Juego de tronos

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El primer libro de una saga cuya serie en HBO fue una de las más vistas de la cadena.Juego de Tronos
(Canción de Hielo y Fuego I)
George R.R. Martin
(Plaza Janés, 2011, 800 págs.)

?Juego de tronos? es el volumen inicial de la saga Canción de Hielo y Fuego, épica que va por su quinta entrega (de las siete planeadas) en inglés y cuya segunda entrega en español saldrá a la venta en Argentina en marzo. Hay que decir que la serie ?Game Of Thrones?, la tercera más vista de la historia del canal HBO, basó su temporada 2011 en este volumen, por lo que quienes hayan seguido la serie encontrarán aquí más contexto mítico y un manojo de escenas que por los tiempos audiovisuales no fueron parte de la serie.


Clásica y moderna

Poniente, la Tierra de los Siete Reinos: un lugar extraño, que remite a la Edad Media con sus caballos, espadas y fortalezas; también alguna vez volaron dragones y hay un trono forjado de espadas, e incluso una suerte de lobos gigantes (?lobos huargos? según la traducción) que pueden comunicarse de una forma intuitiva con sus dueños. Y grandes feudos y familias con blasones, linajes y tradiciones, y por supuesto, conjuras palaciegas y traiciones entre aliados, porque, como dice uno de los personajes, ?cuando se juega al juego de los tronos, o se gana o se muere?.

Y sin embargo, la clave está en los personajes. Cada capítulo está narrado desde el punto de vista de uno de los siguientes ocho personajes: Eddard Stark, Catelyn Stark, Jon Snow, Arya Stark, Sansa Stark, Bram Stark, Tyrion Lannister y Daenerys Targaryen. El autor va hilvanando hábilmente su épica de fantasía en este primer volumen narrando desde los hombros de cada uno de estos personajes, yendo y viniendo según conviene para dar testimonio de un momento clave de la trama, siempre en tercera persona, como poniéndonos al lado del personaje, para que lo veamos en sus momentos más heroicos y en los más miserables. Y si la historia comienza con un prólogo en el que entendemos que existe algo así como hombres muertos que regresan a la vida, el gran acierto de esta saga pasa por la inteligencia de George R.R. Martin al mostrarnos personajes que bien podrían vivir en un mundo completamente fantástico pero, que en esencia, son como cualquier persona: falibles. Con sus más y sus menos, intentan llevar a cabo sus planes, siempre convencidos, desde el más querible al más repugnante. Todos creen que sus objetivos son lógicos, válidos, quizás incluso nobles. Y cada uno de ellos comete errores en nombre de la lealtad o actúa sin compasión alguna si la situación así lo requiere. Casi todos los personajes, entre los cuales los lectores siempre encontrarán favoritos ?aunque es probable que estos cambien a medida que se avanza capítulo a capítulo?, tienen su razón, su carisma, su paso en falso, su momento de valentía y orgullo. En ese sentido, ?Juego de tronos? es una novela absolutamente realista, llegando mucho más lejos que los personajes de Tolkien, que han envejecido de un modo un tanto acartonado: héroes y villanos unidimensionales, sin mayor complejidad que la escenografía, y la construcción de un universo como contexto. Un punto extra merece el reflejo del entramado del poder: el dinero regula al pueblo y al regente, quién está en el trono casi no hace otra cosa que preocuparse por no perderlo y quienes lo rodean o bien codician su lugar o están dispuestos a escuchar ofertas.

Pero la guerra nunca es justa. De uno y otro lado se mata a inocentes, incluso niños si es necesario, por ser el simple hecho de ser herederos de la corona (algo que, después de todo no es extraño para cualquiera que tenga un mínimo de conocimiento de historia universal). Y en tiempos de guerra, conspiraciones, intereses mezquinos y enemigos invisibles, ningún hombre es completamente heroico ni despreciable.

