Mujeres que aman a mujeres

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Para hacer de los rastrojos un falso residuo de mieles, la mujer que rebusca escritos recomienda en esta nota un poema de Josefa Parra de Jerez de la Frontera que abre una antología de poesía lésbica.¿De qué modo nos llega a la vista un libro, una antología, una única página? O aún, una autora, un poema, que con la primera lectura considero el poema definitivo para mí hoy. Pero no declaremos con la jerga de la ley ni las puntualidades temporales. Eso habría de anclar una primera conclusión que no alcanza la sentencia de la justicia poética. ¿Cómo es posible resolver las palabras de otras?

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La antología que se titula Mujeres que aman a mujeres (Vitrubio, 2012) viene de Madrid y es una selección de poesía lésbica de España que, en palabras de la prologuista y seleccionadora Carmen Moreno se la considera un escrito que ?no solo habla del amor, sino que, al igual que la ?poesía convencional?, se mueve con total libertad dentro de una amplia variedad de temas con una calidad fuera de toda duda?. Tomo un lápiz negro y escribo en el libro de notas lo siguiente: ?¿De qué modo se juzga un valor intrínseco sino a través de sus efectos tan puntuales e individuales como bellos en sí mismos??

Se trata de once mujeres nacidas entre 1965 y 1990. Me pregunto por qué la contratapa puntualiza una ?exposición de una sensibilidad siempre moderna y siempre rebosante de intensidad?. ?Moderna? y ?rebosante? son elecciones de la lengua que se las traen porque si al festín de palabras que proponen le sumo ese grado de fuerza, sin duda, estoy dispuesta a ser parte de una verdadera y auténtica tertulia poética. Elijo continuar.

La sorpresa de quien mira hacia abajo buscando algo que todavía no pudo segar interrumpe el optimismo de manera violenta. Uno de los primeros títulos de la solapa son los veinte poemas de amor desesperadísimos de Neruda. Hay algo aquí que me hace desconfiar. Me equivoqué de manera rotunda, buceé por Internet por la Librería de Mujeres de Sol y por la Berkana de Chueca, el ejemplar cruzó aguas profundas para la reseña y me e-qui-vo-qué. Pero me detengo: en la lista están García Lorca, Rilke, Rubén Darío? Elijo proseguir.

La primera página de Moreno comienza así: ?No creo en la poesía lésbica más allá de lo que creo en la poesía amorosa por ejemplo?. Y ahí mismo, hubiera saltado a la primera poeta. Pero en lectura transversal encuentro entrelíneas marcas de siglos, nombres, títulos en bastardillas y algunas notas al pie de página. Hago círculos para resaltar que el primer poema lésbico se encuentra en Mesopotamia, está firmado por Enhedu-ana (S. XXIV a.C), hija del rey Sargón de Akkad. (?). Salto a Safo y me detengo más adelante: ?No será hasta este mismo siglo XVI que se nombre a las lesbianas con el término ?tribadas?, término derivado del griego tribo (frotar). En toda justificación del placer de lectura existe esta necesidad atávica de la crítica de volver al origen. Me interesa y hasta puedo usarla como dato de color en una mesa redonda de amigas o en el grupo de correctores de un diario argentino. A alguien, aunque provoque el debate vivaz o perspicaz entre quienes viven de, por y para las palabras, le va a provocar interés.

Las posibilidades de estas mujeres son amplias, a veces se las ve como actrices capaces de establecer relaciones estrechas y por lo tanto ?virtuosas?. Otras veces, en cambio, son agentes que se reservan una ?vida alegre?. ¿Sigo? Me resultan demasiadas las espigas. Vayamos al grano. Pego el salto de página al vacío a lo Pizarnik. -Se acabó esto de aprovecharse de los desperdicios-. Leo el primer poema en voz alta más de una vez, recorto y pego su imagen.

XENÓCRATES RECUERDA A UNA MUJER

Te vi salir del mar, dorada, húmeda, atenta
al clamor silencioso que producía tu imagen.
No olvidaré tu cuerpo desnudo. Cada tarde
vuelvo a la orilla donde te acarició la espuma
las rodillas dulcísimas. Y te recreo en el aire
detenido. No olvido tu cuerpo deseable,
tus muslos relucientes, tus senos…

Me he entregado
a las esferas áridas, frías, de las ideas,
buscándome el refugio que tu piel no me ofrece.
Pero en vano. No olvido tu cuerpo de agua
ardiendo.
Y en los libros no veo más que tus líneas.
Sigan
los locos atenienses pensando que soy sabio.

¿Por qué creo que terminó la búsqueda? ¿Qué fue lo que encontré que antes era residuo y ahora se convierte en el extremo de un clavo, fruto, grano, parte de una herramienta nueva? Este derroche no propone ningún descuido:

?Pero en vano? (?) ardiendo (?) Sigan / los locos atenienses pensando que soy sabio?

Ya es mío. Elijo una página, una autora, un poema para hacer de las espigas un jarabe saturado en el proceso de destilación última de las palabras hoy y aquí definitivas: La triple Jota o el Xenócrates de Josefa de Jerez triban una misma letra en lo áspero de la garganta.

Publicado en Leedor el 3-04-2012