Herminia Jensezian, del Tadró

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El Tadrón Teatro cumple 15 años y conversamos con Herminia Jensezian sobre su gestión.Entrevista a Herminia Jensezian

En noviembre de 1996 nacía en la esquina de Niceto Vega y Armenia el Tadrón Teatro, gracias al esfuerzo y al deseo profundo de la actriz y directora Herminia Jensezian . 15 años de historia dan cuenta de una trayectoria cuyo sello es la reivindicación y difusión de la cultura armenia pero también de la argentina, de un teatro comprometido y de calidad. El Tadrón Teatro es un espacio único en la ciudad donde las ideas y la reflexión se mezclan y se complementan con aromas y sabores exquisitos.

Los festejos por estos quince años de teatro se iniciaron en el mes de febrero con la reposición de la obra de Eduardo Rovner, Volvió una noche y continuarán durante todo el año. De la excelente programación propuesta se destaca el ciclo Teatro por la Justicia , desde el 26 de abril y hasta el 28 de junio, se desarrollará todos los jueves a las 21.30 hs, con entrada libre y gratuita.

Conversamos con Herminia Jensezian sobre estos años de lucha, de pasión y de amor por un quehacer que continúa dándole maravillosas satisfacciones.

¿Qué motivó la creación del teatro Tadrón?

El deseo de tener un espacio propio, una sala propia. Nuestro grupo de teatro lo fundamos con mi marido hace 27 años. Ya habían pasado varios años, nosotros teníamos nuestro estudio de teatro donde ensayábamos y siempre nos presentábamos en diferentes espacios: casonas, subsuelos, teatros grandes y chicos, en patios de iglesias, en calles y plazas. Hasta que en un momento pensamos la posibilidad de tener un espacio propio para tratar de desarrollar en un lugar donde nos sintiéramos cómodos todo lo que queríamos hacer. Así fue que ese estudio que teníamos en la calle Córdoba se convirtió en este espacio. Claro que no estaba condicionado para ser un teatro, lo fuimos haciendo. La casona es de 1912, cumple 100 años. Hemos dejado la carcasa y una de las paredes que divide todo. En una primera instancia hicimos una pequeña abertura, era una sala más chica y en 2002 hicimos la gran remodelación, cambiamos de lugar la puerta que antes tenía entrada por Niceto Vega. Todo eso fue incluyéndonos dentro del barrio. Una vez, por ese entonces, pasó un arquitecto por acá y nos dijo: ?Desde que cambiaron la puerta se abrieron al barrio? y algo de eso debe haber. Ahí empezó un intercambio cultural y teatral muy importante.

¿Cómo caracterizarías la actividad de estos quince años? ¿Qué recuerdos tenés?

Iniciamos muy tímidamente, con la incertidumbre de todo comienzo. Esto no nació como un proyecto sino más bien como la realización de un deseo, de la necesidad y la pasión de hacer teatro. Uno no proyectó tener una sala ni siquiera proyectamos, años después, el ciclo Teatro por la Justicia, surgió como una necesidad. Eso es, de alguna forma, lo que caracteriza a la sala: Todo fue haciéndose en el hacer, fuimos aprendiendo en el hacer, con la pasión que traíamos. Nos gusta hacer obras comprometidas y nos gusta que se hagan en este teatro, porque no sólo producimos nuestras obras sino que además exhibimos. Tenemos una programación anual.
Cuando uno mira para atrás en estos quince años, vemos que en el hacer nos llevamos varias sorpresas, por ejemplo que en 2007 nos nominaran al Premio Trinidad Guevara por la producción teatral privada, que en 2008 nos dieran el Premio Teatro del Mundo por el Ciclo Teatro por la Justicia, que el año pasado nos dieran el Premio Teatro del Mundo como institución destacada. ?Ya somos institución? dijimos, eso significa que de alguna forma uno se instaló, se convirtió en una especie de referente.

El barrio también fue cambiando. Por esos años era una zona más bien desolada, sin la movida comercial ni cultural que tiene hoy día. La aparición del teatro fue un gran cambio. ¿La idea del bar surgió después?

