Libertad de Investigación

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Sobre la libertad de investigación y las responsabilidades de la ciencia.
Hablar de límites de la libertad es una expresión que me inquieta de sobremanera. Toda limitación de la libertad se termina convirtiendo en un cercenamiento de dignidades en primer término y de vidas después. La libertad ilimitada no es un mal, ni es tampoco un fruto dulce, debe ser el objetivo principal de la existencia humana. Sí es imprescindible poner límites e intentar desterrar la irresponsabilidad, las prácticas arbitrarias, autoritarias y totalitarias que rondan toda actividad humana.

Libertad y libertinaje son palabras parecidas, pero en su sentido más profundo verdaderamente contradictorias. El comportamiento libertino es antojadizo, egoísta, obra sin reflexionar y sin tener en cuenta a los otros. La libertad implica un comportamiento en un todo contradictorio con el anterior. La libertad es esencialmente responsabilidad y solidaridad, frente a sÍ mismo y frente a los otros. No puede haber abuso de la libertad y ésta jamás devendrá libertinaje.

La empresa científica es una de las más elevadas que el hombre pueda realizar. Es una de las bases tanto para el desarrollo material como cultural y espiritual de la especie. Pero ella no se sustrae del entorno histórico, social y político del que forma parte. Es indudable que la ciencia no produce todo tipo de conocimientos, sino aquellos que el sistema le impulsa a producir. Sin embargo ello no es motivo para que la descartemos. En el devenir de la sociedad y de las instituciones, la ciencia tiene un papel fundamental, no como la instancia inmaculada, neutra y objetiva que es la medida de todas las cosas, sino como un quehacer también contradictorio frente al cual es posible volcar, en la lucha de los opuestos, los aconteceres hacia una dialéctica responsable, democrática, en la que cada logro tenga el objetivo de mejorar las condiciones materiales y espirituales de la especie. Un planteo que se exprese en términos de márgenes o límites de la libertad se presta a sospechas. La manera más usual de soslayar su sentido más profundo, es el hablar de libertades restringidas: la libertad consistiría en la elección entre algunas pocas opciones permitidas. Por otra parte ¿cuál es la medida de la restricción o del límite? Siempre el exacto término cuantitativo práctico está dado por una revelación o una intuición injustificada. Así, hablar de una libertad condicionada, es hablar de una libertad oprimida, lo que es una contradicción en los términos. Por otra parte hablar de libertad absoluta ofrece también sus dificultades. En efecto, la libertad debe reconocer en primer lugar los propios condicionamientos de la libertad material, su despliegue práctico de posibilidades y además las múltiples posibilidades que siempre nos obligan a elegir. En este sentido frases tales como “la libertad de uno termina donde comienza la libertad de los demás” pone todo el acento en el sujeto puntual, ignorando precisamente que el ámbito de realización de cualquier tipo de sociedad es precisamente el social. ¿Cómo se regulan las relaciones para que éstas no se conviertan en el terreno donde unos coaccionan y someten a los otros? En una visión más plena lo libre no necesita fijar un límite externo, en general presentado mediante declaraciones, proclamas o leyes, tan arbitrarias como inútiles: es la misma libertad la que fija su límite, pues es ella misma la que no es más allá de sí misma. Los enemigos de la libertad son aquellos que quieren instituir una visión última del mundo y del hombre.

La ciencia no puede aceptar límites a la libertad de investigación, el hacerlo condena a los mismos científicos tanto a la esclavitud de las teorías cuanto de las instituciones. El aceptar límites implica el recorrido unilineal de aquel que establece el límite. Por otra parte los límites no se ponen en forma abstracta sino puntualmente y, por lo tanto, revelan simplemente el modo en que determinadas cosmovisiones buscan imponerse sobre otras. Todo esto no significa que cada uno haga lo que se de la gana en forma arbitraria, sino que trata de establecer que la intención de poner límites externos y preestablecidos es una práctica totalitaria que finalmente termina con la ciencia misma, en tanto que la libertad “ilimitada” encuentra ella misma una regulación que la fortalece y que es el ámbito de desarrollo no sólo de la ciencia sino de toda actividad humana.

En cuanto a la filosofía. Ella debería ser justamente el ámbito de encuentro, de reflexión y de discusión de todos estos aspectos que hacen tanto a la ética, como a la teoría del conocimiento, la epistemología y la metodología. Lamentablemente muchas veces se ha convertido en el centro de la justificación y convalidación de las prácticas más aberrantes. Como “madre de todas las ciencias” la filosofía tiene la responsabilidad de aportar permanentemente y con espíritu crítico la reflexión profunda sobre los múltiples bretes en el que los descubrimientos científicos nos arrojan, pero no poniéndose por encima de las polémicas, sino conectando en una mirada integradora los temas y los problemas que muchas veces las ciencias analizan parcialmente debido a su gran especialización. Todo científico debería ser formado no solamente atendiendo a los aspectos puntuales de su disciplina, sino en la conciencia de que su mirada es parte de un todo a construir en el cual su producción es solamente una parte y no el todo. En la actualidad un filósofo que tenga como propósito pensar al hombre, al mundo, a la realidad, no puede ignorar a la ciencia, debe por el contrario tratar de sumergirse en sus problemas más relevantes en sus conflictos más apremiantes. Por otra parte un científico que quiera ser tal y no un simple engranaje en la maquinaria de producir conocimientos como mercancías, debe permanecer alerta a la reflexiones filosóficas que surgen de su propia actividad, debe reconocer como ya lo dijera alguien que: “La cuestión es sólo entre la libertad y el despotismo”.

Republicada el 18-02-2012