Maurizio Cattelán

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El Guggenheim de Nueva York presenta ALL, una retrospectiva de Maurizio Cattelán.Artista provocador, amado y odiado por la crítica, ha creado algunas de las imágenes mas inolvidables del arte contemporáneo. Con un estilo que podría ser llamado hiperrealista, Cattelán utiliza los íconos de la religión, la historia del arte y la política como fuentes de imágenes para sus esculturas. Consigue resultados impredecibles que evocan la estética pop, dadaísta o publicitaria.

Su desconfianza hacia la autoridad y el desprecio por la monotonía del trabajo han sido explicados con relatos de una dura infancia en Padua, Italia, padeciendo muchas dificultades económicas, castigos en la escuela y una serie de trabajos frustrantes e indignos.

Cattelán manifestó su ansiedad frente a la imposibilidad del éxito en una serie de “performáticas” rutas de escape de sus compromisos artísticos. En su primera exposición individual en 1989, el artista cerró la galería y colgó un cartel que decía “Torno súbito” (ya vengo). Sus primeras contribuciones a los espectáculos fueron igualmente delincuentes, en 1992, su participación en una exposición en el Castello di Rivara, cerca de Turín, consistió en una cuerda de sábanas anudadas colgando por una ventana abierta.

Sus gestos irrespetuosos han llegado a tomar forma delictiva, como fue en una exposición de Appel Arts Center de Amsterdam, robándose todo el contenido de la muestra de una galería cercana, con la idea de hacerlo pasar por obra suya (Another Fucking Readymade, 1996) hasta que tuvo que devolverlo por intervención de la policía que amenazó con arrestarlo.

Cattelán ha vuelto sus propios rasgos como uno de los pilares de su iconografía, “La Rivoluzione Siamo Noi” (2000) representa una miniatura del artista enganchado del cuello de un perchero de metal como si estuviera secándose, vestido con un traje del artista alemán Joseph Beuys.

Tomando personajes paradigmáticos de la historia trabaja las representaciones en cera natural. “La nona ora” (1999) representa al papa aplastado por un meteorito, o “Him” (2001), una miniatura de Hitler arrodillado en absurda actitud de súplica.

A pesar de que el humor irónico ha sido el tema de debate en la mayor parte de su trabajo, una profunda meditación sobre la mortalidad constituye el núcleo de sus prácticas. Su uso recurrente de la taxidermia, que presenta un estado de vida aparente sobre un cuerpo ya muerto le permite explorar esta preocupación temática.
Tal vez la más conmovedora de sus escenas de animales sea “Bidibidobidiboo” (1996), en la que aparece una ardilla que se ha suicidado en su cocina.

“All” (2007) es un conjunto escultórico de 9 figuras envueltas, talladas en mármol tradicional, que aparecen como víctimas anónimas de algún trauma, en silencio recordando la realidad inconsciente de nuestro mundo actual.

La obra que se exhibe en el Guggenheim es un ejercicio de la falta de respeto: el artista colgó toda su obra como ropa tendida. Toda la obra está contenida en esta gran instalación que toma el motivo de la suspensión que ya ha utilizado en “Novecento” (1997) a partir de un caballo embalsamado, pero aquí adquiere proporciones épicas.
Izadas con cuerdas, como en una horca, la instalación parece una ejecución en masa y constituye una obra de arte global, trágica en si misma.

Cattelán aprovechó la Bienal de Venecia para despedirse públicamente con una carta que comienza así:

“Me jubilé.
Cuantas marionetas puedo seguir haciendo?
Cuantos animales me toca embalsamar?
Señores: la fiesta se acabó. Cae el telón.” (1)

Será verdad? o es una más de sus rutas de escape a la posible falta de éxito, el riesgo de repetirse?
El tiempo lo dirá.

Fuentes: Fragmentos del texto curatorial de Nancy Spector, curadora en jefe, y Katherine Brinson, curadora asociada. (1) Carta de Maurizio Cattelán publicada en la Bienal de Venecia 2011.

Publicado en Leedor el 17-01-2012

El Guggenheim de Nueva York presenta ALL, una retrospectiva de Maurizio Cattelán.