Fantasy, de Evangelina Aybar

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Una instalacion de blondas intervenidas de la que fuimos testigos privilegiados una noche de sábado.
Sueños que penden de alfileres

Evangelina ?Tita? Aybar es, entre tantas otras cosas, joven, cálida, entusiasta y artista plástica. Y el sábado 9 de junio pasado, además, no dejaba de sonreír. Iba de un lado para el otro saludando, sacando fotos, charlando con todos. Es que esa noche especial Ana Gallardo, su amiga y colega, abrió las puertas de su casa del barrio de Saavedra para exhibir Fantasy, instalación que reunía 50 retratos, un cartel luminoso y una idea potente.

Tita vive en Buenos Aires hace dos años. Nació en Cafayate, Salta y estudió la Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Nacional de Tucumán. Sin embargo, Fantasy no habla de esta ciudad porteña ni del lugar donde se formó profesionalmente. Fantasy trae rostros de su Salta natal, rostros muy jóvenes, de apenas 15 o 16 años, sonrientes y plenos. Son retratos de chicas en su esplendor, reinas de belleza (o aspirantes a serlo). Reinas que, poco tiempo después, vivirán una realidad completamente distinta. Serán madres y lucharán por una vida, que distará mucho de aquellas ilusiones.

Ese brillo de un momento, ese esplendor fugaz, es lo que Tita muestra en esta instalación. Los retratos, en lápiz carbón y sepia, están realizados sobre blondas (los papeles con puntillas caladas sobre los que se colocan las tortas para ocasiones especiales). Papeles adornados, de un blanco inmaculado, hechos para usar solo una vez. Frágiles, como el dispositivo que elige Tita para exponerlos, sin un orden aparente, sobre la pared. Esas blondas y esos rostros penden literalmente de alfileres. Se caen con el paso de la gente. Se mueven peligrosamente con cualquier mínima brisa.

Los rostros siguen sonriendo, las coronas de las reinas sólo perfiladas, vacías. Sobre otra pared vemos un cartel de telgopor con luces led que conforman la palabra Fantasy, adornado con flores de papel celeste y rosa, todo frágil, todo para un momento.

Son las mismas flores que en su infancia y adolescencia Tita preparaba para las carrozas de las reinas, muchas veces sus amigas.
Pero la fragilidad no lo es todo, la contracara es la calidez. Tita nos cuenta que ese ámbito, la casa de una amiga generosa, repleto de gente a quien conoce, es el espacio ideal para mostrar a sus reinas, para cuidarlas. La celebración y el calor rodean esos rostros jóvenes en el esplendor de su belleza, festejando lo efímero. Viendo esas sonrisas retratadas, uno tiene la sensación de haberse asomado a un mundo íntimo donde la esperanza de una vida mejor es posible, aunque no siempre probable. Tenemos la impresión de haber sido testigos privilegiados de un momento que será recordado eternamente: los ojos brillantes, las manos saludando con ese gesto trillado, glamoroso y momentáneo. La fantasía dura poco, el recuerdo, para siempre.

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Publicado en Leedor 10-06-2012