Los Medios como Industria

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Los medios de comunicación de Masas como industria cultural
Los medios de comunicación de Masas como industria cultural

por Claudia Quiñones y Lidia Fagale *

“Nunca habrá hombre grande sin causa grande. Cuando hay una gran causa (…) casi todos pueden llegar a ser un gran escritor, un gran periodista, un gran comunicador. (…) Y créanme, los propietarios no quieren sindicato, ni colegio, ni organización de los esclavos, de una forma o de otra los quieren mantener en cadenas y con grilletes. Digamos: Proletarios de todas las esferas de la divulgación en el mundo, edúquense y uníos!

(…) Les ruego que se pongan a pensar en esta idea, de un Congreso (…) para abordar problemas, no sólo de nuestros países, sino los cruciales problemas del mundo de hoy. Ya que hablamos de globalización, tenemos que globalizar nuestros hábitos de pensar…” La cita corresponde a una parte de lo dicho por el Comandante en Jefe Fidel Castro en la clausura del 8º Congreso de la Federación Latinoamericana de Periodistas.

Aquella idea de finales de 1999 se concreta hoy. Aquí estamos, valoramos y agradecemos la condición que nos crea el pueblo, la UPEC y el gobierno de Cuba. Aspiramos a hacer un aporte a la reflexión y la acción común.

Desde la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (Utpba) sostenemos desde hace más de una década que “No hay Democracia Informativa sin Democracia Económica”. Esta afirmación, llevada a debate dentro y fuera de la corporación, dentro y fuera de nuestro país, ha signado un modo de intervención gremial, profesional y político-social de nuestra organización.

La insistencia en torno de ella no persigue la repetición monótona de un fatalismo, sino que busca dotar de un mayor rigor nuestros diagnósticos y acciones, haciendo conciencia sobre uno de los ejes del actual esquema de dominación. En tal sentido reconocemos que como periodistas, en tanto asalariados, no escapamos a las determinaciones de la presente y feroz ofensiva del capital contra el trabajo.

No se trata de extraer del mal de muchos un tonto consuelo ni de minimizar nuestra problemática particular, justamente en la región donde más crímenes contra periodistas se han cometido. Se trata de reflexionar políticamente, situándonos en nuestra encrucijada histórica. Trataremos, entonces, de abordar tres planos: el marco general de la globalización; su correlato en el campo de la industria cultural y especialmente en los medios de comunicación y, por último, el dilema de lo contrahegemónico en el periodismo.

De la Globalización Neoliberal

“Durante veinte años -desde mediados de la década del ´70 hasta nuestros días- un discurso único, un pensamiento único y una práctica económica y política única se han constituido con carácter hegemónico en sistema planetario”(1). Cinco monopolios dibujan la estructura del actual sistema mundial y “constituyen un desafío a la totalidad de la teoría social.

Dichos monopolios son: 1) Monopolio tecnológico 2) Control de los mercados financieros mundiales 3) Acceso monopólico a los recursos naturales del planeta 4) monopolio de las armas de destrucción masiva 5) monopolio de los medios de comunicación” (2). En tanto, el mercado impuesto como paradigma constituye el altar donde son sacrificados el Estado-Nación, sus estructuras políticas tradicionales y el concepto de democracia del propio sistema. La resultante es la profundización de la pobreza estructural, la pauperización de las capas medias de la sociedad, una transformación radical del universo del Trabajo y del régimen salarial con desempleo creciente y formas degradadas de contratación.
A esto se suma la crisis educativa, sanitaria y previsional, polarización y atomización social, crecimiento de la conflictividad y la violencia y un desarrollo desmadrado que jaquea los recursos naturales no renovables y amenaza con la extinción a las más diversas manifestaciones de la vida, incluida la humana. En suma, asistimos a un genocidio por planificación de la desigualdad. En la racionalidad del capitalismo bajo el modelo neoliberal están los autores ideológicos y materiales de este crimen, y en su dinámica, la indetenible puja intercapitalista con la hegemonía de los Estados Unidos a nivel mundial.

