Racing campeón

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¿Te acordás de las veces que salió Racing campeón?
En vez de Racing, Aiello decía Argentina.

Tengo 51 años. En 1966 tenía seis años.
Estaba en primer grado, vivía en Parque Patricios. No era de ningún equipo. Mi viejo de Chaca, mi vieja de Vélez, no eran de ir a la cancha. Una tarde me preguntaron mientras cruzaba la calle Caseros ¿Por qué no te hacés de Racing?. Una pregunta lógica: acababa de salir campeón y era una sensación.
Acepté y a los pocos minutos comprobé el acierto de la elección: en Bonafide me preguntaron de qué cuadro era y me regalaron un banderín celeste y blanco que todavía debe andar por ahí.

Ese mismo año, confieso que robé por primera vez: una figurita Sport con la caricatura de Jaime Donald Martinoli sobre fondo amarillo.
Como yo era el gordito que iba al arco, mi ídolo fue por años Agustín Mario Cejas, con un pico de fanatismo en el 69, cuando Argentina quedó fuera de México 70 y El Gráfico le sacó un poster que decía Gracias, Cejas, por cómo había atajado y se había portado en la cancha en esos partidos a paraguazo limpio. Era un héroe caballeresco.

Mi otro ídolo, era el doctor Juan Carlos Rulli. Me gustaba la pinta esa de luchador, camionero, gladiador, qué se yo.
Del ´67 me acuerdo de la primera final de la Intercontinental, en Escocia.

Mi viejo la escuchó por radio. Ahí aprendí lo que quería decir la palabra “ingle”. El relator decía “Cejas dolorido se toma la ingle”. Le pregunté a mi viejo y él me explicó: se agarra las bolas. Lo juro. Racing enriqueció mi vocabulario.

La segunda final, en Avellaneda, la vimos en la casa de mis tíos en avenida Belgrano y Saavedra. Ellos tenían televisor. Era una tarde gris…cuando el gordo Bonadeo pasó el partido en Campañas comprobé que mis recuerdos eran fieles. Los carteles de Osram, Telefonía, Thompson & Williams (la publicidad me llamaba la atención, luego sería mi profesión).

Y el “colorado” Johnstone, la camiseta sin números del Celtic, los empujones, la lluvia al volver a casa en el 188, que en ese entonces era el 5 y en casa, dibujar la minuciosa secuencia cuadro a cuadro de los goles. Por eso de no tener tele, escuché por radio la final de Montevideo?al salir del cine de ver Flipper. El cine, el fútbol.
Depués, un primo de Mar del Plata me regaló un banderín de plástico con la foto coloreada del equipo y abajo, dos cabecitas, una de Tito Pizzuti y otra de Maschio con leyenda “el carasucia que volvió al equipo de José”. Ahí me contaron de donde venía el término, que el Sudamericano del 57, etc. O sea que Racing me inició en el conocimiento de la historia del deporte argentino.

Años después, cuando pasaron el tape entero de la final en Montevideo y el Chango clavó el tiro por primera vez, me sorprendió escuchar que Horacio Aiello, relator del partido había gritado: Argentina en ventaja!!! (Fioravanti también dijo Gol argentino!) Tal la importancia de la conquista; la de todo un país. Esa que los rojos con sus bracitos en alto habían fallado en lograr una y otra vez porque jamás le encontraron la vuelta al Milan.

Argentina en ventaja?un relato que en mi emociómetro ubico al lado del Ahora o nunca! apurado de Araujo cuando Cani se fue solo frente a Taffarel en Italia 90 y las lágrimas de Héctor Acosta no pudiendo relatar la última vuelta del Gran Premio de Mónaco 1980 cuando ganó el Lole. Era Argentina la que ganaba. La que hasta entonces no había ganado nada, la de los campeones morales. Y con Racing, todos festejaron.

Algo parecido a lo que pasó en el 2001. Y digo todos porque el rojo no existe.

Lástima que nadie llevó un nivel de esos que tienen una burbujita adentro y lo puso sobre el pasto en el segundo tiempo contra River. Cuando el tiempo pasaba y el empate no llegaba.
La gente estaba haciendo una fuerza increíble y Milito era anticipado otra vez.

Uno pensaba “no puede ser que todas estas voluntades juntas se vayan con las manos vacías”.Y con mi hijo Martín mirábamos la cancha, inclinada hacia la derecha desde nuestra posición, frente a las cabinas., Lo juro, sería un ángulo de unos 25 grados, a puro bochazo y empuje. Recordé un aviso de Coca que decía algo como “treinta mil personas juntas no pueden desviar la trayectoria de una pelota?o sí pueden?”

Y pensé en Rocky Balboa y el triunfo en los últimos diez segundos del último round, y en la pelea de Galíndez con Ritchie Kates ganada igual, y en que no podía ser tan injusto el destino o Dios con toda esa gente y esa voluntad.

Y ahí vino el zapatazo del colombiano (que muchos creyeron de Bastía). Y vino el otro terremoto?el volcamiento de las tribunas hacia el campo de juego. La avalancha de gente y lágrimas. De humo y papelitos. Nunca vi llorar a tantos tipos juntos. De todas las edades.

Viejitos y fieritas. Camiseta oficial y remera trucha. TetraBrik y agua mineral. Cigarrillo y faso. Cagados de miedo y confiados a muerte. Chicas lindas y viejas feas.

Y los escalones de la tribuna aplanados, lisitos.
Los medios coincidieron: hacía años que no se gritaba un gol así.
Ese alarido. Con ese barrilete en el cielo. Y esa certeza de salir campeones. Por primera vez en mi vida. Y la de mi hijo. Ese momento en que uno sabe que inexorablemente se va a dar algo.
La contracara de cuando ves que el resultado no se va a modificar por más que se jueguen mil minutos. Como con Banfield.
Hacía años que no se gritaba un gol así.

Y pensar que después del grito aquel de Aiello, nos cantaban el feliz cumpleaños para gastarnos. Ahora cantamos nosotros. Y acá tienen la vela para soplar! “Argentina en ventaja”. Ojalá.

Publicado el 3-01-2002 (hace 10 años)