El bar también surge como una necesidad. Nosotros empezamos con las obras de teatro y los talleres pero la gente se quedaba, tomábamos café, hacíamos café oriental, compartíamos algún vinito? Nos quedábamos horas hablando. Nos fuimos quedando. En el primer momento de la cafetería, el mobiliario era de escenografías, no teníamos ni cafetera, teníamos las pequeñas cafeteras de café oriental. Fue creciendo y entendimos que era una necesidad, no sólo nuestra sino también de los que venían a ver obras, querer quedarse, conversar y compartir. Después fuimos trayendo recetas nuestras, muy caseras, con el deseo de agasajar a los que vienen, de agradecerles porque vienen a ver teatro.
Así como es grato para nosotros trabajar acá, 12 o 16 horas diarias, también lo es cuando viene algún teatrista a exponer alguna obra o cuando viene gente a verlas y todos hablan de la buena energía, del placer que resulta estar acá. Yo me pongo muy feliz, siento ese placer pero que lo sientan también los demás es para nosotros maravilloso. Más no podemos pedir porque eso hace que la gente quiera quedarse, que quiera seguir saboreando los platos que hacemos, que se hacen únicamente acá. Eso es una gran alegría, tanto como poner una buena obra en escena. Somos cuidadosos con la programación y somos cuidadosos con el plato que llega a la mesa. No somos gastronómicos ni siquiera empresarios del teatro, somos teatristas y nos gusta disfrutar.

¿Cómo eligen esas obras? ¿Cuál es el criterio para cada elección?

Lo más importante, lo que nos conduce es la calidad de la obra y esa calidad no se mide por la tecnología ni por el diseño de luces o sonido, ni por los efectos ni el vestuario. La calidad de la obra es el actor. Si son buenos actores queremos que estén en la programación. Por supuesto que la temática cuenta pero lo que más cuenta es que la obra esté bien hecha, con buenos actores en escena. Cuando pedimos, junto con las carpetas, un dvd para ver un ensayo, pedimos que nos muestren algo, una escena, un fragmento que ellos consideren de calidad dentro del espectáculo que presentan. El actor es lo más grande que tiene el teatro. Sin el actor y sin el público, por supuesto, el hecho teatral no se lleva a cabo. De todo lo demás se puede prescindir. Entonces, nos guiamos por la calidad de la obra que viene dada por la calidad de los actores.

¿Por qué eligieron “Volvió una noche” para iniciar los festejos de los 15 años?

Volvió una noche
es toda una institución dentro de esta institución. Con esa obra se inauguró esta sala, en noviembre de 1996. Los primeros aplausos que suenan en esta casona fueron con Volvió una noche y por eso nos pareció muy oportuna volver a exhibirla. Esta vez es en idioma castellano; en ese momento, fue en idioma armenio, con traducción simultánea en sala al castellano.


¿Vos actuabas en esa oportunidad?

Si, también. Era muy joven. Creo que ahora me calza mucho mejor el personaje de la madre. Ahora también presentamos la particularidad de que aparece en escena un cuarteto de tango en vivo. Es muy agradable volver a estas grandes obras. La obra de Rovner es de esas grandes comedias a las que uno siempre quiere volver, es de esas comedias sólidas que te dan mucha seguridad. Sabés que tenés un buen material en mano y es un placer exhibirlo. Son de esos materiales en los que invertís tiempo y pasión y eso te es devuelvo con los aplausos y las risas del público. Además hace mucho que queríamos hacer una comedia y reponer Volvió una noche nos pareció un maravilloso homenaje a nuestro teatro.

¿Qué particularidades tiene esta puesta? Ya mencionaste el cambio de idioma y la presencia de una banda en vivo?

Lo particular es que la historia transcurre en el seno de una familia armenia. La historia original habla sobre la Idishe Mame y ahora se trata de una madre armenia ¿Qué diferencia hay entre ellas? Ninguna, en absoluto. Se trata de una madre universal. Además es sólo un pretexto para darle algunas notas de color a la obra, para ubicarla en otro ámbito y en otros aromas. Comentábamos el otro día con Eduardo Rovner que es tan bizarra una madre armenia como una madre judía, son igualmente ridículas y, sobre todo, igualmente apasionadas por el hijo. Es una historia universal, por eso no es casual que en Praga lleve diez años en cartel. Son de esa clase de obras que uno siempre quiere volver a hacer, porque las disfruta y las ama, porque dan mucho placer.

¿Cómo nace el ciclo Teatro por la justicia? Hablabas de una necesidad?

