Craig Owens y Mary Kelly

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A propósito de ?El discurso de los otros: las feministas y el posmodernismo? y la crítica posmodernista al modelo de representación. Punto de partida para orientar lecturas.
El artículo de Craig Owens, que aquí traemos a consideración, está cumpliendo 27 años. En realidad, cumple más de un cuarto de siglo un libro que compila todo un conjunto de artículos que continúan siendo fundamentales para comprender la actual reflexión teórica del posmodernismo, prologados entonces por Hal Foster y editados bajo el título de The anti-aesthetic: essays on postmodern culture.

Algunos de estos artículos gozan de cierta fama por la trascendencia histórica dentro de su área. Muy significativos en este aspecto quizás sean: La modernidad, un proyecto incompleto (Jurgen Habermas, dado en formato de charla en alemán en 1980 y publicado originalmente en inglés en 1981), La escultura en el campo expandido (Rosalind Kraus, publicado originalmente en October en 1979) y este de Owens sobre el que reflexionaremos. No queremos decir que Frampton, Crimp, Ulmer, Jameson, Baudrillard y Said, que completan esta compilación de ensayos no sean pesos pesados en cuanto a la reflexión que proponen. Sólo que, en la instancia de nuestras clases -y en los debates que allí se generan, nos brindan disparadores para pensar el arte contemporáneo.

Hoy focalizaremos el trabajo de Owens, que comienza con una cita de Jean-Francois Lyotard tomada de La condición posmoderna, que viene a decirnos, textuales palabras: ?el conocimiento posmoderno no es un simple instrumento de poder. Refina nuestra sensibilidad a las diferencias e incrementa nuestra tolerancia de la inconmensurabilidad?.

No es extraña la cita a esta especie de piedra basal. Todo el trabajo reivindica al posmodernismo por tres cruces: el de la crisis de autoridad de Europa occidental en tanto redescubrimiento de la pluralidad cultural, y el de las críticas del modelo de representación, que realiza el posmodernismo, y el del modelo del patriarcado, que realiza el feminismo.

El cruce no es audaz. ?Entre las prohibidas de la representación occidental, a cuyas representaciones se les niega toda legitimidad, están las mujeres?, sostiene Craig. Esta prohibición hace a la mujer como sujeto, obviamente, como ya han demostrado y contabilizado estadísticamente las Guerrilla´s Girls a partir de sus acciones dentro y fuera de los museos. Ellas han demostrado ampliamente que modelo de representación y esquema de sujeción de la mujer van de la mano.

Pero hay una obra que nos interesa especialmente referir aquí, y es Post-partum document (1973-1979), de Mary Kelly (1941). Esta artista ha radicalizado el debate y aportado con esta, y otras obras así como con sus clases de Arte en la Universidad de California desde la cátedra de Estudios Interdisciplinarios, elementos críticos fundamentales para el arte de artistas mujeres y para el arte contemporáneo todo.

Citemos brevemente algunos aspectos de su biografía: estudia arte en Florencia, en los 60 y luego se traslada al Líbano, donde participa del proceso cultural floreciente. Hacia el 68 estará en Londres, realizando estudios de posgrado en arte. Allí comenzará su estrecha relación con las teorías feministas, integrando the Berwick Street Film Collective, en el que se destaca la película The Nightcleaners, Part 1 (1975).

Entre 1984 y 1989, con Interim, etapa que comprende el artículo a partir del cual reflexionamos, contamos con la lectura que de su obra hace Craig Owens, aportando claves para la nueva discusión de los viejos temas.

En 1989 se une al Whitney Museum of American Arte de Nueva York. Comienza a focalizarse en la guerra (cuya distancia o cercanía en relación a las mujeres será otro eje de las luchas feministas de los 90, recordar la obra de las Guerrilla´s The U.S. Homeland Terror Alert System for Women). Los ejes, según leemos en su biografía oficial, serán los ejes del feminismo: la relación de las mujeres con su cuerpo, el dinero, la historia y el poder, temas que aún hoy (especialmente en cuanto a cuerpo y dinero) marcan agendas.
Sus obras a partir de entonces son: Glori Patri (1992), Mea Culpa (1999), The Ballad of Kastriot Rexhepi (2001), Circa (1968-2004), Vox Manet (2006-2008), Love Songs (2005-2007).

Post-partum Document (Kelly, 1973-1979)

Esta obra es una instalación en seis partes, con ciento sesenta y cinco piezas, donde uno de los temas es el del fetichismo femenino en relación al hijo, tema especialmente caro al psicoanálisis, freudiano y luego lacaniano, que serán leídos por las teorías feministas como complejamente intrincados en el discurso patriarcal.
La exposición de piezas, desde estudios médicos sobre alimentación, defecación o tasas de crecimiento de su hijo, hasta prendas que usaba, le permiten a Kelly construir un discurso sobre su deseo de no separarse de su hijo y de mantenerlo en un estado de infante perenne. Cuando menos, problematiza el rol de la maternidad, mandato social fuertemente estigmatizado en el sistema reproductivo y productivo de la subjetividad de la mujer.

El corpus de la obra es múltiple. Comienza con una serie de imágenes formadas a partir de diagramas de Lacan apuntados en los Ecrits, e incluyen relatos literarios, lingüísticos y arqueológicos, más grafías, prendas, informes?

Lo más interesante es que el fetichismo era hasta el momento una práctica perversa reservada al macho. Owens concluye afirmando que ?la obra de Kelly no es antiteoría; más bien, como lo atestigua su uso de múltiples sistemas representacionales (el destacado es nuestro, relacionémoslo con la crisis del sistema de representación único y centrado que cuestiona el posmodernismo), demuestra que ningún discurso puede responder de todos los aspectos de la experiencia humana. O, como ha dicho la misma artista, ?no hay un discurtso teórico aislado que vaya a ofrecer una explicación de todas las formas de las relaciones sociales o cada modelo de práctica política”.

Esta afirmación, como cita enmarcada Owens/Kelly, es un punto del cruce, donde la reflexión sobre el patriarcado es una reflexión sobre el modelo de representación de la modernidad, y ambos, puntos de tensión para el posmodernismo.

Desde nuestra contemporaneidad, también podemos acotar algo que le da una vuelta de tuerca y actualiza esta lectura tan rica del propio Owens: el arte, es hoy, más que nunca y en el marco de esta etapa que llamamos post-autónoma, un intersticio teórico que dialoga, rechaza, replantea buena parte de las teorías fundantes del siglo XX (léase psicoanálisis freudiano, lacaniano y entre otros), de donde podemos concluir que, si no hay grandes relatos organizadores de otrora grandes verdades, las artes visuales y la literatura se han convertido en discursos con proyección teórica a suplantarlos disolviendo en muchos casos los sentidos únicos que caracterizaban a aquellos.

En otra parte desarrollaremos el otro eje que queremos rescatar de esta mirada, que tiene que ver con la tesis acerca del entrelazamiento de dos hechos fundantes de la era moderna (que además Owens lee a partir de palabras de M. Heidegger): la transformación del mundo en imagen y del hombre en tema, lo que ?viriliza el reino de la capacidad humana?, y plantea la representación como una apropiación, una objetivación que se adelanta y domina?.

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Publicado en Leedor el 10-06-2012

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