León Ferrari en el MALBA

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70 obras que integran las series ?Brailles? y ?Relecturas de la Biblia? de León Ferrari se presentan por primer vez de manera completa en el MALBA de Buenos Aires.En otro tiempo y en otro espacio.

?En un rincón de la sala colgué una jaula
Con una cruz colocada en el piso
Donde asoman diez mecheros de gas,
Una puerta trampa en el techo
Y al fondo el Juicio Final del Giotto
Que adorna la Capilla degli Scrovogni en Padua?
Infierno ? León Ferrari.

El Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) inauguró el día 29 de marzo la muestra Brailles y relecturas de la Biblia del artista León Ferrari, curada por Florencia Battiti y rompiendo, finalmente, con la idea ?del cubo blanco? en una sala pintada de un color estridente que es lo primero que nos invita a ingresar y recorrer el espacio (además de un cartel que indica que las imágenes que van a ser vistas pueden herir susceptibilidades con lo cual más queremos verlas?)

León Ferrari nos ha acostumbrado obras que generan ?choque? o que bien pueden resultar inquietantes para el espectador. Estas obras han sido creadas en el transcurso de las décadas del ochenta y de los noventa, contienen una fuerte crítica hacia la violencia en la sociedad no pierden vigencia. Por esto mismo es que, quizás, una idea curatorial que podría haber conseguido un nuevo impacto hubiesen sido la serie de collages que formaron parte del NUNCA MÁS fascicular que el diario Página 12 editó en el año 1996 con motivo de los 20 años de la dictadura militar.

En la elección de los collages expuestos, donde Oriente y Occidente aparecen como dos mundos distintos unidos en una misma imagen, nos produce una reacción no de violencia pornográfica, sino más bien como enfrentamiento de dos culturas: por un lado la oriental que no se avergüenza en plasmar diversas escenas de sexo, en contraposición a lo occidental con imágenes de vírgenes y santos pero también de infiernos: infiernos que pueden estar acá y ahora.

Jugando con la idea del voyeurismo (algo muy actual) de escenas privadas en las cuales a través de una ventana o escondidos en algún rincón observan los santos, los arcángeles, la vírgen y hasta el mismo Jesús. Y, casi sin darse cuenta, el espectador cumple también este rol.

¿Cuál es la magia? ¿Por qué pasa el tiempo y León Ferrari sigue generando esa experiencia estética que obliga al espectador a tomarse su tiempo para ser contemplada? Son obras atemporales. Poseen vigencia en todo espacio y todo tiempo. Durante la década del ochenta, en los noventa también por qué no, la Iglesia podría haberse sentido ofendida; de hacerlo hoy pecaría de soberbia: podemos pensar que las imágenes de esos santos, del mismo Jesús, hoy poseen una lectura y un lugar oculto: en la actualidad lo raro es que alguien acepte su religión (si es que es la cristiana) en voz alta por miedo a parecer tonto o no estar en la ?onda? donde lo cool es no creer en nada o ser budista (cuando nadie sabe la doctrina pero dicen practicarla igual) entonces encontramos esas imágenes, muy familiares para aquellos que conocen de arte de por cierto, ocultas tras lo más común del mundo.

En el consumismo y la vorágine de la contemporaneidad las imágenes de las estampas no nos resultan chocantes sino que hablan del valor actual tanto del cuerpo como de la privacidad, de la pérdida de ciertos valores que quizás hace dos décadas existían y hoy nos hacen creer que han pasado de moda.

Esta es una de las tantas interpretaciones: he aquí el genio creador? He aquí el gran León Ferrari que no necesita curador ni espacio institucional para que su obra sea lo que es. Aunque este hombre estuviera en la calle, como mantero, exhibiendo sus obras para venderlas y poder vivir imposible sería pasar y no frenar a observarlas; imposible no crear relatos o participar de un mundo en el cual cada uno cree en lo que quiere y ve lo que quiere ver porque esa magia poseen las obras de este ARTISTA. Y no nos equivoquemos y creamos que son sólo estas obras una crítica hacia una institución como la Iglesia, hay dos cosas que quedan claras al ver su trabajo: él conoce tanto de la Biblia como de la Historia del Arte. Tal vez muchos de los artistas contemporáneos deberían aprender esto: los grandes Genios del Arte (como consideramos a Rafael, Miguel Ángel o Leonardo) no fueron grandes de la nada, lo fueron porque se tomaron el tiempo de aprender, de analizar y de crear?

Finalmente, para cerrar, en palabras del propio Pablo Suárez: ?En los poemas objeto de León Ferrari, al flujo de la palabra lo sucede el reflejo de la imagen y uno y otro barren ese terreno a perpetuidad. No estaría de más preguntarse si esa sensación de permanencia activa es lo que las intenciones necesitan para convertirse en Arte.?

La muestra permanecerá hasta el dos de julio

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Publicado en Leedor el 1-04-2012