Manos Anónimas

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Carlos Alonso y su serie más comprometida en el Museo Evita Palacio Ferreyra de Còrdoba.En el primer piso del Palacio Ferreyra, una amplia sala logra impactar con las 34 obras de las series Manos Anònimas realizadas por el artista Carlos Alonso

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Las obras forman parte de la colección provincial, por una excelente medida de gestión que decide adquirirlas para patrimonio de la memoria provincial, ya que la serie refiere el doloroso episodio en la vida personal del artista, quien ha perdido a su hija Paloma en 1977, a manos de la dictadura criminal que manejo la Argentina entre 1976 y 1982.

Caminar por esta sala del Museo, compartir con otros visitantes que miran estos pasteles con asombro, con respeto, con actitud reflexiva es una experiencia estética y ética que nos deja una huella en el cuerpo, una afectación transformadora, pero qué otra cosa le pedimos al arte. Este Museo no es un museo de la memoria, no es un ex-centro de detención, es un bellísimo palacete neoclásico, de una arquitectura magnífica, construido entre 1912-1016 por quien debió ser un admirador de la belleza clásica, un auténtico esteta, el médico cirujano Martín Ferreyra, que no escatimó dinero ni esfuerzos en construir su hogar como una réplica exacta del hotel parisino en el que se hospedaba en sus viajes, el demolido petit hotel Kessler
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Es difícil escribir una reseña sobre estas obras en la tensión que provoca la estetización del dolor y la violencia, pero es indudable que esta serie de Alonso es una obra de arte, estrechamente relacionada con ese concepto del arte como reparación, como salida. Aunque esté en un museo, o justamente por ello. Un Museo que decide preservar y exhibir esta obra de manera permanente y salvarla del olvido o del ocultamiento. Entre las dos frases de Theodor Adorno, aquella que señala la imposibilidad del arte después de Auschwitz y aquella que destaca que el arte es un delito no cometido, se abre el universo existencial y el compromiso político estètico de nuestros artistas fundamentales.

Pero quizás lo màs fuerte de lo exhibido en la sala sea esta idea de mostrarnos, desde el dolor más íntimo, esa terrible disrupción, ese punto de inflexión sin retorno que es la desaparición de un ser querido. En la mayoría de las obras está la joven a merced de sus torturadores, evidenciando el estado de indefensión absoluto o el hogar destrozado y saqueado. Alonso cumple un trabajo ineludible: aportar a la construcción de nuestros recuerdos, de hechos imaginarios o reales construyendo al mismo tiempo un particular modo de ser en los modos de representación de la violencia dentro del arte argentino.

Publicado en Leedor el 30-01-2012