Coppola y Zuviría en Caracas

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Horacio Coppola y Facundo de Zuviría exhiben en la sala 12 del Museo de Bellas Artes de Caracas. Organizada por la Embajada de la Repúblia Argentina en Venezuela, la exposición estará abierta hasta febrero de 2012.Coppola + Zuviría

A En el prólogo de su libro El último lector, Ricardo Piglia introduce con un relato particular los diversos acontecimientos que se forjan en la obra de arte. En sus líneas, la visita a la casa de un hombre llamado Russell, que reconstruye a escala microscópica la réplica de la ciudad, despliega en cierta forma todo aquello que comporta la transcripción del mundo: imagen de un tránsito que se vuelve presencia significante en el encuentro con el espectador; composición que en su superación del referente se levanta más profunda, más genuina e incluso más verdadera que la propia realidad.

La urbe reproducida en este texto es Buenos Aires y el artista que la calca de forma tan meticulosa e inquietante es un fotógrafo. Según Russell, su ciudad es la que controla el movimiento de lo externo, es ella la auténtica, la que importa en su dimensión a un tiempo minúscula e infinita. Lo otro es una fachada, un reflejo de esa trama inédita que delinea el curso del símbolo y la intimidad secreta del afuera.

Sin saberlo, dos creadores han venido a manifestar en el espacio museográfico esa impresión de Piglia en la que ?parafraseando al autor? la ciudad sólo trata sobre duplicados y representaciones, un modelo en el que se eterniza la presencia de lo extraviado y las diversas formas de hacer visible lo inmaterial. Estos artistas son los fotógrafos argentinos Horacio Coppola y Facundo de Zuviría, quienes desde comienzos de noviembre exhiben en la sala 12 del MBA la muestra itinerante Buenos Aires, dos miradas.

Organizada por la Embajada de la República Argentina, la exposición ya ha recorrido diversos puntos de la región latinoamericana y estará en Caracas hasta febrero de 2012. En su totalidad, reúne piezas que con una poética especial de aproximación diluyen los lapsos y las trayectorias de la capital y enaltece metáforas ancladas en el alma de la identidad bonaerense.

El cruce de resonancias vino por una propuesta que Zuviría hizo a Coppola en ocasión de su cumpleaños número 100, con lo cual agruparon las proyecciones transversales de 2 secuencias separadas por más de 5 décadas. En el caso del maestro, la visual se sumerge en la metrópoli de los años treinta; su progreso y sus olvidos, sus ilusiones nacientes, su voluntad constructivista y los rastros de una vanguardia paradójica que resentía el avance de los nuevos tiempos. Para Zuviría, es el Baires melancólico de los ochenta y los noventa el punto de enlace, una mirada discursiva en la cual los rasgos de lo sublime y los despuntes de la ironía nos confrontan con el quiebre entre el mito y su hecatombe, con los nexos entre el extravío y la belleza de la cultura popular.

Ambas perspectivas poseen la cualidad especial de la autonomía, dos maquetas que en una proporción inexplorada trepidan desde sus pequeños y grandes ángulos para generar visiones complejas, como aquella ciudad de Russell que tanto perturbó a Piglia. En cada fotografía la localidad diminuta se eleva; la imagen ha trascendido las demandas banales del contexto para más allá del tiempo y del espacio poner en escena las sombras y las luces, los matices y los esplendores de un ordenamiento privado, único, múltiple y privativo a la vez. Esfera indisoluble y siempre variable de esa cláusula enigmática que es la representación.

Fuente: El Nacional. Caracas, Venezuela.