También la lluvia

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El próximo 3 de marzo esta película abre el 8vo Pantalla Pinamar nominada y premiada coproducción española.Gala de Inauguración de la octava edición de PANTALLA PINAMAR.

Cuando la realidad desborda a la ficción.

Esta superproducción nominada para representar a España en los Premios Oscar y que acaba de obtener el premio del público en Berlín, es el octavo film, de nueve en su haber de Iciar Bollaín, quien se hizo conocer en Argentina fundamentalmente por Te doy mis ojos, 2003 (Premio Goya a mejor película), ya que Mataharis, 2007 fue proyectada dentro del encuentro Madrid Buenos Aires.

Aquí la directora elige nuevamente a Najwa Nimri de Mataharis y a Luis Tosár de Te doy mis ojos, para demostrar una vez más, que sigue desarrollando esa capacidad de hablar de la cotidianeidad, no sólo la del ámbito de lo privado, sino de la intimidad, de los sentimientos y sus mutaciones.

Esta vez no es ni la violencia visible e invisible de un hombre hacia su mujer, ni la vida cotidiana de tres mujeres detectives, integrando tres vidas tan diferentes, sin que los conflictos en el conjunto pierdan fuerza.

Esta vez apuesta justamente a esto último como una estrategia para contar tres historias que se entrelazan, una de ellas con más de 500 años de distancia. Y lo hace muy bien.

Un director de cine con todo su equipo viaja a Bolivia para realizar un film sobre la llegada de Colón a América.

Esa idea ha surgido en la mente de su directora a partir de un discurso de Montesinos, en donde la iglesia se enfrenta a la corona española: ?Yo soy la voz de Cristo en esta isla, y todos estáis en pecado mortal?.

El objetivo es contar una historia que hable de la brutalidad de la conquista y de la actuación que tuvieron dentro de la misma Bartolomé de la Casas y el referido Antonio de Montesinos frente a las atrocidades cometidas.

Para lo cual en principio realizan un casting con los habitantes actuales de Bolivia. Una primera escena da cuenta de una falta de respeto del productor, y de la lucha de los que se presentan para que el mismo de realice como se debe.

Ese es el inicio de las contradicciones y a la vez una estrategia narrativa, que va a cruzar la filmación de la película, el acontecimiento a recrear y la realidad de ese pueblo en ese mismo momento con la Guerra del agua, que se produjo en abril del 2000.

El tema es que la percepción del equipo se va modificando a medida que el film avanza, como avanza también el conflicto, y a su vez uno de sus principales actores es uno de los mayores involucrados en la revuelta sobre el agua.

Algo así como el cine dentro del cine, y de cómo la realidad desborda a la ficción y cómo a su vez algunas escenas de esa ficción son tan brutales como impensables para los propios actores, que se ven imposibilitados de actuarlas. Caso de las mujeres que están frente al río y saben que serán asesinadas, entonces deciden ahogar a sus propios hijos, antes que los maten, o queden solos y heridos.

Este es un film que reflexiona sobre el genocidio de la conquista, sobre la realidad de un pueblo que sigue siendo avasallado por sus pares que obedecen al poder de los países que dirigieron e intentan seguir dirigiendo el destino de Latinoamérica.

De cómo viven y luchan esas personas por los más elementales derechos, como es tener agua y de los modos con que se sigue ejerciendo la represión y el crimen a los que menos tienen.

Es muy interesante ver los cambios en la percepción de los acontecimientos por ambas partes y los resultados de dichos cambios en la estructura emocional de los personajes.

También habla de la amistad, del idealismo y de las limitaciones con que cada ser humano puede enfrentarse a las situaciones límites, y lo que éstas pueden influir tanto en un set, como en la sociedad.

Una superproducción, cuyo guión pertenece a Paul Laberty habitual colaborador de Ken Loach. Con una muy buena dirección de arte, música y fotografía. Y con una excelente actuación de Luis Tosar y Juan Carlos Aduviri, el resto del elenco es muy parejo.

Es lamentable que Gael García Bernal, siga sin aprender a componer, siempre hace de sí mismo, y en este caso le quita mucho dramatismo al film porque le resta verosimilitud. Una pena. ¿Por qué se le sigue dando trabajo a un actor que contribuye, como en este caso a desmerecer el trabajo de muchos?

Un film donde presente y pasado de entremezclan, para dar cuenta de que siempre habrá opresores y oprimidos. Y que el tiempo en ese sentido parece como detenido en una actual repetición de aquella realidad, que no es precisamente la que le otorga la ficción, sino la realidad que todos estamos viendo y en la cual todos estamos representados de una u otra manera, y con un mayor o menor grado de compromiso de poder modificarla.

Muy bueno el trabajo de Bollaín en esa estrategia de mezclar los tiempos y las percepciones, donde logra colocar tanto a sus protagonistas, como a los espectadores frente al espejo de sus acciones y elecciones, y de sus propias dudas respecto del pasado y el presente.

Buen comienzo para Pantalla Pinamar el próximo fin de semana.

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Publicado en Leedor el 25-2-2012