Alfonsina

1
8

Un unipersonal escrito y dirigido con sensibilidad da cuenta de los aspectos menos conocidos de la vida de la emblemática escritora argentina, en una puesta cargada de fuerza y de ternura.

?Me llamaron Alfonsina que quiere decir ´dispuesta a todo´?

?Joven, pobre, sin armas válidas en un medio erizado de púas, Alfonsina emprendió la múltiple empresa de subsistir y perpetuarse, de comer y de cantar, de escribir y de atravesar con sus palabras el silencio que la ahogaba. ?Así la definía Francisco L. Bernández en 1969 y así también podemos recordarla hoy cuando la fuerza de sus palabras resuena todavía en un mundo que ha cambiado pero no tanto, donde se reivindican otras luchas que son, en el fondo, siempre las mismas.

A 120 años de su nacimiento su voz se levanta nuevamente para decirnos que la valentía, la sensibilidad, el coraje y el amor no son términos contrapuestos, que se puede ser mujer y loba, guerrera y amante sin morir en el intento. Alfonsina Storni supo abrirse paso en un universo hostil signado por la mirada reprobadora de una sociedad patriarcal que señalaba con recelo a esta ?oveja descarriada? que supo ser feminista, madre soltera, costurera, obrera, maestra, actriz y sobre todo (pese a quien le pese) poeta.

Pese al desprecio o la indiferencia de escritores como Jorge Luis Borges, pudo ganarse su lugar dentro del ámbito cultural de Buenos Aires y también (muchos años y relecturas mediante) dentro del canon de la Literatura Argentina que la reconoce hoy como una voz disonante a todo lo conocido en su época. Sus ideas intransigentes respecto de la condición femenina dentro de una sociedad conservadora también se reflejaban en su forma de escribir, ya que, con el tiempo, pudo virar el rumbo de su poesía puramente amorosa hacia un estilo más vanguardista y experimental. Lecturas simplistas de su obra, de su personalidad y de los tristes sucesos que atravesaron su existencia la han encasillado en el estereotipo de la mujer dolida y sola que sufre por amor.

Pero Alfonsina trasciende, por mucho, esa imagen y el unipersonal escrito y dirigido con tanta sensibilidad por Darío Cortés da cuenta de todos esos aspectos menos conocidos de la vida de la emblemática escritora argentina, en una puesta cargada de fuerza y de ternura. Es significativo que un hombre (que es además un hombre joven) haya encarado esta empresa que reivindica la figura de una gran artista porque marca la posibilidad de nuevas miradas, inteligentes, lúcidas y alejadas del menosprecio a la condición femenina, contra lo que luchó Storni, junto con otras mujeres de su tiempo, durante toda su vida.

Alfonsina es una dulce invitación a viajar por diversos momentos de la vida de esta escritora. En el transcurso de una hora (que es toda una vida, toda una historia) nos convertimos en viajeros por los mares de una subjetividad apasionada (?Yo no estoy y estoy en mis versos, viajero, / pero puedes hallarme si por el libro avanzas??) que combinó pasión por la literatura, dolor, lucha social y pequeñas alegrías en las mismas proporciones. La obra está dividida en etapas bien marcadas que van desde la infancia hasta su elegido final. Así, podemos ver a la niña que, en medio de la estrechez económica y de los desvaríos de un padre perdido por el alcohol, se deslumbra por la literatura y escribe sus primeros versos que comienzan a inundar sus bolsillos y ?los corpiños de sus enaguas? (hermoso detalle: los papelitos con versos que van apareciendo a lo largo de la obra); a una joven madre soltera que lucha por sobrevivir en una ciudad que abruma, a una escritora que se abre paso a empujones con su palabra firme y liberadora; a una mujer, fundamentalmente, a una mujer que supo gritarle su verdad a tanto hombre pequeñito que se cruzó por su camino. Claro que también está presente la muerte pero lo realmente bueno de la propuesta es que puede desacralizar y restarle solemnidad a los momentos trágicos para resaltar (desde la picardía y el humor) la luz y la vitalidad de un ser que vivió y murió como quiso y que amó profundamente la vida.
En un escenario despojado, Viviana Suraniti es un alma desnuda en la piel de una mujer única. No se parece físicamente a Alfonsina pero durante una hora logra hacerles creer a los espectadores que sí lo es; su interpretación es convincente porque es intensa, maravillosa y creíble. Es Alfonsina, muchas Alfonsina y todas las mujeres a la vez. Transita la escena encarnando una singularidad compleja y sale airosa con una interpretación brutal de cada uno de los poemas que se van hilando con el relato (?Tú me quieres blanca?, ?Voy a dormir?, ?Dos palabras?, ?La loba?, ?El hijo? ?Hombre pequeñito?, ?Buenos Aires?, ?A Horacio Quiroga?, entre otros). Su cuerpo es también poesía.

Detrás de toda gran actriz hay un gran director. No sé si esta premisa se cumple en todos los casos pero sí lo hace con creces en esta ocasión. Cada detalle de la obra es producto de un arduo proceso de lecturas, investigación y ensayo. Nada está librado al azar y eso se nota, es un trabajo hecho desde el respeto y la rigurosidad. La belleza del texto y la solidez de la actuación vuelve prescindible el dispositivo audiovisual que acompaña la escena (aunque se puede pensar como un descanso para la actriz o en otras amplias significaciones) porque lo verdaderamente vital de la obra nos llega desde lo más artesanal: palabra y cuerpo que habla.
Alfonsina es un emotivo homenaje a una mujer y a todas las mujeres, un viaje sensible y profundo pero también divertido. Es una invitación para leer, releer, pensar y repensar a una figura emblemática dentro de la literatura Argentina. Para no perdérselo.

Verónica Escalante