Como el noble Lord Eddard Stark, Señor de Invernalia. Será uno de los protagonistas de ?Juego de tronos?, uno de los personajes más querido por los lectores en todas partes del mundo. Y sin embargo, su primera acción importante en estas páginas es ordenar y ejecutar la decapitación de un hombre inocente. Su hijo bastardo, Jon Nieve, no es de noble cuna como sus hermanos de sangre pura, y sin embargo, es el más afectuoso y tierno de todos ellos, lo que no le impide tener celos y broncas porque nunca lo reconocerán como a un igual. Tyrion Lannister es un hombrecito deforme de la altura de un gnomo, hermano del caballero más temido y más apuesto del reino. A Tyrion le gustan las putas, el alcohol, y vivir la buena vida que le provee el dinero de su familia. No suele cultivar afectos y mira todo con una buena dosis de cinismo. Pero también se ve reflejado en la desgracia de un chico paralítico, o la carga invisible que lleva el bastardo, porque según su modo de ver las cosas, ?los hijos deformes siempre son bastardos ante los ojos de sus padres?. El rey, Robert Baratheon, vive de bacanal en bacanal. Se sabe decadente y no le queda mucho más que una esposa fría, humillada y humillante, y la sombra de aquel guerrero que fue años atrás, cuando junto a Stark logró sacar del trono al regente anterior (proveniente de una dinastía de trescientos años) que por entonces estaba loco y disfrutaba practicando todo tipo de crueldades. Y otro de los aciertos fundamentales son los vínculos: la empatía que hermana en algunas escenas a Tyrion con Jon Nieve nunca llegará a oídos de su padre, que desprecia a esa familia en particular y buenas razones tiene. Las discusiones entre el rey y Stark, que grandes amigos fueron siempre, acerca de salvar o no la vida de una adolescente de linaje real, nunca llegará a oídos de esta última, y por eso, para ella serán ambos la misma cosa.

En otro giro propio de estos tiempos ?sobre todo desde ?Lost? en adelante?, ?Juego de tronos? no garantiza ningún tipo de destino para nadie. Puede morir el personaje menos esperado y puede volverse relevante el más accidental en el momento justo. Y si hay en el libro al menos una ?aunque quizás más? muerte dolorosa para el lector que se mete de lleno en este universo, ese primer shock se convierte en adrenalina pura: todo puede pasar. Nadie está a salvo. Así como no hay grandes héroes marmóreos y risueños villanos que sólo quieren hacer el mal, tampoco hay destinos escritos en piedra. El golpe maestro del autor es utilizar el terreno tan abonado de la literatura fantástica con elementos propios de nuestra época. El resultado es la creación de un mito cuando, según suele decirse, ya no queda nada que inventar. Señoras y señores, George R.R. Martin acaba de probar que estaban equivocados.

En los últimos tiempos, la fantasía parece haber quedado relegada a un segundo plano: no nos parece ?literatura seria?. Nuestros dramas cotidianos se ven mejor representados en una novelita corta que nos cuenta la vida repetitiva y aburrida de un abogado medio pelo, un inspector de la DGI o un vendedor de panchos del Rosedal. Grave error: la fantasía, al igual que la ciencia ficción, siempre encuentra en la riqueza de su imaginería la metáfora que sirve ?cuando está bien lograda? para mostrarnos, mediante grandes tragedias y aparatos y batallas y tecnologías, lo que en nuestra vida tiene la escala de lo habitual. La exacerbación romántica es norma de género y ayuda a que sea más apasionante que el recuento articulado desde el discurso de lo realista.

Hay que decir que la traducción se toma ciertas licencias con los términos propios de esta fantasía, y queda en cada lector juzgar hasta qué punto esto resulta molesto, aunque es probable que el autor estuviera de acuerdo ya que cuando ciertos nombres ?de personas y lugares? son a la vez una palabra con significado propio en inglés, hay una lógica en hacer la ?traducción? de tal término porque tal vez habría que tomar toda la novela como una traducción, pero no ya del inglés, sino de otra lengua, una que se habla en otro mundo: el mundo en el que transcurre esta saga.

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Publicado en Leedor el 22-02-2012