Memoria de un gesto…

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Divertida y cargada de belleza esta obra de Melisa Hermida que se puede ver los viernes en Timbre 4.A veces el título de una obra dice nada o muy poco sobre ella. Otras veces la envuelve de expectativas, deseos de ver, ganas de pensar y también predispone a una experiencia otra, no convencional, ocurrente. Entonces, las significaciones posibles se expanden sin dar la posibilidad de decidirse por ninguna de ellas, dejándonos sumergidos en la multiplicidad de sentidos. Memoría de un gesto (nada extraño) es una experiencia de estas últimas: En el título no hay un error ortográfico (?memoría? con tilde en la i) sino, más bien, un juego de palabras que le permite al espectador prepararse para lo que va a presenciar y, finalizada la obra, proponer una interpretación acorde a su propia vivencia.

En el contexto de la Guerra Fría, con el mundo dividido entre rojos y azules, dos agentes secretos (Uta y Milton), devenidos en matrimonio falso pero ambiguo, son designados a una nueva misión. La bomba atómica está a punto de estallar y el primer ministro británico (Mario Bodega) busca información sobre el botón que la detonara. El famoso patinador sobre hielo ruso Helstag Guldberg (Tulio Gómez Alzaga) propone intercambiarla a cambio de poder escapar a Estados Unidos. El Campeonato Internacional de Patinaje sobre hielo, a disputarse en Alemania Oriental, será su vía de escape. Por eso, Uta (Ana Scannapieco), por orden de Diane Weinger (Magdalena Grondona), deberá infiltrarse en el torneo para evitar que Helstarg los traicione. Pero Uta se enamora, vislumbra la posibilidad de terminar con su vida de espía y pasa información errónea. Milton (que está enamorado de ella, no tan secretamente) la descubre y la delata ante sus superiores. A partir de ahí la historia de desencadenará en oscuros sucesos que develan lo absurdo de toda guerra y la imposibilidad de vivir el amor bajo su hostil y siniestro dominio. Se reflexiona sobre los enemigos impuestos y sobre las condiciones del amor y de los hombres en la guerra.

Memoría de un gesto (nada extraño) es, no obstante, una obra divertida porque trata estos temas con humor, a partir de la construcción de escenas cargadas de delirio que nos transportan a la infancia y nos recuerda la tierna figura del Superagente 86 con su zapatófono y su cono del silencio. Es también una propuesta cargada de belleza, sobre todo, por la musicalización, el juego de sombras proyectadas y la hermosa coreografía interpretada por Ana Scannapieco y Tulio Gómez Alzaga. Los actores parecen divertirse mucho en escena y logran transmitir esa energía a los espectadores que pueden despojarse de los parámetros más tradicionales del teatro para vivir una experiencia diferente.

Volvamos al título para cerrar. Morirse de un gesto sea quizá morirse de amor a pesar de los colores y de toda guerra (que siempre es absurda). Morirse de un gesto de amor posible (de deseo irrenunciable, de libertad total) del que nunca deberíamos perder memoria.

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Publicado en Leedor el 28-05-2012