.

Morir matando
(Le doulos, Francia-1962) de Jean-Pierre Melville, c/Jean-Paul Belmondo, Jean Desailly, René Lefévre, Marcel Cuvelier, Philippe March, Fabienne Dali. 108?.
Melville fue un realizador en el que toda su teoría fue la misma praxis, cosa que lo diferenció problemáticamente de todos o de casi todos sus contemporáneos parisinos. Ellos escribieron, lanzaron candidatos preferenciales, conspiraron en revistas y en la cinemateca, pero luego rodaron un cine que escasamente se parecía a aquel que decían adorar o casi. Melville hizo todo lo contrario. En cado uno de sus solitarios films de fines del cuarenta y a lo largo de los cincuenta y sesenta se propuso la refactura francesa de un modo amado en el Hollywood de sus sueños.

Crimen en las granjas quemadas (Les granges brûlées, Francia-1973) de Jean Chapot, c/Alain Delon, Simone Signoret, Paul Crauchet, Bernard Le Coq, Christian Barbier, Miou-Miou. 95?.
Su director osciló entre el cortometraje y la puesta teatral, todo de una manera ya señeramente parisina. Tal ubicuidad no fue óbice para que rodara este film notable y curiosamente modesto, deliberadamente lento y hasta provinciano con dos figuras de primo cartello como Delon y Signoret. Filmado en una zona de Francia poco visitada fílmicamente, es también un homenaje secreto a las ficciones de Georges Simenon. Esos sobreentendidos entre policías y sospechosos, esas solidaridades tácitas, se dan
cita aquí en una obra que, si fuera gastronomía, sería un ragut de cocción muy lenta y salsa espesa.

El placer (Le Plaisir, Francia-1952) de Max Ophüls, c/Claude Dauphin, Gaby Morlay, Madeleine Renaud, Ginette Leclerc, Mila Parely, Danielle Darrieux, Jean Gabin, Jean Servais, Simone Simon, Daniel Gelin. 97?.
A su autor, Max Ophüls, le han interesado siempre no los personajes marginales, sino puestos al margen. Una muy sutil diferencia cuya elucidación, desde luego, excedería los límites de esta nota. Sean los amantes trágicos de Mayerling con su doble corona hasbúrgica hasta la mantenida de lujo Lola Montes, sea la anónima muchacha vienesa dos veces seducida por el mismo hombre o estas ?hijas de la alegría? ya profesionales habitantes de los burdeles parisinos impresionistas. Con Ophüls, como con Visconti, o Cukor, o con el propio Mankiewicz, el concepto de decadente vuelve a ocupar su legítimo sitial.

La marca de la pantera (Cat People, EUA-1942) de Jacques Tourneur, c/Simone Simon, Kent Smith, Tom Conway, Jack Holt, Jane Randolph. 73?.
Para nosotros -y a esta altura- uno de los diez mejores films jamás realizados. Es la cima de la clase B, ese modo de producción que poco después se convirtiera o mutara en un modo de representación. Este modo B, dio lugar entonces a una mayor compresión horaria sumada a una mayor extensión mitopoética. Si el cine A venía ya trabajando y elaborando materiales mitopoéticos tradicionales embutiéndolos en ?géneros?, el cine B nació precisamente de la necesidad de un todavía más refinado modo de diseminación de tales elementos. Cat People es la quintaesencia y la figura ejemplar de ese operar estético.

Raptus (L?orribile segreto del Dr. Hichcock, Italia-1962) de Riccardo Freda, c/Robert Flemyng, Barbara Steele, Teresa Fitzgerald, Maria Teresa Vianello. 88?.
El cine italiano de los años sesenta era un lugar peliagudo. Si uno no se resignaba a filmar con fotografía grisácea a docenas de extras con ropas viejas disfrazados de pobres en busca de un socialismo instantáneo, uno se veía en figurillas. Los del otro costado, digamos, inventaron el peplum con sus maravillas y dislates de mitología fantástica. Otros como Mario Bava trasvasaron el gótico germánico a las más calmas aguas mediterráneas. Finalmente Riccardo Freda o Umberto Lenzi organizaron una vía intermedia. Un thriller rebautizado ?giallo?, por ?amarillo?, el color de la colección Mondadori.

GRILLA DE PROGRAMACIÓN
Jueves 5
18:00 Aquello que amamos, de Leopoldo Torres Ríos
22:00 No abras nunca esa puerta, de Carlos Hugo Christensen
Viernes 6
18:00 El crimen de Oribe, de Leopoldo Torre Nilson
20:00 Pompeya, de Tamae Garateguy
22:00 La condesa descalza, de Joseph L. Mankiewicz
Sábado 7
18:00 Anima Buenos Aires, de María Verónica Ramírez
20:00 Pompeya, de Tamae Garateguy
22:00 La última ola, de Peter Weir
00:00 Marea nocturna, de Curtis Harrington Domingo 8
18:00 Tierra adentro, de Ulises de la Orden
20:00 Tierra y esperanza, de Anthony Mann
22:00 Al cruzar la calle, de Hugo Fregonese Jueves 12
18:00 Concierto macabro, de John Brahm
20:00 El oro de Ulises, de Victor Nuñez
22:00 El infierno es para los héroes, de Don Siegel
Viernes 13
18:00 El placer, de Max Ophüls
20:00 Pompeya, de Tamae Garateguy
22:00 Metrópolis, de Fritz Lang + MV **
Sábado 14
18:00 Anima Buenos Aires, de María Verónica Ramírez
20:00 Pompeya, de Tamae Garateguy
22:00 Mientras duerme New York, de Fritz Lang
00:00 El mundo en peligro, de Gordon Douglas Domingo 15
18:00 Tierra adentro, de Ulises de la Orden +MV **
20:00 El tren de las 3:10 a Yuma, de Delmer Daves
22:00 La noche del cazador, de Charles Laughton Jueves 19
18:00 Las granjas quemadas, de Jean Chapot
20:00 El retrato de Jennie, de William Dieterle
22:00 Hotel Imperial, de Mauritz Stiller + MV
Viernes 20
20:00 Safo, de Carlos Hugo Christensen
22:00 Metrópolis de Fritz Lang + MV **
Sábado 21
18:00 Anima Buenos Aires, de María Verónica Ramírez
20:00 Pompeya, de Tamae Garateguy
22:00 El francotirador, de Michael Cimino
Domingo 22
18:00 Tierra adentro, de Ulises de la Orden +MV **
20:00 El planeta prohibido, de Fred McLeod Wilcox
22:00 Soylent Green, de Richard Fleischer
Viernes 27
18:00 Camino del infierno, de Luis Saslavsky y Daniel Tinayre
20:00 Pompeya, de Tamae Garateguy
22:00 Metrópolis de Fritz Lang + MV **
Sábado 28
18:00 Anima Buenos Aires, de María Verónica Ramírez
20:00 Pompeya, de Tamae Garateguy
22:00 Morir matando, de Jean-Pierre Melville
00:00 Raptus, de Riccardo Freda
Domingo 29
18:00 Tierra adentro, de Ulises de la Orden + MV **
20:00 La marca de la pantera, de Jacques Tourneur
22:00 The Pyx, de Harvey Hart

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Publicado en Leedor el 2-07-2012

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