Diario de invierno

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Con este nuevo libro de Paul Auster, escrito a los 64 años, no tenemos más que ser cómplices de su celebración más nostálgica.Diario de invierno
Paul Auster
(Anagrama, 2012, 240 págs.)

Hay quienes piensan que entre ?Broken Follies? y ?Viajes por el Scriptorium? se inició la senda de la decadencia literaria de Paul Auster. Para algunos, tal vez era esa primera muerte a la que hace referencia Martin Amis cuando dice que un escritor muere dos veces: primero cuando nota que su talento se ha disipado, y luego la muerte natural que espera a todos los hombres.

Llegó después ?Un hombre en la oscuridad?, una novela en la que se empieza a notar una suerte de reinvención: el Paul Auster de la ?Trilogía de Nueva York? y ?El país de las últimas cosas? se había terminado (o se había reconfigurado). Así como aquel Auster había encontrado una voz propia en el mundo literario de fines de siglo XX, este último había decidido romper el molde que tanto reconocimiento le había traído para conformar un Auster naciente que tenía otro modo de narrar, más a nivel de pequeñas partículas, como en espejo de Michel Houellebecq: narrativa atomizada en núcleos que van apareciendo y desapareciendo a lo largo de una línea recta cuyo fin no remata necesariamente el relato. Por otro lado, todo lo que Houellebecq hace como literatura del cerebro (para traer de los pelos los conceptos de Deleuze en ?La imagen-movimiento? y ?La imagen-tiempo?), Auster lo trabaja como literatura del cuerpo. Sus párrafos, a diferencia del autor francés, no nacen de una lúcida filosofía que trabaja una teoría del mundo que deviene narración; lo que hace el norteamericano es escribir desde el cuerpo: sus impresiones acerca de todo aquello que lo rodea son palpables, olfativas, audibles, incluso, son la sinergia de los sentidos en todo su esplendor.

Por eso quizás también se haya dedicado al cine (como guionista y, en dos casos, también como director). Auster escribe como si estuviera filmando planos detalle, todos consecutivos, o como si un lento y denso travelling fuera desplazándose (a la ?El Arca Rusa?), que sólo muestra elementos mínimos, pero estos elementos mínimos llevan impregnada la huella de cuestiones fundamentales, muy íntimas y muy universales. En cierto modo, es un escritor impresionista haciendo un mural.

Volviendo a la evolución del último Auster, a ?Un hombre en la oscuridad? (novela que se propone como dos narraciones paralelas, una hija de la otra, ambas interactuando, aunque una es la ficción que el personaje protagónico de la otra imagina) siguió ?Invisible?, relato más ambicioso, en el que la voz narradora pasea por diferentes usos y la trama se centra, al comienzo, alrededor de un joven escritor y una suerte de excéntrico mecenas que le propone un trato soñado. Pero la novela va teniendo giros hasta que, al igual que en la conclusión de la anterior, hay una elección conciente de hacer callar a la orquesta para dejar un único instrumento llevarse la narración lentamente.

?Sunset Park?, su última novela hasta el momento, es un rompecabezas desde el inicio, pero no porque haya una intriga que resolver ?no es un policial?, sino porque está llena de pequeños fragmentos de vida de una serie de personajes, todos ellos ocupantes ilegales de una casa situada en el lugar mencionado en el título.

