Las ratas

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Fue secretario, colaborador y jefe de redacción de la revista Sur por 23 años, entre 1938 y 1961; trabajó en la Editorial Universitaria de Buenos Aires (Eudeba) hasta que renunció en 1967, cuando fue intervenida durante la dictadura de Onganía; tradujo magistralmente a Henry James, Ambrose Bierce, Jean Paul Sartre, Tom Stoppard, Paul Valery, T.S.Elliot, Julien Benda, Samuel Beckett y Jean Genet; su propia obra fue traducida al italiano, francés e inglés, y fue publicada en los Estados Unidos, México, Venezuela, España, Suiza e Italia. José Bianco (1908-1986) es de esos autores que hay que leer, un narrador que uno agradece que se lo hayan recomendado.

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Las ratas es una nouvelle de 1943 prologada ni más ni menos que por el propio Borges que la compara con las obras de Henry James por la estricta adecuación de la historia al carácter del narrador, y por su rica y voluntaria ambigüedad. Inscripto dentro de lo fantástico, pero no a la manera de Poe, el relato trabaja con la incertidumbre, con la imposibilidad de conocer la verdad o, por lo menos, con la imposibilidad de conocer una sola verdad. En este sentido, el uso de la técnica del punto de vista, muy jamesiana, no hace más que corroborar esa afirmación.

Ricardo Piglia decía que “un cuento siempre cuenta dos historias. El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie. El cuento es un relato que encierra un relato secreto”. Esto mismo puede aplicarse a esta nouvelle: hay una historia de superficie que es el suicidio de Julio, el hermano del narrador, Delfín Heredia, y hay toda una narración que nos lleva por ese camino. Sin embargo, el lector poco a poco va descubriendo que debajo de esa cáscara está el secreto que habrá que develar.

Dentro de la perfecta arquitectura que presenta Las ratas, dentro de esa construcción en la que el narrador, el lenguaje, el argumento confluyen en una misma dirección, el lector no permanece ajeno y pasa a formar parte del entramado de la historia. Borges en el prólogo citado (que no conviene leer antes que la novela, porque adelanta el final) asegura que “es uno de los pocos libros argentinos que recuerdan que hay un lector: un hombre silencioso cuya atención conviene retener, cuyas previsiones hay que frustrar, delicadamente, cuyas reacciones hay que gobernar y que presentir, cuya amistad es necesaria, cuya complicidad es preciosa”. Una verdadera poética de lo fantástico en la que es indispensable que el lector vacile, se involucre en los hechos, dude sobre lo que está leyendo, realice conjeturas que en la página siguiente deberán ser reemplazadas por otras.

A medida que conocemos más del relato de Delfín Heredia, nos adentramos en un mundo donde reina la hipocresía en las relaciones familiares y donde el mal irrumpe en forma solapada, lo que lo hace más abyecto. En este sentido, el narrador, un adolescente de catorce años, juega un papel principal: se remonta al origen de su familia, nos cuenta detalles de cada uno de sus miembros, retrata con detenimiento a Julio, a su madre, a su tía Isabel, a su padre, a Cecilia, e incluso a sí mismo. Nos dice desde el comienzo que él conoce un hecho decisivo del que los demás no están enterados, y que nosotros solo averiguaremos al final, porque –y ahí está uno de los tantos logros de la novela– este narrador utiliza constantemente una sutil ironía que va enrareciendo la historia y aumenta la inquietud en el lector. ¿Cuál es el verdadero carácter de Julio y de Delfín? ¿Qué papel tiene Isabel en la historia? ¿Qué se esconde detrás de Cecilia? Cuando creemos descubrir la respuesta, la ironía de Delfín nos hace recordar que no conviene quedarnos con un solo punto de vista.

En cuanto al título, también es significativo. En el 2011 la editorial El cuenco de plata reeditó Las ratas junto con otra nouvelle, Sombras suele vestir. Ambas obras no fueron escritas al mismo tiempo, pero aparecieron en conjunto en varias ediciones porque comparten algunas características en cuanto al tema y a la atmósfera fantástica. En esta reedición es interesante la analogía que hace el escritor Silvio Mattoni que escribe el prólogo. Él compara las ratas con las que experimenta Julio en su laboratorio con los personajes que, mudos, sin decir lo que hacen, se mueven en la casa que es casi el único escenario del sórdido drama. Hay mucho de lo que no se habla, que está oculto, que está implícito, pero que nadie menciona. Todo esto que se omite es lo que nos obliga a realizar conjeturas constantes.

Para los que gusten de las transposiciones de la literatura al cine, en 1963 Luis Saslavsky dirigió la versión cinematográfica de la novela de Bianco protagonizada por Aurora Batista, Alfredo Alcón, Bárbara Mujica y Juan José Miguez, entre otros actores. (Las ratas, de Luis Saslavsky)

Para terminar, Las ratas es una nouvelle de un ingenioso argumento, como decía Borges; un drama familiar, una historia con amores prohibidos y muertes dudosas, un relato en el que reina la ambigüedad producto de pistas falsas que nos llevan a pensar que cualquier hipótesis puede y no puede ser posible. Por todo esto y por otras razones que el lector irá develando, vale la pena leer a Bianco y descubrir a este autor injustamente postergado.

Publicado en Leedor el 16-01-2012

Las ratas
José Bianco
(La Biblioteca argentina, Serie clásicos, 2000, 86 págs.)