El cuarto de al lado

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Una comedia picante en su punto justo, divertida e ingeniosa.Nadie duda de que la era de la electricidad nos haya cambiado la vida en múltiples sentidos; algunos de esos sentidos son y han sido largamente expuestos, experimentados, rechazados, puestos en duda o vanagloriados. Otros, escasamente tratados u ostensiblemente ocultos. Así, cuentan que en 1880 un doctor e investigador norteamericano, maravillado por el descubrimiento de Edison e influido por las, por entonces, novísimas ideas freudianas, diseñó un dispositivo capaz de acabar con la histeria femenina (considerada en aquellos años una enfermedad): el vibrador, un artefacto algo pesado que tenía extremos vibratorios y que le permitió a las mujeres ahondar en los saberes de su propio cuerpo. Este aprendizaje tenía lugar en un consultorio al que ellas llegaban acompañadas por sus formales y pacatos esposos que pedían una solución para algo que ellos no podían entender.

Esta historia se dice verídica y es la que tomó Sarah Ruhl, una joven y exitosa dramaturga neoyorquina, para escribir In the Next Room, or the vibrator play (Traducida como En el cuarto de al lado). La obra, por lo menos en la adaptación de Helena Tritek, no es un tratado feminista ni mucho menos; más bien nos encontramos con una pieza que indaga sobre las ganas de saber, de descubrir y de experimentar, más allá y acá del principio de placer.

Se trata de hombres y mujeres en busca de los sentimientos reprimidos, atascados en las buenas costumbres de una sociedad que los oprime.

El doctor Givings (un correctísimo Luciano Cáceres) comienza a tratar la supuesta histeria de la esposa del señor Daldry (León Bara), Sabrina (Victoria Almeida), con la ayuda de su servicial y culta asistente (Gipsy Bonafina). La escena ocurre en el cuarto de al lado de una lujosa sala donde su mujer, Catalina (Gloria Carrá), espera que algo pase, intenta escuchar, saber qué pasa detrás de la puerta. Su marido le ha pedido que se oculte pero ella entrará en contacto con esos nuevos personajes que van llegando a su casa en busca de soluciones o para ofrecer alguna ayuda. Esos personajes trastocarán el orden establecido, moverán los cuerpos y encenderán, como luces, sentimientos dormidos. Sobre todo, Leo (Esteban Meloni), un alocado y pasional artista que sufre por el abandono de una mujer, e Isabel ( Erica Sposito), el ama de leche que ayudará a Catalina no sólo en la crianza de su hija con toda su sensualidad y desparpajo, son piezas fundamentales para provocar la duda en los protagonistas. De este modo, la descarga eléctrica comienza también a invadirles la sangre y Catalina pasará de ser una mujer apocada y sumisa para convertirse en una mujer astuta y decidida. Su esposo tampoco saldrá ileso y empezará a alejarse de su parquedad para experimentar sentimientos que desconocía y que ninguna ciencia le hubiera podido explicar.

En el cuarto de al lado es una comedia picante en su punto justo porque lo que se destaca en ella es la sutiliza para tocar temas escabrosos (el orgasmo, el deseo, la homosexualidad, etc) ; tiene la virtud de no caer nunca en la chabacanería ni en el chiste fácil. Es divertida e ingeniosa aunque en algunas escenas parece decaer, hacerse lenta y perder el ritmo. Sin embargo, la solvencia de las actuaciones hace que, de todos modos, el espectáculo sea disfrutable en todo momento.

Si tuviéramos que elegir algunos aspectos para destacar nos quedaríamos con la excelencia del vestuario y la escenografía (ambos trabajos recayeron sobre las manos de Eugenio Zanetti) que dan cuenta de la opulencia de una época que se empeñaba de ponerle corset a los cuerpos y a las sensaciones, con la música y la bellísima escena en la que Sabrina y Ana cantan a dúo y, finalmente, con la escena de cierre que muy simbólica y delicada.

En el cuarto de al lado nos deja pensando en las distintas formas con las que, históricamente, se buscó reprimir las pasiones, en los cambios que en pocos años se produjeron en la vida sexual de las sociedades occidentales, en la liberación sexual pero, sobre todo, en el saber del cuerpo, del cuerpo que habla y dice que la conexión con un otro, amado o deseado, es más placentera y feliz que la ayuda de cualquier aparatito.

Publicado en Leedor el 16-01-2012