Suspiros (I)

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Opción inteligente y bien diferente que propone transitar por zonas oscuras de la existencia. Julio Chávez y Santiago Loza: garantía de excelencia.
Podemos comenzar esta nota diciendo lo que Suspiros no es: no es una obra fácil de transitar ni de digerir, no desarrolla una estructura narrativa convencional ni nos muestra todo lo que como espectadores desearíamos ver, no es una propuesta realista ni amigable. Todo esto, lejos de desalentarnos, nos permite enfrentarnos a un espectáculo que resulta un desafío para la inteligencia y la sensibilidad.

La historia comienza por el final: ?Los cuerpos sin vida de siete mujeres fueron encontrados ayer. La policía confirmó la identidad de los óbitos pero la investigación recién comienza? nos informa la bajada de una sórdida noticia policial, publicada en el Diario BAAL (Baal es el espacio creativo creado en 2006 y dirigido por Julio Chávez) que recibimos a la entrada de la sala y que funciona, a la vez, como un original programa de la obra. Conocer el desenlace predispone, a priori, al espectador a esperar la respuesta a preguntas que se amontonan en la cabeza: ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Quién o quiénes fueron? Personalmente, recordé aquella novela de García Márquez, Crónica de una muerte anunciada, donde el qué sucedió se desplaza al cómo sucedió la muerte de Santiago Nasar. El lector puede finalmente reconstruir el itinerario de la muerte a partir de múltiples indicios, queda satisfecho.

La propuesta de Suspiros es, en ese sentido, un tanto más jugaba porque deja al público al borde del abismo, porque las respuestas nunca llegan, porque se trata de un viaje que nos aterriza en más interrogantes, en la duda, en la pregunta esencial sobre el sentido de la vida o, lo que es más duro, sobre la muerte (de los otros o la propia). Nos lleva a pensar en la muerte como idea o posibilidad.

Siete mujeres, oriundas de Tandil, que se conocen de toda la vida, se reúnen en un departamento, sito en el barrio de Belgrano, a la espera del casamiento del hijo de una de ellas, que tendrá lugar al día siguiente. Ese día no llegará nunca para ellas pero no lo saben. Trascurren la noche entre recuerdos, reproches, juegos de naipes, crucigramas, peleas irrelevantes o que remueven viejas rencillas, algunas reflexiones y un sinfín de trivialidades. Hay algo de premonición en el lenguaje, hay algo latente, algún goteo como señal de un tiempo que se acaba, un aire que asfixia.

Suspiros es la reconstrucción de posibles fragmentos de esa noche, es la reflexión sobre una noticia quizás apócrifa que permite, sin embargo, acercarnos a un tema casi inefable porque en el fondo nadie se quiere morir.

Siete actrices excelentes, una dirección muy acertada de Julio chávez y un sólido texto que lleva su impronta, la de Camila Mansilla y la del genial Santiago Loza, hacen de Suspiros una opción muy interesante y diferente dentro de la gran oferta de la cartelera porteña. Pero hay que estar dispuesto a transitar zonas oscuras de la existencia y del ya no ser.

?Yo soy todos los detalles? decía la costurerita que creó Loza en Nada del amor me produce envidia y creo que la gente de este proyecto se puede jactar de lo mismo, de haber hecho un trabajo muy cuidado en todos los aspectos, muy amoroso y respetuoso con el público aunque la muerte sea casi imposible de digerir.

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Publicado en Leedor el 6-04-2012