Siempre tendremos Venezuela

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Siempre tendremos Venezuela? de Juan Manuel Candal es un volumen de cinco cuentos que arman una única historia: la de todos los hombres en un futuro que se ubica en un tiempo muy cercano a nuestro propio presente.

Ya desde los epígrafes, el libro se nos ofrece como un diálogo con otros autores, con otras historias previas. El primero, de Alastair Lastrange ?personaje de ?Nadie recuerda a Mlejnas?, novela de Ramiro Sanchiz? nos remite a Borges, ya que es casi una cita de lo que dice el protagonista de ?”There are more things?” de este autor. El segundo epígrafe es de Fowgill y corresponde a su novela ?Runa?. El último es de un tema de Roger Waters, ?”Amused to Death?”. Esta intertextualidad nos da una síntesis de lo que será el libro: una distopía a la manera de Dick, con mucho del fantástico borgeano y del de Lovecraft.

Pero la polifonía no se agota en los epígrafes, sino que se expande como si fueran círculos concéntricos alrededor de una piedra arrojada al agua. Stephen King, los X-Files, Carlos Fuentes, Manuel Montenegro, Pink Floyd, Cortázar y su ?Bestiario?, los personajes de Ramiro Sanchiz, Alasdair Gray, Kurt Vonnegut, William Borroughs, Ezra Pound, George Orwell son una muestra no solo de la enciclopedia de Candal, sino una puesta en práctica de las concepciones de Umberto Eco acerca de la cooperación interpretativa del lector. Cada nueva mención nos remite a personajes, mundos, teorías que le aportan al texto una proyección y una profundidad destacables. Los temas borgeanos, el mundo como laberinto y el tiempo circular, subyacen en todas las citas y alusiones, y otorgan unidad a todos los cuentos del libro.

“?Todo ese tiempo”?, ?”Una máscara en la niebla”?, “?El residente?”, ?”En la trinchera”? y “?La biblioteca de El Paraíso?” se presuponen unos a los otros, ya que cuentan una historia repetida, pero que avanza y ofrece nuevos detalles en cada uno de los relatos. El lector debe realizar su propio viaje, como lo realizan la mayoría de los personajes, un itinerario por un mundo invadido por seres cristalinos, cuya caracterización se va completando con el transcurrir de las páginas.

Los protagonistas, todos hombres, son víctimas de esa invasión. Sus vidas se ven alteradas por esa omnipresencia que amenaza y determina sus destinos. Las mujeres también son parte de este mundo y resulta interesante ver los roles que cumplen. Desde la mujer idealizada como Sofía en ?”Todo ese tiempo”? o Sherilyn en “?En la trinchera?”, hasta Ariadna ?mujer objeto y madre sacrificada al mismo tiempo en “?La biblioteca de El Paraíso??”, las mujeres sostienen la vida de los hombres, les dan una razón más para vivir; sus existencias, por lo menos, ratifican la posibilidad del amor, aun en medio de la disolución de otros valores.

Si al comienzo hablamos del libro como una distopía con mucho del género fantástico, se nota, sin embargo, un deseo del autor de no someterse a una caracterización rígida. En algunos fragmentos, aflora un idealismo utópico que está representado en Venezuela, ese paraíso al que los personajes se dirigen. De todas maneras, el final del último cuento permite, como todo el libro, que cada lector haga su propia interpretación. Aquí cabe muy bien mencionar lo que dice su protagonista: ?”solo puedo contar el resto de mi historia a condición de que no me creas del todo lo que a partir de entonces te diré que sucedió”?. El narrador explícitamente solicita un lector atento, que no dé nada por presupuesto.

Contar y escribir son motivos recurrentes en el libro. ?”Todo ese tiempo?”, “?Una máscara en la niebla”?, ?”En la trinchera”? y ?”La biblioteca del paraíso”? exhiben la escritura y el relato como un juego de espejos que nos llevan a otras realidades y que abren las historias a otros tiempos y a otros espacios. Los distintos personajes cuentan o escriben, y en esas acciones se quiebran los límites entre realidad y ficción. Entonces, mejor seguir ese consejo de no creer todo lo que se nos cuenta, porque quizás Venezuela no sea el paraíso prometido.

