Trashpunk

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Una nouvelle en la que confluyen la imaginería visual del mundo rocker underground, los elementos más fantásticos y más rezagados de la tecnología propia de la ciencia ficción y el paisaje interno del escritor pensante.Trashpunk
Ramiro Sanchiz
(Edición digital del CEC, 2012, en formatos PDF, EPUB y MOBI; la descarga es gratuita)

«La micromitología de la ciencia ficción del Tercer Mundo»

La nouvelle ?Trashpunk? de Ramiro Sanchiz fue publicada previamente en revistas online y por partes, por lo que la versión que el CEC (Centro de Estudios Contemporáneos) presenta aquí es la ?al menos por ahora? versión definitiva del texto.

El autor, que a esta altura tiene una nada despreciable cantidad de libros publicados, apunta esta vez a la vertiente más ligada a la ciencia ficción low-fi dentro de su obra. Aparecen cantidades de partes de computadoras viejas (SZ Spectrum, Commodores 64, Texas Instruments, etc.) que a su vez prefiguran la revelación de una gran computadora que, de funcionar como el amigo del protagonista especula, sería la primera forma de inteligencia artificial indistinguible de la humana. Ciertos ecos de la película ?Pi? de Darren Aronoksky rebotan por las paredes del Salvo, antiguo edificio donde un misterioso anciano juega a ser este dios de la era de la inteligencia artificial. Sin embargo, Sanchiz decide titular a la novela ?Trashpunk?, lo que define un subgénero en sí mismo (y como se verá con el avance de las páginas, es también un modo de metalenguaje en una suerte de bucle conceptual). De hecho, hacia el comienzo de la novela el narrador, Federico Stahl, escritor que no escribe pero vive pensando literariamente todo lo que acontece, dice «me recordaba un subgénero de ciencia ficción que había querido crear allá por 1997, o quizá un poco antes, bautizado trashpunk y entendido como la derivación de la corriente liderada por William Gibson y Bruce Sterling hacia el Tercer Mundo. Se trataba de una especie de micromitología de hackers y cowboys de consola que debían arreglarse con los materiales a mano, así fuesen un Family Game o un Atari, a la vez que apelaba a la cultura de las drogas, los químicos de diseño y todas las sustancias psicoactivas imaginables.»

Como en toda novela de Sanchiz, el asunto del argumento es relativamente secundario. En ese sentido, recuerda en particular al Jonatham Lethem de ?Chronic City?. El espacio para la digresión del narrador se vuelve tan relevante como todo esbozo de conflicto narrativo y ocupa cuestiones centrales al mundo de las ideas: ¿Cómo distinguir algo que es inteligente de algo que solo parece inteligente? A diferencia del autor amateur que se deja arrastrar por la fascinación que su propia producción ejerce, Sanchiz se muestra en completo dominio de su juego. Las referencias a un lector del otro lado son puntuales pero firmes y entonces la galería de espejos por el cual todo lo que no es ficción es ficcionable ?por lo que todo, finalmente, es en cierto modo ficción? se vuelve tan real y proteica como se la quiera pensar. Estas ideas pueden ser hijas de cierta línea de ciencia ficción y literatura afín, pero están usados como disparadores personales, alineados de un modo como sólo puede hacer alguien que ha digerido toda aquella información y, luego de ese caldo, obtiene una receta propia e inimitable. Como sucede con Rex ?el amigo de Federico Stahl, que es quien originalmente conoce al anciano del Salvo?. Rex es un músico inclasificable, una especie de versión resaca de David Bowie, tal vez un genio comprendido, quizás no más que una imitación bizarra. En cierto modo, Rex es a la música lo que Stahl es a la literatura, ya que Rex piensa la realidad constantemente en términos de música y en relación a obras musicales precedentes. La mirada de Stahl sobre su amigo es condescendiente pero afectuosa. Y quizás, en cierto modo y, en una lectura retorcida de la historia, una mirada con algo de envidia, ya que Rex ha seguido siendo fiel a su propósito y no deja de hacer música, mientras que Stahl no puede romper su bloqueo como escritor y sufre todo el tiempo la sobrecarga de ideas literarias que no logra volcar afuera.
Un factor importante es el designer amigo de Rex. Es un personaje que siempre opera un poco entre las sombras, al que se hace referencia mucho más de lo que se lo ha visto hasta ahora en el universo que van formando los relatos de Sanchiz. Es justamente por un encargo de este hombre, que fabrica caseramente drogas de diseño que Rex prueba cotidianamente. Sobre la droga que el designer intenta sintetizar al comienzo de la novela, dice Stahl: «(?) una droga experimental de efectos increíbles, que Rex enumeró prolijamente y no vale la pena repetir aquí porque catapultaría la red de connotaciones de este relato hacia lugares que no podría manejar ni tengo ganas de intentarlo.»