De la Cultura o la continuación de la guerra por otros (todos los) medios

En esa racionalidad y dinámica se inscriben los grupos de comunicación, telecomunicación e informática. “En todos los casos, actores privilegiados en materia de concentración económica. Son a la par propietarios casi exclusivos de la industria cultural y de la producción, comercialización y circulación de informaciones y mensajes: este es el soporte técnico para la emisión y reproducción de aquellos” (3).
Hablamos, por tanto, del único sector que en sí mismo resuelve la acumulación de capital real y de capital simbólico. Es decir de ideología. Un dato revelador de esta realidad lo da la existencia apenas de siete conglomerados americanos, más un alemán como los jugadores globales de la cruzada mediática. A ellos suman sólo cincuenta empresas con una mayor definición territorial o de cierta especialización.
Si compartimos el criterio de que hoy la mercancía-fetiche por excelencia son las imágenes y que éstas toman el lugar de los objetos para re-presentarlos, advertiremos cómo la lucha ideológica pretende librarse más en el campo de las representaciones que de las ideas. Esto nos devuelve a la cuestión de los medios de comunicación de masas como industria cultural.
La singularidad de esta maquinaria es la de producir representaciones para un tipo de consumo que, trascendiendo la mera satisfacción de necesidades -reales o imaginarias-, conforma subjetividades. “Bastaría este razonamiento breve para entender la enorme importancia política -en el más amplio sentido del término- que tiene la industria cultural, ya que una de las dos operaciones más extremas y ambiciosas a que puede aspirar el poder es, justamente, la de fabricar sujetos (la otra, por supuesto, es eliminarlos)”(4).

Este es el contexto próximo en el que se desarrolla la actividad periodística, donde la información es una mercancía, puesta en la línea de montaje continua de los valores, conceptos y coartadas del pensamiento único. De la guerra del Golfo a la Operación Justicia Infinita, pasando por las Torres Gemelas y el Pentágono, millones de personas asisten en vivo y en directo al más fenomenal acto de prestidigitación: ocultar, mostrando. Este dispositivo -con el que se forja un ojo expropiado de mirada y una idea escindida del razonamiento- explica el retraso de las condiciones subjetivas, toda vez que los puentes que permiten el pasaje de la experiencia a la conciencia están severamente dañados.
Bajo este marco cabe preguntarse: ¿Cuál es el rol que cumple o debería cumplir un intelectual asalariado cuya materia prima, justamente es la información? ¿Cuál es la posibilidad de contar desde este campo con profesionales – con capacidad y voluntad – que asuman una actitud contrahegemónica?

Del Periodismo Contrahegemónico

Situar “lo profesional” en el marco de la cultura contemporánea implica expresar una fórmula estratégica compuesta por “información-conocimiento-conciencia”. En dicha fórmula se condensan, por una parte, los aspectos y determinaciones más específicas del conjunto de saberes y prácticas del periodismo y su incidencia social inscripta en el campo de los derechos humanos: “Toda vez que el Derecho a la Información se equipara al derecho a la supervivencia, en la medida en que ser humano es pertenecer a una cultura cuyo discurso dota al individuo de conciencia y dignidad”(5).
En tal sentido, pensarse por fuera del pensamiento hegemónico desborda la limitada reflexión corporativa. Desanda la extendida ingenuidad en torno a la existencia de la libertad de prensa y la ilusoria creencia de que se nos concede “democráticamente” la oportunidad de ser el cuarto poder.

Nuestra capacidad para autofundar una práctica profesional opuesta a la lógica de la comunicación como dominación requiere, entre otras cuestiones, desechar la idea de que existe “una moral” inherente por naturaleza a quienes han decidido ejercer la actividad. Luego, podremos poner en discusión los significados que hoy priman en torno a valores -como los de verdad, objetividad, autonomía- reapropiados por la cultura hegemónica, imposibles de ejercerlos por fuera de las relaciones de dominación.