Muy relacionado con lo anterior, las referencias a la palabra dicha, escrita u oída tienen detrás una filosofía que las sustenta. Desde la teoría de Burroughs que habla de la alienación del hombre por el lenguaje que es un virus que infecta su mente; pasando por la teoría de Philip Dick en su ?Tractates cryptica scriptura?, con la mención de la ?negra prisión de acero?; por la afasia voluntaria o no de Ezra Pound, y por la manipulación de la historia al modo de Orwell en ?1984?, hasta la concepción de la escritura como lo único que perdura, asistimos a un cuestionamiento del lenguaje. Esto resulta paradójico porque sigue siendo el código que manejamos para comunicarnos y el que usan los protagonistas para transmitir sus vivencias. Es curioso, por ejemplo, que el protagonista de ?”Una máscara en la niebla?” recurra a las notas al pie para aclarar lo que está contando: necesita más palabras para completar el sentido de lo ya dicho.

En cuanto a los narradores, hay un predominio de una primera persona que cuenta en presente, lo que nos pone frente a un relato más cercano y visceral. Los tiempos del pasado sirven para la narración de hechos más distantes que son las causas y la justificación de esto que ocurre en el presente. También aparece un futuro de posibilidad ?en ?”Una máscara en la niebla??”, un adelanto de lo que vendrá, pero presentado como hipótesis. Esta alternancia de tiempos también se verifica en la presencia de los sueños como proyecciones del inconsciente que se libera a través de ellos. En este futuro que plantean los cuentos, la mente del hombre es fácilmente moldeable, pero todavía son los sueños un territorio propio que permite escapar de la realidad. En ?”Todo ese tiempo?” hay un tratamiento especial del tema que sumerge al protagonista en el mundo donde él querría vivir. A través de los blancos tipográficos, se alternan las imágenes del sueño y de la vigilia, pero a medida que avanza el cuento, los dos planos se van mezclando cada vez más al modo de Cortázar en ?”La noche boca arriba”?.

Volviendo a ?”Una máscara en la niebla”?, este merece una mención especial por ser un cuento escrito en colaboración con Ramiro Sanchiz. Según Candal, su versión original requería más trabajo y varias correcciones. Entonces, los dos se pusieron de acuerdo en tomar como base lo ya escrito y trabajar juntos en un nuevo cuento que se enriqueció con el personaje recurrente de Sanchiz, Federico Stahl, y con mucha de la mitología del mundo de sus ucronías (Gustave Mayhen, Emilio Scarone). El resultado fue un cuento en el que cada uno escribía una parte, pero en el que también apuntaba lo que le parecía que merecía corregirse de la escritura del otro. Sin dudas, se nota que los dos escritores conocen el estilo del otro y esto, a la hora de escribir, enriqueció el relato final que no muestra fisuras en las transiciones.

De los cinco cuentos, el más cercano a la ciencia ficción es el último. Hay un cambio paulatino en el mundo, reflejado en escenas que nos sumergen incluso en una geografía diferente. La mayoría de estas escenas presentan una narración cinematográfica de los sucesos. Acá se revelan los conocimientos de Candal sobre cine, ya que su forma de contar es la de un guionista que ubica a los personajes en un espacio, pero que solo da los detalles necesarios para que la escena tenga el exacto significado requerido por el contexto. Para mencionar una, aquella en la que el protagonista de ?”La biblioteca de El Paraíso?” está solo con Analía, la hija de Ariadna, es una escena muy poética y muy lograda gracias al tratamiento de la imagen como lo haría un director de cine.

Definido por Laura Ponce como un libro que ?cuenta buenas historias?, no hay forma de no quedar atrapado por alguna de ellas, porque más allá de las diferencias todos buscamos nuestra propia Venezuela.

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Publicado en Leedor el 18-03-2012