Monique Wittig

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Una carta a Monique Wittig, autora de El pensamiento heterosexual y otros ensayos desentraña algunos de los pensamientos centrales de la escritora.
¿Fugitiva o mercachifle?

Lunes, 14 de mayo de 2012

Estimada Monique Wittig:

He terminado de apuntar todo sobre su colección de artículos que se agrupó en el libro El pensamiento heterosexual y otros ensayos, publicado por Egales hace unos seis años y traducido del inglés al español por Javier Sáez y Paco Vidarte. Yo había encontrado su nombre repetidas veces, especialmente, en citas de aperturas de libros de pensamiento o teoría queer ?MONIQUE WITTIG en mayúsculas- de historia y análisis político del lesbianismo en España, de deseo, resistencia o de movilización lesbiana en el Estado español y tantísimos otros que todavía no me han llegado.

Por el año 2010 me preguntaba el por qué de esta referencia merecida como punta de ovillo, primera munición o diccionario de amantes lesbianas, entre las líneas de sus discursos y sus representaciones, en la trinchera o en el mercado del deseo. España la leyó traducida con acentos del americano de Boston y usted, que nació en Francia, escribió en idioma no materno. Extranjera. Desnaturalizada y deslenguada. ¿O será que la triangularon del francés al bostoniano y, al final, al español peninsular?

Habré de decirle cuestiones que ya sabe sobre sí misma en esta carta: usted fue amazona ayer y es lesbiana hoy. Arrasó, desmalezó, escribió mucho, fue periodista feminista, materialista, revolucionaria, así sin orden. Discutió con Adrienne Rich, aquí en este sitio ya nombrada por un ?nosotras? en un contrapunto poético con Neruda, un diálogo escrito por la poeta crítica Gabriela Borrelli Azara. Deberíamos al menos darle una vista para entender cómo la dimensión poética reduce la belleza y el acto posible de una mujer en versos tan ¿almidonados? como contradictorios e, infelizmente, poco cuestionados. Y allí Adrienne Rich también es un punto de partida o, al menos, una compañera en la mesa redonda para muchas. En cuanto a usted, además reordenó la política del deseo: ?(?) se debe ampliar y profundizar la opción erótica hasta llegar a una identificación consciente de la mujer?. Y usted, ciertamente es tan radical, que no cree en esto porque arremete contra todo y dice que el lesbianismo es necesario políticamente y exterior al régimen político heterosexual. Sepa que así con este rigor de necesidad, está creando un comando feminista de fugitivas. Si hay algo que usted no es, es ser redundante.

A usted la ayudó mucho leer a otras mujeres escritoras de la antropología de los sexos, de la sexuación, y escribir con Sande Zeig el diccionario que usted en la Introducción que trazó en el año noventa y uno, retoma. Pero también el paso de las estaciones de los años le hizo decir qué es la dominación y desde qué enfoque se la puede recortar. Ya la censura fue un acto y la naturaleza su causa. Usted sí creyó que primero lucho para mí misma y la naturaleza para su escritura abarcó las ventanas de sus líneas, poco en otoño, algo en invierno y, fuertemente, en los veranos de la década del ochenta. Si hay algo que usted no hace, es naturalizar la historia.

Un cierto y puntual invierno ?el de 2010- yo cuestioné algo su nombre. Yo no sabía quién era usted ni qué representaba, pero intuía la elección de otras de algún modo. Y, mientras bebía una caña en un café de Chueca, me animé a interrogar a la socióloga Gracia Trujillo por usted. ?Me han hecho la misma pregunta en la Uni, y claro tía, ella lo ha escrito por primera vez: definió, rechazó, luchó, recategorizó, a la lingüística, a la semiología que pretendió ser política, a la del primer Barthes?.? Y ahí mismo, a mí se me produjo por el cuerpo el vacío ahistórico (esto sí me parece redundante de su parte) porque tiene razón, no tiene que darse a los humanos como invariantes.

Sin embargo y por todo su carácter, usted define qué debe ser lesbiana, reexamina la ciencia contemporánea y primitiva, conglomerada, del pensamiento heterosexual. Y aquí yo estoy de acuerdo cuando dice que el dogma oprime a los dominados y que hay que poetizar el carácter obligatorio. Y si sus versos son citas que abren otros pensamientos, usted también es una poeta crítica.
¿Qué más confiarle que sea importante para mí? Quisiera tener una voz propia como usted lo logra. Me gustaría muchísimo poder crear metáforas como usted lo hace con la mina. Desearía escribir un libro que sólo ilumine una sola palabra: ?zafarrancho?. ¿Cómo se dirá en francés este apelativo? Y no se queda con un ?yo?. Yo tampoco quisiera quedarme con un ?yo?. Usted también enfatiza que, al final, la voz colectiva debe hablar desde un nosotras y que el orden social que se nos niega será encontrado en el propio cuerpo. Cómo le gusta el jueguito de los pronombres personales, también.

Pavada de palabras, Monique: ¿con que hay que volver a Hegel? Y dialectizar la dialéctica, ¿no será un poco rebuscado? Yo entiendo que usted quiere superar lo superado. Esto está bien. Pero también es una triquiñuela de su parte ponerse un parche en el ojo y amenazar a la ontología del poder. Por mí, puede irritarse. Y deje de celebrar para volver-se sobre la literatura de Djuna Barnes, y haga estallar la bomba donde allí no había nada. ¿Qué es el lenguaje para un escritor? ¿Qué es el sentido?

?Las palabras lo son todo para la escritura? y ?todo escritor debe golpear con las palabras?.

Y Proust y el sujeto? Tengo que confiarle que interrumpí oportunas veces las notas de esta colección de ensayos. Imagínese. Puede darse cuenta de la densidad del asunto y el tiempo de procesamiento de la información manifiesta, ¿no? Hasta que hice una pausa y me detuve en el cuerpo lesbiano, en el lugar de la acción y en el lector. Muy considerado de su parte también atender al lector, con tanto respeto y al acecho, tenso, con sus juicios. Por último, quiero recortarle lo que para mí fue el orgasmo ?disculpe la intimidad- de todo este ejemplar:

?Todos aprendimos a hablar sabiendo que las palabras pueden ser intercambiadas, que el lenguaje se forma a sí mismo en una relación de absoluta reciprocidad. Si no fuera así, ¿quién estaría tan loco como para querer hablar??
Quien después de todo esto, se interrogue, alocadamente, con querer hablar como yo acerca de si usted es una mercachifle, la respuesta es que sí, usted renegocia lo mínimo y lo lleva a lo máximo, a las totalidades, al contrato social pero con las advertencias de una fugitiva del mercado de deseos.
Le agradezco todo y disculpe la demora de haber llegado a tiempo.

La espigadora

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Publicado en Leedor el 14-05-2012