Cinco metros cuadrados

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Una historia pequeña enmarcada en la realidad acuciante de la crisis inmobiliaria.Del derecho al negocio

Cinco metros cuadrados es un film que reflexiona sobre la realidad que transita la clase media en la actualidad para acceder a una vivienda propia.

Su director ha querido sacar a la luz esa conspiración silenciosa centrada en la impunidad del poder, donde la vivienda a pasado de ser un derecho para convertirse en un negocio, una mercancía más, donde un grupo minoritario lucra con una necesidad social primaria.

La historia gira alrededor de Alex y Virginia, una pareja como tantas a punto de casarse? de concretar sus sueños. Ambos deciden comprar un piso sobre plano en la periferia de Alicante. El conflicto se produce cuando van a ver la obra, (la que se supone está por terminarse), y se encuentran con el esqueleto de la misma. Y a los pocos días la obra será parada y la zona precintada. Esqueleto, que está presente ?realmente? enfrente de una playa de Alicante.

La vivienda, uno de los temas que más preocupa a la sociedad actual, pero esto no nos remite sólo al encarecimiento de la misma, ni a sus condiciones de precariedad, sino que apunta a mostrar un aparato de especulación y mentira que rodea a los responsables de su ejecución. Y a la posterior degradación a que sienten sometidos sus compradores, los cuales en definitiva sólo están comprando una ilusión.

Ya sabemos, que el modelo del sistema económico capitalista se encuentra basado en la maximización de los beneficios para la iniciativa privada y la acumulación de su capital, la cual ejerce una decisiva influencia en la administración del suelo . Y que éste en consecuencia se ha convertido en uno de los negocios más rentables.

A partir de la década de los 80´, con la entrada en vigor de la Ley del Suelo se pasó de catalogar como suelo urbanizable, al suelo de reserva urbana, lo que dio lugar a la liberación de su control.

La primera escena del film da cuenta de estas normativas, como por ejemplo la catalogación de los tipos de suelo, o los trámites para cursar el derecho de compra y edificación van a ser transgredidos con la conciencia de que esta decisión perjudicará a centenares de familias.

Sin embargo, la historia está centrada en la intimidad de una pareja en particular, y de cómo el devenir de los acontecimientos, va deteriorando las relaciones entre ambos, y carcomiendo a su vez la dignidad de cada uno.

La construcción sin freno al servicio de la especulación y el lucro va destruyendo el territorio geográfico, con una política de tierra quemada, ya que la misma será luego abandonada a su suerte.
El objetivo es vender casas, con la seguridad que jamás serán habitadas, ya que la prioridad es el negocio. Por lo que en la realidad resulta una paradoja, porque no es que las viviendas falten, sino es que sobran, sólo que estas se encuentran abandonadas, mientras las personas permanecen atadas el resto de su vida a una hipoteca, con la cual de algún modo lo que hipotecan es su propia vida.

El caso de Alex (Fernando Tejero) y Virginia (Malena Alterio) forma parte de cientos de proyectos de vida que son sacrificados por una pequeña minoría, que controla la propiedad del suelo y la promoción y construcción de viviendas.

Una historia pequeña enmarcada en una realidad acuciante donde el espectador sentirá esa impunidad, a la cual es difícil enfrentarse.

Alex es una especie de antihéroe, que sin prisa, pero sin pausa sigue luchando contra los molinos de viento, hasta que un día decide tomar el toro por las astas y resolver a su modo el problema, luego de una (por momentos) inverosímil pasividad.

Dejándonos dos excelentes actuaciones, un final abierto en la historia de la pareja, y en la Historia de esta increíble realidad social, política y económica a la cual son sometidos diariamente miles de personas.

Publicado en Leedor el 6-03-2012