Granos de uva en el Paladar I

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La práctica de la memoria como forma de hacer justicia, aquí y allá.
Un canto desde lo lejos, por momentos indiscernible, llega hasta la última butaca de la sala Tuñón del Centro Cultural de la Cooperación. Y cuando los cuerpos que cantan se dejan ver, la España de la segunda República, la dictadura de Franco y la democracia se hace escena.

No a modo de una sucesión cronológica, sino por medio de historias personales fragmentadas- la de Chusa, Miguel y Adelina- que se encadenan con el fin de hacer de esas particularidades una universalidad: La práctica de la memoria como forma de hacer justicia, aquí y allá.

Basada en tres cuentos de Susana Hornos, la dramaturgia y la dirección de la misma autora y Zaida Rico, rescata la figura femenina en la construcción histórica. De esta manera llevan a la escena mujeres víctimas del patriarcado, mujeres que luchan y resisten, otras que callan por dolor y son cómplices.De una u otra manera, sus acciones en perspectiva se imbricaron en el devenir histórico y sin saberlo ni quererlo se transformaron en protagonistas de una construcción colectiva.

Granos de uva en el Paladar rescata relatos cotidianos que sobreviven al obstinado olvido a través de una estética minimalista con un excelente trabajo actoral y de dirección.
Seis actrices interpretan a varios personajes masculinos y femeninos caracterizándolos a partir de diminutos cambios de vestuario y recurriendo al cambio corporal de los gestos, los movimientos y la voz. Un despojo absoluto que resalta el trabajo conjunto de actor- directo.

Y aquí resulta ejemplar el trabajo de las directoras que secuencian los diálogos jugando con la yuxtaposición de historias para dan un ritmo fluido al relato. Al mismo tiempo recurren al uso de escenas simultáneas, jugando con diferentes líneas de acción en un mismo tiempo y espacio y resaltando algunas acciones sobre otras por medio de la distribución para nada azarosa del espacio escénico.
El trabajo de dirección, minuciosamente elaborado, hace de esta obra un juego coreográfico donde el movimiento de las actrices esta pensado desde lo narrativo como también desde la estética haciendo hincapié en la plasticidad de la imagen.

Sin embargo, la belleza plástica de las escena en ningún momento anulan el reconocimiento del nudo de la historia que nos compenetra con el padecer de las injusticias durante la guerra y la dictadura. Y a pesar de que se hable de otros tiempos en tierras lejanas, cualquier espectador podrá identificarse hasta llegar a la emoción acompañando, de esta manera, a los personajes que gritan y buscan justicia, que con coraje nos recuerdan que la memoria es un deber ser.

Granos de uva en el paladar, una joya que debería estar en la programación de Teatro por la identidad ya que cada escena es un verdadero canto contra la injusticia del olvido y un estímulo reflexivo y estético. Esta obra de teatro político alejada de cualquier estética realista, emprende un camino hacia la abstracción estética apostando al trabajo del actor que con una economía de recursos y el uso adecuado del sonido, la luz y el vestuario logra apelar profundamente a la emoción del espectador como modo de abrir caminos a la reflexión.

Publicado en Leedor el 29-02-2012