BAFICI: Mis sucios tres tonos

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Un film que nunca termina de arrancar.
La ópera prima del misionero Juanma Brignole pretende ser un viaje iniciático, a modo de despedida, de una adolescencia que parece eternizarse cada vez más.

Limitadas posibilidades laborales? carencia de ideales? Dan lugar a discursos chatos y banales, jergas de registros coloquiales repetidas hasta el hartazgo que se suman al habitual consumo de cerveza en exceso, todas características también universales, como la práctica del skate o el consumo de droga.

En este caso el viaje remite a un improvisado deseo de asistir a un recital de FunPeople, una banda desaparecida de la escena musical, que fue marca del rock de los 90.

Con entradas impresas en un papel reconociblemente falso estos 8 o 9 adolescentes intentan ingresar a lo que parece un estadio en la periferia de Posadas, al ser rechazados deciden abordarlo en un bote desde atrás por el río.

El resultado es un poco la metáfora de una generación que parece decidir más bien sobre la marcha, con pocas convicciones, con pocos atisbos de apasionamientos. Tan aletargados en sus pensamientos como en el tiempo,estos chicos y chicas escapan no obstante a la violencia, y en sus actos hay sentimientos de ternura y códigos de amistad que se respetan.

No obstante la sensación es que el film parece no arrancar nunca, quizá la narración un tanto atemporal contribuye a esa percepción, de que está por suceder algo que nunca sucede, posiblemente apunte en el mejor de los casos a un futuro sin grandes proyectos, algo así como un dejarse fluir por el mismo peso de los acontecimientos. A lo que se puede agregar, que más allá de algunas actuaciones que se destacan, no hay mucho más para relevar.

Publicado en Leedor el 13-04-2012