Si, nace por una necesidad de los teatristas. En el momento en que nace el ciclo, allá por 2006, había, en la cartelera porteña, cuatro obras que hablaban sobre el Genocidio Armenio, (perpetrado por el Estado Turco entre 1915 y 1923). Eso no fue casual: cuatro obras, tres de dramaturgos argentinos y una de un dramaturgo armenio. Alguna necesidad había seguramente de contar esto. Algo estaba pasando. Además en 2001, se estrenó Una bestia en la Luna de Richard Kalinoski, protagonizada por Manuel Callau y Malena Solda y dirigida por Manuel Iedvabni. Esa obra fue un puntapié para que la sociedad empiece a preguntarse. Nos tocaban el timbre para pedirnos información sobre el genocidio, querían saber de qué se trataba.
Entonces los teatristas que estaban en esos proyectos nos reunimos y empezamos con el ciclo. Recibimos la ayuda de todos y también el apoyo moral para llevarlo a cabo. Fue realmente grandioso y lo sigue siendo. Todos los años hacemos una convocatoria a todos los teatristas y dramaturgos para que nos traigan sus obras. Se realiza una selección (contamos con un jurado ad doc) y durante dos meses se exhiben obras gratuitamente en nuestra sala. Nos da mucho gusto ver a la gente que se acerca año tras año y cada vez se suman más. No son obras agradables, simpáticas al público en general, al contrario, son obras duras, dfíciles que hablan de injusticia y de Derechos Humanos pero el público sale agradecido. No lo hacemos desde el lugar de la concientización, lo hacemos porque nosotros necesitamos esa catarsis, necesitamos eso de canalizar por algún lado. Yo, particularmente, soy hija de sobrevivientes del genocidio, y desde 1990 que vengo presentando esporádicamente obras que hablan de Derechos Humanos o del Genocidio.
Hemos recibido el apoyo de muchas personalidades: Onofre Lovero, Tito Cossa, Gastón Breyer, Leonor Manso, Eduardo Rovner, Eugenio Zaffarini, Monner Sans, Daniel Ferioli, Jorge Palant, Manuel Vetrone, Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, Osvaldo Bayer, León Rozitchner y mucha gente más de diferentes ámbitos… Y el público que sale agradecido por compartir esta iniciativa, por eso vale la pena todo el esfuerzo y el ahínco puesto en este proyecto. Como digo en cada cierre del ciclo, únicamente juntos se puede hacer todo esto. En Teatro Abierto se había acuñado una frase maravillosa que decía ?todos juntos somos más que la suma de cada uno de nosotros? y es así, únicamente juntos pudimos lograr todo esto.

¿Cómo siguen los festejos?

La celebración es trabajando. Tenemos toda una programación pensada en relación con nuestros 15 años. Vamos a tener ocho funciones de Como arena entre las manos, es una obra que protagoniza Ana María Cores sobre texto de Pablo Macareño; vamos a tener un unipersonal con Héctor Fernández Rubio, también con texto de Mascareño y dirección mía; vamos a presentar la obra de Jorge Palant Encuentro en Roma que habla sobre el difícil vínculo entre una madre y su hija; vamos a tener una obra que se está escribiendo especialmente en homenaje a Hrant Dink, un periodista asesinado en Turquía por su origen armenio. Además, algo muy grato para mí, este año queremos montar de alguna forma el legado que dejó Gastón Breyer, arquitecto y escenógrafo que falleció hace dos años, vamos a armar el Archivo Gastón Breyer y lo vamos a poner en un soporte físico y virtual. Yo tuve varios maestros en mi carrera pero mis dos grandes maestros, los que fueron referentes en mi profesión y en mi vida, fueron Juan Carlos Gené y Gastón Breyer. Gastón fue el padrino de esta sala durante su vida y ahora le vamos a poner su nombre. En el Tadrón Teatro, entonces, vamos a tener una sala llamada Gastón Breyer. Es algo muy hermoso para uno que agradece tanto a los maestros.
Además vamos a incursionar en la narración oral. Vamos a tener encuentros de narración oral en la cafetería con cena típica. Contamos con excelentes narradoras. Tenemos muchos proyectos que nos llenan de alegría y que tienen que ver con celebrar nuestros quince años. Y mucho teatro, todo el teatro posible.

¿Cuál es tu concepción del teatro? ¿Qué es el teatro para vos?

Me interesa el teatro documento, el teatro comprometido. Me he puesto al hombro esto del teatro que exige: yo creo que hago teatro para exigir, para exigir que no haya más injusticias (en todo lo amplio que puede ser la palabra), que no haya más abusos, que haya realmente Derechos Humanos; hago teatro para exigir, no sé si filosóficamente pero si pragmáticamente, en el hacer. Claro que también hago teatro para divertirme pero siempre está latente esto de hacerlo para compartirlo con todos, disfrutar compartiendo con todos, reflexionar compartiendo con todos y exigir compartiendo con todos.

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Publicado en Leedor el 2-04-2012