Amanda vuelve

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Un texto cargado de fuerza y lirismo, una dramaturgia impecable, dos actuaciones deslumbrantes y una música encantadora en una obra que no resulta una experiencia fácil para el espectador.Te recuerdo Amanda

Amanda es el nombre de la ausencia, de una en particular (Póngale, usted, el nombre que le estruje las entrañas) o de todas las ausencias posibles (mujer, hombre, cosa o virtud). En tiempos de guerra, una mujer intenta sobrevivir al desamparo, a las bombas, al desengaño y, sobre todo, al olvido, arropada en juegos de palabras, reflexiones, delirios y recuerdos de un pasado mejor. Amanda es también el nombre del deseo, del deseo de una mujer en particular (la persistencia en la esperanza y la resistencia a darse por vencida) o de todos nuestros deseos posibles (llénelo usted). En la sala de un caserón ahora deshabitado, que conoció momentos de esplendor, una mujer espera (de eso se trata la obra, de la espera) el regreso de Amanda que ha partido hace mucho con destino desconocido. Llenar el tiempo es la tarea mayor, compartir sus recuerdos, deslizar palabras como si de ello dependiera mucho del mundo (¡Victoria!) sin detenerse a pensar, sin terminar de creer que el lenguaje es una promesa incumplida, un deseo imposible (¡Desdicha!).

Corroer el lenguaje mediante la invención de palabras o la poetización extrema, sublimada, se convierte en la mejor opción para ella (Marta Lubos) que espera sin remedio. Una criada (Sandra Villani) la acompaña en este viaje a la profunda soledad de ser sin otro, le aporta algún consuelo a su melancolía, alguna sonrisa a su tristeza, algún dejo de realidad, alguna fisura a su microcosmos herméticamente cerrado. Afuera la guerra destruye todo lo conocido, adentro se resguarda la ilusión: ella dice ?¿Y si fuéramos Amanda? ¿Y si un día la tierra estuviera poblada de Amandas? ¿Por qué no? No sólo nosotros, los hombres y las mujeres. Hasta la arena ha de ser Amanda. La lluvia, la magnitud que tiene el mar. Los telescopios, las pantuflas y el azar. Un día todo va a ser Amanda. Y también yo ¿Por qué no??

“Amanda vuelve” cuenta con un texto cargado de fuerza y lirismo, una dramaturgia impecable, dos actuaciones deslumbrantes, una música encantadora y una escenografía que refleja, en su constitución, el paso irremediable del tiempo. No resulta una experiencia fácil para el espectador que deberá estar dispuesto a ser atravesado por las preguntas (¿Quién es Amanda? ¿Una persona, un animal, una ilusión? ¿Por qué se fue? ¿Cuánto tiempo vale la pena esperar? ¿Será mejor aceptar la pérdida, el flujo implacable del destino?) y, sobre todo, por el fuego de una poesía conmovedora.

“Amanda Vuelve” resulta también, tangencialmente, un alegato en contra de la guerra, en contra de la posibilidad de comernos entre nosotros como perros ciegos y una celebración de la palabra. Es un juego de palabras dulces, un recorrido por la belleza del lenguaje desde la reflexión sobre la ausencia.

Somos lenguaje, deseo e inevitable ausencia.