Roser Bru en el MAVI

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Una íntima visita a las obras más representativas de esta artista que vive y trabaja en Chile, que puede verse en el Museo de Artes Visuales de Santiago.

Exposición ?Vivir en obra?, de Roser Bru
Museo de Artes Visuales
José Victorino Lastarria
Plaza Mulato Gil de Castro
Santiago, Chile
Más información: http://www.mavi.cl/

Recorrer la obra de Roser Bru (Barcelona, 1923), es recorrer un espacio de reflexión visual a partir de la tela, el óleo y el acrílico. Ni bien comenzamos a sumergirnos en la propuesta del MAVI sentimos la experiencia de acordar otro tiempo.

Grabadora, dibujante y pintora de formatos mediano a grande, bordadora de cuadros, constructora de objetos visuales, docente de la Escuela de Arte de la Universidad Católica, artista sensible y emotiva, su obra se exhibe en tres salas, comenzando por una muestra de sus grabados, técnica en la que incursiona desde siempre, participando del Taller 99. Al respecto, sus palabras aparecen en el muro de la exposición del Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago, en la muestra ?A pliego completo?, de las artistas contemporáneas integrantes del citado taller, Isabel Cauas, Magdalena Ludwig, Antonia Téllez y Carmen Valbuena.

Los grabados de Bru guardan una fuerte carga irónica y humorística, además de emplear de manera muy contundente algunos recursos de la cultura de masas, como la publicidad y el discurso del sentido común con una vuelta de tuerca.

Luego pueden observarse sus pinturas, en la sala donde el corte histórico y biográfico nutre de manera fundamental el recorrido y la lectura. Así vemos el centro de su obra más trascendente y pictóricamente elaborada, desde lo técnico y lo formal, con las piezas Memoria (Autorretrato), 1973, acrílico sobre tela; El retrato de Perón y los mutuos deseos, 1973, acrílico sobre tela; Mesa de la guerra, 1985, óleo sobre tela; Imagen grabada (Che Guevara), 1979, acrílico sobre tela; Autobiografía (políptico de 5 piezas), acrílico sobre tela, que cita a Motherwell en su Elegía Española, a Robert Capa, el barco Winnipeg en el que Bru se embarcó junto con su familia huyendo de la Segunda Guerra Mundial en 1939, pero también cita al golpe de estado del 11 de septiembre de 1973 asesino del presidente Allende y de la esperanza. Completan la sala las obras Turistas en España, 1963, acrílico sobre tela; Mesa de paz, 1985, óleo sobre tela y Hermanas Bru, 1977, óleo sobre tela.

Roser Bru se convierte en un referente central de la práctica artística regional, y en sus últimos años refuerza los ejes de su trabajo en torno al ser y lo cotidiano con una profunda preocupación por la memoria, la historia y la política. Como señala el texto curatorial a cargo de Adriana Valdés, ?Cuando se trata de una artista como Roser Bru, la mirada es infinita, además, en otro sentido. La fugacidad de los instantes pervive, en las obras, y crea un mundo, un caleidoscopio de colores y de imágenes que ella ha sido capaz de ver, con esos ojos, y de crear, con esas manos? La infinita mirada no sólo se teje en hilos de continuidad, también de líneas que atraviesan sus grandes figuras alucinadas, y las rompen, y las perforan. Son históricos, documentados, los dolores en la pintura de Roser Bru. Si su Mesa de la Paz es intemporal, su mesa de la guerra siempre tiene fechas. Las principales son las de la guerra de España y las del 73 en Chile. El dolor humano tiene rostro y tiempo, y lugar, la pintura es una forma de memoria. Y lo que queda allí plasmado permance?.

El tratamiento del fragmento dentro de espacios compositivos mayores y el uso de tachuelas con las que clava la tela pintada a una tabla de madera conforman dispositivos de su lenguaje de creación con los que reitera esta tensión entre memoria e imagen, entre recuerdo y presente, que caracterizan su producción cuestionadora de los marcos y las convenciones.

La última sala es una sala de homenajes, de amores y admiraciones: literarias, como a César Vallejo, Federico García Lorca, Arthur Rimbaud Gabriela Mistral y las Hermanas Brontë; pictóricos, velazquianos con la serie de las Meninas, el enano y el niño de Vallecas y a Frida Kahlo; político-sociales con la figura de la desaparecida Lila Valdenegro? Luego, el mundo de lo cotidiano, el pan, el trabajo en casa, la figura de la mujer, cuyo cuerpo queda representado a partir de una sandía que define y conforma, en una interesante mirada de género que completa el perfil de esta artista poco difundida pero de vasta obra.

El Museo de Artes Visuales de Santiago de Chile fue fundado a partir de la colección y el emprendimiento encarado por Manuel Santa Cruz López y Hugo Yaconi Merino, y se encuentra emplazado en su actual espacio desde 2001. Incluye más de 1400 obras de 400 artistas chilenos activos a partir de la década del 60 y constituye un atractivo polo de difusión cultural.

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Publicado en Leedor el 30-05-2012