Salomé de Chacra

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La obra escrita y dirigida por Mauricio Kartun, relata el mito bíblico de Salomé y Herodes, en el marco de una chacra de factura de chacinados de la pampa argentina. Salomé de Chacra en el Teatro del Pueblo.

La obra escrita y dirigida por Mauricio Kartun, relata el mito bíblico de Salomé y Herodes, en el marco de una chacra de factura de chacinados de la pampa argentina.

Encontrar en lo pretencioso del campo tradicional y decadente, el espacio para relatar una historia paradigmática, es sólo el punto de partida para la escalada progresiva que propone el intenso libro (próximo a publicarse).

Lo insensato de una voz que deshace de deseo a una mujer y la vulnerabilidad de un hombre supuesto al poder frente a un cuerpo de mujer, son el eje sobre el que se desplazan los 4 personajes en escena.

Salomé desea una cabeza, que a su vez tiene una boca que habla. Esta cabeza representa a Juan el Bautista, que encarna a la voz proferidora de verdades, denostando el presente agotado y proponiendo otra forma de vida.

Herodes tiene al rebelde encerrado en el aljibe, pero pese a sus efuerzos por doblegarlo no logra callarlo.

Cochonga (Stella Galazzi) es la madre de Salomé (Lorena Vegas) y actual mujer de Herodes (Manuel Vicente), quien paga cualquier precio por no cambiar nada y el Gringuete (Oski Guzmán) que representa al peón de campo criollo que siente en silencio, y a la vez es el testigo clave que relata los hechos.

La profundidad del mito permanece intacta bajo la locura del lenguaje arbitrario de la obra. El texto, con aire de improvisación pero articulado con precisión rigurosa genera una tensión entre la irreverencia y el respeto, tejiendo en juegos de palabras una trama de guiños que trascienden toda obviedad pretenciosa y suman a la riqueza teatral de la pieza, trayendo a cuento lo más elevado de la literatura junto a las asociaciones mas disparatadas de la memoria popular.

La temporalidad no especificada en que transcurren los hechos, se acentúa con una mezcla de referencias imposibles de convivir en el mismo espacio y tiempo. El humor domina la inteligencia de la obra.
?En el imperio histerista no se pone el sol?je suis fatigué…? son frases dichas por una Salomé tilinga que habla mezclando palabras en otros idiomas y conceptos forzados.

El aparente caos de información auditiva y visual está ajustado al milímetro dando a cada elemento un lugar cierto en la escena.

La escenografía es parte del guión, evocando en una lograda mezcla al gauchito Gil, un altar de macumba, ex votos y un patio de campo con aljibe por el que desfilan vehículos construidos ad hoc, con infinitos detalles bizarros que cuesta abarcar en la primera mirada del espectador que se va volviendo cada vez más alerta.

Entre los miles de detalles, los objetos esconden instrumentos (cuerdas, viento, percusión) que, ejecutados con sutileza por los actores, van musicalizando las escenas.

Una obra en la que se respira el ejercicio pleno de la libertad teatral.

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Publicado en Leedor el 30-05-2012