Private

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Kenny Lemes y Paula Slatapolsky, cada uno a su manera y con su estilo, retratan y se retratan. Private es más que una muestra fotográfica queer, es sobre todo una poética visual de la bella condición humana.Mundos Privados

Private.
Espacio de Arte Wallrod. Carlos Calvo 3619.
Martes a viernes de 13 a 18 h, y sábados de 15 a 21. Hasta el 30 de junio.
http://wallrod.com/private.html

??un fotógrafo siempre se fotografía a sí mismo cuando fotografía al otro?? François Soulages

La poesía de la Fotografía consiste en seleccionar un fragmento del mundo y recortarlo, rescatarlo del paso del tiempo y del olvido. Perdurar el pasado para que no se escape, retenerlo en el presente para llevarlo al futuro. Y en ese seleccionar instantes de un universo tan vasto como en el que vivimos, es que surge una suerte de afanosidad por algo, por alguien; un despunte del carácter obsesivo del artista fotográfico por aprehender aquello que se niega a dejar ir.

Private se inauguró el pasado dos de junio en el Espacio de Arte Wallrod. Allí lo privado se volvió público, y dos mundos particulares y muy íntimos abrieron sus puertas para que todo el que guste, pase y vea. Los anfitriones encargados de girar el picaporte y permitir la entrada a esos mundos privados, fueron los noveles fotógrafos Kenny Lemes y Paula Slatapolsky.

Lemes presenta una serie profundamente íntima que por momentos nos da pudor mirar tan de cerca; es que el autor no solo retrató el amor compartido con su pareja, sino que consigue plasmar un ambiente de ternura y sensualidad, como si de las imágenes emanase una atmósfera impregnada del dulzón aroma de la piel y el deseo. Planos cortos, iluminación suave, cálidos colores y el retazo ?y retozo- de los cuerpos, son los elementos necesarios para que por momentos nos apreciemos voyeristas de vidas ajenas. En otras fotos, se vuelven protagonistas la metáfora y los dulces sueños. Piedritas, caracoles, agua, flores, humo y hasta el más dorado de los trigales nos sumergen en un mundo onírico, donde las luces parecieran condicionar la realidad y remitirnos a la noble infancia. Lemes, de tierra cubana, no deja de extrañar, de anhelar la tierra lejana, a su gente, a su niñez; y mediante lenguaje fotográfico las acerca a su realidad rioplatense, y al menos por un rato aleja la melancolía que deviene de la añoranza.

Patrick Vauday manifiesta que ?la fotografía (?) vendría a ser antes que un documento un monumento conmemorativo de la vida de cada uno??, y el trabajo poético de Kenny Lemes es prueba fehaciente de ello, en construir, en compartir con las demás almas, lo que a la suya propia enamora.

Siguiendo los pasos de Vauday en su ensayo La invención de lo visible, declara que ?Más allá de lo insólito y de lo accidental, la fotografía capta y registra relaciones inéditas e inadvertidas que modifican e instruyen nuestra mirada; tiene a ese título un irreemplazable valor documental que permite el reconocimiento y la cartografía de una realidad desconocida o insospechada.? Y si de relaciones inéditas e inadvertidas, y realidades insospechadas hay que hablar, el trabajo expuesto por Paula Slatapolsky es en ese sentido inmejorable.

La fotógrafa -por una pizca de azar, desmontando la casa de su tío abuelo Rodolfo- abrió un cajón, un placard, y frente a sus ojos comenzaron a desfilar años de pasión oculta, bien guardada en el último rincón del hogar. Y al hallazgo de las boas fucsias, continuó la de los aros con piedras brillosas, los finos guantes, los zapatos de taco. En cada uno de estos atavíos, se encontraba un poquito de la felicidad de Rodolfo, que para sus años mozos no había Ley de Matrimonio Igualitario, ni Ley de Género, en su lugar solo habían códigos contravenciónales, tugurios carceleros y cachiporras contra el cuerpo para quienes gustasen de aquello que estaba por fuera de la Ética y Moral cristiana.

Slatapolsky tiene la delicadeza de hacer suyo un mundo descubierto, mezcla de tonos sepia y cálidos, imágenes que saltan de planos medios a planos detalle, bajo contraste, nos invita a conocer la casa de un adulto mayor que ya no la habita, los objetos que la hacen tan común a la de cualquier abuelo. La autora sabe experimentar con la técnica fotográfica y así construye una imagen a partir de filminas superpuestas, de foto sobre foto, construyendo un clima que oscila entre la tristeza del que extraña y la alegría de homenajear a quien se fue. Diez impresiones sobre lienzo trasmiten un mayor contacto con la piel que habitó Rodolfo, con esa misma piel que nos limita del resto.

En Private la experiencia del fotógrafo y lo fotografiado se pliegan sobre sí mismo, lo segundo nace de la necesidad del primero, y la historia del autor es el material sensible del que surge la obra. Una manera fiel de revelar tantos días; porque fotografiar al otro, es fotografiarse a sí mismo.

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Publicado en Leedor el 7-06-2012