Recuperar la dimensión del pensamiento como productor de verdades es parte del combate contra el pensamiento único y alimenta el sentido del periodismo en su búsqueda de dar a conocer hechos y fenómenos verdaderos. Reencontrar la voluntad de autonomía, sin desentenderse del binomio en el que interactúa lo profesional y la razón social de la actividad periodística, redimensiona nuestro compromiso ético dentro de un proceso de acumulación de fuerzas. Proceso en el que la reflexión y el debate son parte esencial de la acción política de la organización de los trabajadores de prensa y condición preliminar a una política de acciones compartidas con otros actores político-sociales.

Por esta razón sostenemos que:

Admitiendo que se han multiplicado en los últimos años las expresiones de confrontación al modelo y con ellas se ha debilitado el consenso neoliberal, es necesario decir que estas expresiones no permiten aún -dada la correlación de fuerzas a escala internacional- considerarlas en capacidad de pasar a la ofensiva. Muy por el contrario, la embestida del poder real -tanto en su faz ideológica de desprestigio de la política y lo colectivo-, cuanto en sus más variadas formas de ahogo económico, tienen como propósito desarticularnos.

Por lo tanto hoy, la defensa y fortalecimiento de nuestras organizaciones locales y regionales es – debería ser- nuestra prioridad. Puesto que en lo colectivo está la condición de posibilidad de una política de resistencia y de acumulación de fuerzas en el campo político, gremial y social de cara a la unidad más amplia entre los afectados y según lo determinen las posibilidades ciertas de avanzar de la unidad en la acción a la unidad conceptual.

En tal sentido, consideramos clave profundizar las condiciones y tareas para la reflexión teórica, investigación y formación de los periodistas en busca de incrementar la conciencia y el conocimiento sobre los problemas de la etapa y el estudio serio de alternativas. En tal sentido subrayamos la importancia de la reflexión teórica y la formación desde un diseño que considere a los nuevos actores sociales que resisten bajo distintas modalidades.

Entre ellos nos encontramos los periodistas, no sólo como objeto de estudio, sino como usina del conocimiento que se desprende desde nuestra propia experiencia. Del mismo modo es vital sostener y perfeccionar la comunicación y prensa propia, no sólo como un megáfono de las ideas puestas a jugar en un espacio social mucho más ancho que el de la misma corporación: la comunicación propia es la lucha que fortalece a la organización, recuperando su dimensión formativa al poner a jugar elementos de comprensión ausentes en los principales agentes de socialización del capitalismo.
El otro eje vector a no descuidar – en el marco de la globalización – son las relaciones internacionales, entendida la integración en la necesidad de seguir construyendo con otros. Estos son los ejes estratégicos de una organización para la lucha y de la lucha por la organización.

El dilema que se nos plantea como personas, no apenas como periodistas, es colosal. Comprenderlo en su justa medida debería servirnos para valorar el aporte a la lucha que hemos venido haciendo junto a otros sectores sociales en estos años de enorme adversidad. Contra ella luchamos. Lejos de invitarnos a la autocomplacencia, esa valoración nos planta en el presente y hacia el futuro como protagonistas de un tiempo de dolor y de esperanza cifrada en la lucha. Queda mucho por hacer, si en verdad no queremos ser rehenes de este oprobio, o peor aún, sus cómplices (ANC-Utpba).

* secretarias de Cultura y Asuntos Profesionales de la Utpba, respectivamente.

Referencias:

1.- No hay Democracia Informativa sin Democracia Económica. Discurso de apertura del I Congreso Mundial de la Comunicación-Utpba. Juan Carlos Camaño. Buenos Aires 1998.
2.- El Capitalismo en la Era de la Globalización. Samir Amin. Editorial Paidos. 1999.
3.- Idem. 1.
4.- El sitio de la mirada. Eduardo Grüner. Editorial Paidós.
5.- Declaración sobre Derecho a la Información OIP-FELAP. Cumbre de Derechos Humanos ONU, 1993.

Publicada el 15-11-2001