Si la fuerza de la narrativa de Ramiro Sanchiz suele estar ubicada en un punto en el que confluyen la imaginería visual del mundo rocker underground + los elementos más fantásticos y más rezagados de la tecnología propia de la ciencia ficción + el paisaje interno del escritor eternamente pensante que señala vínculos e hipervínculos todo el tiempo, hay que decir que ?Trashpunk? es una novela que cumple con todo lo anterior, sin dejar de tener elementos aparentemente gratuitos (como el caso de la vecina a la que se espía cuando se cambia frente a la ventana, supuestamente ultrajada y secretamente complacida) que en realidad ofrecen una suerte de contrapunto en tono y que a la vez remiten a la ausencia de una mujer, Agustina, que fue la causa original del bloqueo de Stahl: la vecina sigue siendo una proyección, una imagen, un estímulo: una huella. Igual que el recuerdo de Agustina.

El vínculo literario, y cultural en general abunda. Hay referencias a Los Beatles, a Bowie, a Philip K. Dick, a los mencionados Gibson y Sterling, a ?Rayuela?, a ?Matrix?, ?Star Wars? y ?El Señor de los Anillos?, a los X-Men y otros tantos, además de aquellas que remiten oblicuamente a otras ficciones de Sanchiz.

Como en toda obra que incorpora naturalmente a su forma este tipo de enlaces, se disfruta más si se conoce la referencia, pero de ninguna manera estas son imprescindibles para entender lo que se narra. Incluso los episodios relacionados a la vecina que se desnuda frente a la ventana pueden llevarnos a repasar alguna de las películas más importantes de Hitchcock (?La ventana indiscreta?) o DePalma (?Doble de cuerpo?). Por otro lado, quizás a veces se puede detectar algún abuso del vínculo intertextual, que parece más propio de un interés del autor porque su obra consuma todo lo que hay alrededor que porque realmente sirva como lectura implicada (como el caso de la referencia a la ?Trilogía de Nueva York?, que aunque podría ser defendible como un señalamiento de las limitaciones del lenguaje, en realidad termina siendo demasiado tirada de los pelos y hasta suena extraña en su ubicación dentro del texto, como si el autor hubiera pasado por una palabra y no hubiera podido evitar la tentación de meter un vínculo intertextual más). Quizás ese afán de incluir una réplica del mundo entero (con su literatura, su música, su cine) dentro del universo literario propio termina siendo un arma de doble filo que Sanchiz utiliza generalmente con inteligencia pero que de tanto en tanto se vuelve contra quien la empuña.

De cualquier manera, la lectura de ?Trashpunk? es gratificante en sí misma y aún si no se sabe quién es el autor, funciona como texto extraño y provocativo. Y si ya se conoce parte del ?proyecto Stahl?, entonces es otra pieza más de un rompecabezas que nunca termina de acomodarse porque cada nueva ficción recontextualiza lo que ya conocíamos hasta entonces. Desde ese punto de vista, el lector iniciado ya sabe a qué atenerse. De una u otra manera, Ramiro Sanchiz sigue construyendo una sólida bibliografía que va posicionándolo como uno de los más interesantes referentes literarios jóvenes del Río de la Plata.

> Para bajar gratuitamente la novela en cualquiera de los formatos antes mencionados, clickear aquí.

«El CEC, un proyecto cultural novedoso»

El CEC (Centro de Estudios Contemporáneos) es un multiproyecto cultural cuya cara más visible es la del escritor y periodista Juan Terranova. En la sede se dictan cursos y talleres relacionados a la literatura, el periodismo y el teatro.

También han comenzado a editar desde abril ?Tónica?, una revista cultural gratuita (para bajar y leer en los formatos PDF, EPUB y MOBI) que próximamente comentaremos en este espacio. La edición de libros, tanto de ensayo como narrativa, corre por cuenta del grupo y tiene solamente un par de condiciones esenciales: la apuesta a las nuevas tecnologías ?por lo que se publican también en PDF, pero están esencialmente pensados para los e-readers) y la insistencia en que las obras se difundan de modo gratuito, por lo que tanto escritores como editores ceden todo interés económico en pos de divulgar estas publicaciones.

En el sitio se explica claramente: «El Centro de Estudios Contemporáneos para la Alfabetización Digital (CEC) busca estimular y fomentar el interés por el estudio, el debate y el análisis del impacto de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana y en los diferentes consumos culturales, que impulsan la constitución de un nuevo medio ambiente técnico. El principal objetivo del CEC es alentar la producción de conocimiento y destacar las ventajas que reporta la alfabetización digital en todos los planos de las relaciones humanas, así como realizar y financiar investigaciones y publicaciones vinculadas con el acceso a las nuevas tecnologías de información y comunicación. Con tal fin el CEC promueve la participación en talleres, cursos, seminarios, academias y otros ámbitos de estudio en los que se enseñen y se desarrollen experiencias con las nuevas tecnologías.»

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Publicado en Leedor el 7-05-2012