En Breve Cárcel

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Esta novela de Sylvia Molloy publicada por primera vez en 1981 es ahora reeditada en el marco de una colección que intenta rescatar del olvido las primeras obras de grandes escritores argentinos.En Breve Cárcel o sobre la espera en presente

Un giro macedoniano es el que elige Ricardo Piglia para denominar a una colección de libros que publica el Fondo de Cultura Económica: Papeles del Recienvenido.

Recienvenida es la novela de Sylvia Molloy, publicada por primera vez en 1981 y reeditada en el marco de esta colección que intentará rescatar del olvido las primeras obras de grandes escritores argentinos.

En Fragmentos de un discurso amoroso Roland Barthes logra uno de los momentos más recordados y más bellos del libro al narrar la escenografía de la espera:

?Espero una llegada, una reciprocidad, un signo prometido. Puede ser fútil o enormemente patético. Todo es solemne: no tengo sentido de las proporciones.
Hay una escenografía de la espera: la organizo, la manipulo, destaco un trozo de tiempo en que voy a imitar la pérdida de un objeto amado y provocar todos los afectos de un pequeño duelo, lo cual representa, por lo tanto, como una pieza de teatro
.?

Esa escenografía es la que llena de literatura la protagonista de En Breve Cárcel: espera a alguien que no llega, a alguien a quien tiene que reconstruir con palabras. El recuerdo es la columna vertebral de esa reconstrucción y la única manera de hacerlo es el relato, la escritura, la narración. Recordar para esperar, esperar para escribir, escribir para sentirse parte de la vida. Hay un escandido en la novela, una respiración donde pareciera que en cada frase se estuviera jugando la vida o la muerte.

Ella está esperando, y la espera es siempre ahora, en presente, con la carga que trae el ahora. Por eso Piglia afirma:

?La novela de Sylvia Molloy sabiamente narrada en presente y en tercera persona, produce un efecto de intimidad que es único e inolvidable. La historia se construye desde tan cerca que nos da la sensación de estar espiando una escena prohibida.?

El dolor puede ser tan obsceno hasta acercarse a lo prohibido. ¿Existe acaso mayor intimidad que el padecimiento? Lo íntimo es también un territorio del que la espera se apropia. Uno puede desfallecer esperando y sólo será uno en esa lasitud. La novela así, se instala en ese presente-espera, espacio definido por un no tiempo, donde lo que tiene que suceder todavía no es y lo sucedido sólo es palabra. El espacio de este no tiempo es un cuarto. Propio o ajeno, pero conocido. Cuarto histórico que se construye a su vez, también por el recuerdo de quien lo habita en esa espera.
La espera y el dolor estructuran esta novela delicadamente escrita, donde los verbos fluctúan dibujando como veces hemos visto en la literatura argentina, el mapa del dolor por el amor perdido.

?La circularidad la impresiona, el hilo, siempre igual, que va dejando atrás. Mal protegida por su piel ineficaz recorre los mismos lugares, repite las mismas conductas. Hoy está en un lugar -en uno de los lugares- donde la lastimaron, en este cuarto conocido del que renegaba en su recuerdo.?

Un amor que se pierde y se reconstruye en unión con otros amores perdidos: Ella espera a Renata, pero piensa en Vera a quien amó. Y ésta, a su vez, amó a Renata.

Escribir para recordar afirma nuestra protagonista y tal vez su autora sólo quiera decirnos, como Clarice Lispector, que escribir es siempre recordar lo que no existe.

Novela del dolor, de la intimidad, de la pérdida, de la espera, en presente, en un cuarto, el propio de cada una.

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Publicado en Leedor el 25-03-2012