Nada del amor…

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Una obra redonda, sin baches, ni puntos débiles en torno a una anécdota famosa del cine argentino: la bofetada que le dio Libertad Lamarque a Eva Perón.A veces la belleza nos deja mudos, nos paraliza a medio camino de las palabras elogiosas, de los conceptos totalizadores o de un simple ?gracias? que todo espectador puede llegar a pronunciar después de una función que le ha tocado alguna fibra del alma. A veces no sabemos bien que decir porque todo lo dicho puede corromper ese instante de magia (que también solemos llamar arte) en el que lo que fuimos a buscar (eso que no sabíamos que íbamos a buscar pero que sin embargo esperábamos) coincide maravillosamente con lo que nos ofrecen.

Nada del amor me produce envidia es un pequeño milagro del arte que, a pesar deU ello, no surgió de la nada sino que tiene (se nota) un trabajo delicado y minucioso detrás, cosa que le permite ser una obra redonda, sin baches ni puntos débiles. ?yo soy los detalles? dice en un momento la costurera sin nombre (que es todas o ninguna) y esa frase resume la sutileza con que han construido la puesta, desde la iluminación hasta el encantador programa y la casi olvidada canastita con agujas que se regalan al retirar la entrada.

Nada del amor? tiene anclaje en la cultura popular argentina, entre Evaristo Carriego, Nicolás Olivari, Libertad Lamarque y Evita, entre el cine, el pueblo, el melodrama, el tango y radioteatro. Todo está ahí para ser dicho de la mejor manera posible: Santiago Loza trata tan bien a las palabras que no puede más que provocarnos admiración? y envidia, sí, a decir verdad, también un poco de envidia (como si pudiéramos medirla o dosificarla en amigables proporciones) porque todos quisiéramos haber escrito este hermoso texto donde la poesía nos confirma una vez más que lo extraordinario sucede.

La obra surge de una anécdota: en 1945 Libertad Lamarque protagonizó junto con Hugo del Carril La cabalgata del circo, película en la que tuvo también participación Eva Duarte. Se dice que durante la filmación ?la novia de América? le habría propiciado una bofetada a quien luego sería la esposa de Perón. El episodio fue desmentido muchos años después por Libertad Lamarque que si reconoció ciertas rencillas que, según ella, le valieron su posterior partida a México.

Entre estas dos mujeres de poder aparece nuestra costurerita, cualquier costurera de cualquier pueblo perdido en el tiempo, interpretada por una genial María Merlino , actriz que, como ellas, un día decidió probar suerte en la gran ciudad. Su personaje vive y respira sólo las cuatro paredes de su taller, sólo los destellos del amor que irradian aquellos vestidos blancos que nunca lucirá. Parece resignada, sumisa, hilvana sueños que otros cumplirán. O no?

Un día (siempre hay un día en el que lo imposible se manifiesta) Libertad Lamarque, a quien la costurera admiraba e imitaba con devoción, se hace presente en su taller (digo ?se hace presente? y no ?llega? porque es casi como una aparición celestial) para pedirle, para otorgarle el honor de confeccionarle un vestido. Tiempo después, porque cuando lo extraordinario sucede no puede ya parar, aparece Evita buscando (como bien le cabe al melodrama) el mismo vestido. Más que generar una discordia, la prenda pondrá a la protagonista en una encrucijada que le dará, por fin, la oportunidad de elegir. Esa es su suerte, su punto de inflexión, su destino. ?¿Evita o Libertad?? es la pregunta que encierra otras que nosotros también nos hacemos acerca de la posición de la mujer en nuestra sociedad, acerca de tener voz y voto y sobre los años que tuvieron que pasar para que eso fuera una realidad.

Lo que sigue deberán averiguarlo aunque supongo que contar el final no alteraría el misterio, la emoción profunda que provoca ver a María Merlino en escena, su trabajo con cierto tono o registro vocal de la época del radioteatro o de las cancionistas de los años 30´ es impecable y los gestos, sus gestos son también los de Libertad. Escucharla cantar ?Envidia?, ?Besos brujos?, ?En esta tarde gris? o ?loca? es un viaje en el tiempo, una delicia que sólo puede darla un corazón talentoso.

Nada del amor?, definida por sus creadores como un melodrama musical, habla de la soledad, del destino, de la suerte o su falta, del amor y su falta pero sobre todo habla de la belleza en el arte y su dulce posibilidad.

No hemos escatimado elogios para esta obra. Sólo podrá comprobar si exageramos acercándose cualquier domingo de estos a La Carpintería. Vaya, si no le gusta le devolvemos su dinero.

Eso último es mentira pero siempre vale la pena correr riesgos, tanto en la vida como en el arte. Después de todo, la felicidad es un arrebato y nada más.

Publicado en Leedor el 14-02-2012