Y no es casualidad que luego de transitar los fragmentos de vida de 4 o 5 personajes, todos ellos siempre en tránsito, jóvenes o viejos, queriendo entender quiénes son, qué deben hacer, y por qué lo que pueden dar nunca es lo mismo que lo que se espera de ellos, Auster haya vuelto al relato autobiográfico. Porque ?Diario de Invierno? es una serie de fragmentos de la vida del autor, que va y vuelve en el tiempo, que recuerda la última vez que se hizo pis encima con 5 años en un viaje en auto para que, luego, el motivo ?auto? más el motivo ?vejiga?, conduzca a otra escena, cincuenta años después, en la que Paul está manejando nervioso y apurado por llegar a casa, y más allá de ser un excelente conductor sin una sola infracción en su haber, advertido por su mujer de que se lo nota nervioso, no hace caso y termina por tener un choque brutal con una camioneta, que encima impacta sobre la puerta del acompañante. Por un rato, temía haberle causado la muerte a su mujer, la también escritora Siri Hustvedt, hasta que los médicos confirmaron que no había lesión grave. Parte del apuro con llegar, aquella vez, tuvo que ver con la necesidad de Auster de ir al baño.
De este modo opera todo el libro: los recuerdos son palpables y son invocados por pequeños elementos del cuerpo o del movimiento. Hay una larga lista que describe los 20 lugares en los que vivió el autor antes de los 35 años. En cada uno hay una anécdota, una mirada sobre la gran escenografía que lo rodea, una sensación que ha dejado huella. La vecina huraña en París a la que debe terminar convenciendo de su bonhomía utilizando la causa del judaísmo de la forma más manipuladora. Y también las calles de las prostitutas, en donde una vez encontró a una que le dejó pasar la noche entera con ella porque era su último cliente. Los códigos de barrio en Brooklyn, a mitad de camino entre el dominio mafioso y los conflictos entre minorías. El vecino imbécil que en New Jersey desató al perro del niño Paul para que, sin querer, momentos después terminara atropellado por un auto. Y los huesos que se parten, las enfermedades que por momentos preocupan y hacen pensar al autor ya no sólo en su propia finitud, sino en la de sus antepasados: un padre que murió mientras estaba teniendo sexo con una mujer más joven, una madre a la que no supo llorar y cuya muerte lo sumió en un estado de parálisis que no parecía tener fin, y por supuesto, revisitamos el momento de ?La invención de la soledad? cuando habla de aquella abuela que asesinó de un tiro a su esposo. Incluso conocemos algunas de las repercusiones personales de haber publicado aquél primer volumen autobiográfico: una tía le recriminó duramente haber ventilado lo ocurrido con sus abuelos en un libro y luego no volvió a dirigirle la palabra por muchos años.

?Diario de invierno? es más el complemento de ?La invención de la soledad? que ?A salto de mata?, cuyo motivo giraba más sobre la vida del escritor que ejerce como tal. En cambio, en aquél primer libro de 1982 y éste, treinta años después, el motivo es la vida del escritor que media entre el lector y la persona-Paul-Auster. Es evidente (desde el momento en que utiliza la segunda persona para narrar en todo el libro casi como modo de señalarlo explícitamente) que Paul Auster no está queriendo hacernos creer que estamos interiorizándonos en su vida: más bien nos la deja ver como si fuera una película, o con el mismo grado de veracidad que puede tener la reconstrucción documental. Esto es lo que Auster nos cuenta que le pasó. No importa si todo es veraz (nada tampoco indica lo contrario). Lo que importa es que la narración es luminosa, y como todo gran libro autobiográfico, termina arrojando más luz sobre la vida de los hombres todos que sobre la del autor.

Es lógico que quien haya disfrutado sobre todo la segunda parte de ?La invención de la soledad? (?El libro de la memoria?) encuentre aquí sobrados motivos para el regocijo. Auster demuestra que sigue estando en la cima de su juego, que su prosa sigue potente, perceptiva, sensorial, evocativa. La diferencia fundamental es que aquel otro libro estaba escrito por un joven que miraba hacia atrás para poder verse también proyectado en el futuro. Un hombre que intentaba encontrar una identidad. ?Diario de invierno?, es el otro extremo del túnel: un libro escrito a los 64 años, mirando hacia atrás porque tal vez ya no hay demasiado tiempo delante y hay algo que es necesario decir, una mirada sobre esa identidad que tanto costó entender y dilucidar. En ese sentido, con su último libro, Paul Auster nos hace cómplices de su celebración más nostálgica. Y no podemos más que asistir, dejarnos llevar de la mano con devoción hipnótica y esperar que quede todavía larga vida al autor más allá del hombre.

Publicado en Leedor el 13-03-2012

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Juan Manuel Candal (Buenos Aires, 1976) se licenció como director/guionista de cine en 2001. Es editor del área de Literatura del portal Leedor.com, además de colaborar en otros medios. Desde el 2010, co-dirige la revista online Otro Cielo. También el sitio Buenos Muchachos, de entrevistas breves. En 2011 publicó su volumen de cuentos "Siempre tendremos Venezuela". Ha publicado relatos en revistas y antologías, y en 2012 su primera novela.