Cien años de cine argentino

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Bibliografía para esas generaciones que se van renovando y también para todo el que quiera profundizar sobre cine argentino.Un libro esencial: Cien años de cine argentino
de Fernando Martín Peña

Cada tanto, así como se renuevan las generaciones de espectadores (esto debería ser tenido en cuenta para programar la exhibición de clásicos como hacía la Disney, cada siete años), aparecen libros que actualizan el relato de la historia del cine argentino a nuevos interesados.

A fines de los ´50 fueron los tomos del Di Núbila, citados por años. En los ´60, la breve historia de Agustín Mahieu. En los ´70, José Miguel Couselo rescató a directores como Torres Ríos y Ferreira y Abel Posadas, sentó las bases de un revisionismo a partir de la cultura popular. Después del golpe, los catálogos de Jorge Abel Martín informaban sobre la actividad anual. En el retorno de la democracia, fue el compilado superpopular y muy ilustrado del Centro Editor de América Latina y escrito por varios críticos/historiadores encabezados por Claudio España.

En ese tiempo, a la jubilosa creación de la Universidad del Cine, acompañó una realidad que pocos advirtieron: en la formación de una generación que hoy supera los cuarenta años de edad, la historia del cine argentino explicada, curricular o informalmente, se limitó a rescatar casi en exclusividad a Leonardo Favio y a pocos más, tal vez voluntariamente, o tal vez por falta de conocimiento o identificación. El resto del cine nacional histórico, apenas existió como una referencia de estereotipos tales como ?Hugo del Carril=Cine social=Las aguas bajan turbias?.

Tal vez fue por influjo de la Generación del 60, disociada casi por completo de todo cine nacional anterior, a excepción de Torre Nilsson, algo de Torres Ríos, algo de Mario Soffici. Es como si esa brecha cultural, ideológica que aquella generación tuvo con el cine anterior (a 1955) hubiera influido en la historia relatada. El título original del importante y revisionista Cine Argentino, la otra historia (1994) compilado por Sergio Wolf iba a llamarse Cine Argentino, la historia no oficial, pero después se cambió por temor o prudencia.

Es cierto que durante la administración radical, la sociedad acarreaba el recuerdo del peor peronismo de Isabel y López Rega, con lo que la cultura difundida tuvo un perfil que sólo consideró lo popular desde el punto de vista de la clase media para arriba. Esto rara vez es citado.
También, por snobismo o prejuicio, se llevaba sobre las espaldas el famoso ?yo no veo cine argentino?. El caso es que, los estudios o análisis de las obras/estilos/problemáticas de Romero, Schlieper, Christensen, Del Carril y aun Kohon, Khun, propuestos por Posadas, Wolf, Castagna, López y otros, no superaron a un lector especializado.
Favio siguió siendo citado, con total justicia pero en soledad. A éste se sumó el rescate con mucho de snobismo y culto de lo kitch, de las películas de Armando Bo con Isabel Sarli.
Esto sigue vigente: en el BAFICI último, la única película argentina de revisión fue India, de Armando Bo. ¡Y pensar que en la revista Tiempo de Cine se publicó un dibujo de Quino que mostraba al espectador tipo de las pelis de la Coca como alguien de overol y gorrita tipo Pocho!
La influencia de El Amante/Cine, -recordamos cuando puso en una de sus tapas El lado oscuro del corazón de Subiela- fue muy importante y se preocupó siempre más por el presente del cine argento. Haciendo Cine ocupó básicamente del futuro del cine argentino. Film, de circulación más limitada y staff más heterogeneo, se ubicó en un costado más rescatador y revisionista sin descuidar lo nuevo. Fernando Martín Peña fue su principal gestor.

Acumulador de material en todos los formatos estimulado desde su más temprana edad. Gestor y programador. Investigador. Autor revisionista. Restaurador y sobre todo muy entusiasta difusor.
Se diferencia de otros coleccionistas por cultivar el sentido esencial del cine: su proyección a los ojos del espectador. Desde el MalBA, o canal 7, por citar solo sus actividades recientes en los que el cine argentino de revisión, siempre está presente.
Hoy esa erudición se condensa en este libro, que se suma a otros de la Fundación OSDE acerca de 100 años de otras actividades culturales. Se trata de un volumen notable, de consulta ineludible por lo informado y accesible. Debería ser bibliografía indispensable en cursos y carreras -hay muchas- relacionadas con la imagen en movimiento.

El secreto es que Peña debe ser uno de los teóricos o historiadores de su edad que más cine argentino ha visto . Eso lo lleva a comentar esas películas que ha visto (casi todas las disponibles) y por eso olvidarse de algunas, que tal vez no ha visto. Pero es el pequeño precio por hacer una obra tan abarcadora, que llega a alucinar en su lectura, de un tirón, saltando como en rayuela y disparando visiones, revisiones y lectura del material citado.
Otro secreto: Peña sabe y escribe sobre cine, no trabaja como crítico de cine.

El libro está bien en sincro con el modo de leer actual, estructurado en bloques de texto con títulos y no más de un par de páginas por artículo. Esto lo hace muy accesible. La cantidad de renglones dedicados a ponderar a Mariano Llinás o a criticar El secreto de sus ojos tal vez despierten adhesiones o rechazo. Pero el libro lo escribió Peña y vierte su opinión y parecer, para exponerlo a quien lo quiera leer, así como el libro de César Maranghello sobre el cine nacional tendrá sus propios pareceres. Y eso está bien, que por algo los libros llevan un autor. Ya se han soportado textos, libros y críticas en los diarios que quedan bien con tal o cual, en un carácter a veces corporativo que salva amistades y alianzas pero perjudica al lector que quiere saber o al espectador que cree.

Cien años de cine argentino es una obra indispensable para todo el que quiera conocer de qué la va la historia del cine local. De esos libros que despiertan la curiosidad por conseguir determinada película para verla y cotejar o polemizar si se está de acuerdo o no con lo que el libro dice. Hacen falta otras historias, opiniones, visionados. La historia se escribe todos los días.

Bibliografía para esas generaciones que se van renovando y también para todo el que quiera profundizar o conocer una historia que hace mucho no circula por los lugares que tendría que circular. O que circula recortada por la falta de información. Hoy, que se accede a material de imagen en movimiento con una facilidad como nunca antes hubo, es bueno que aparezcan este tipo de bloques llenos de pistas para orientar a la gente interesada en algo tan ligado a la identidad como es nuestro cine.

FMP ha escrito o guiado distintos proyectos editoriales. Van desde el muy útil Gag, la divertida Metrópolis, el sensacional Generaciones 60-90 de Malba cine en su apogeo, a las excesivas Obras incompletas de Homero Alsina Thevenet a las que tal vez el maestro uruguayo hubiera criticado por su falta de síntesis. Finalmente, llegaron estos Cien años indispensables, como compendio de la íntima relación de Peña con el cine argentino. Era hora.

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Publicado en Leedor el 28-05-2012