Marosa di Giorgio

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El Gran Ratón Dorado, el Gran Ratón de lilas, relatos eróticos completos de esta escritora uruguaya, un libro que puede ser pista persistente para una literatura exquisita.El Gran Ratón Dorado, el Gran Ratón de lilas (349 páginas)
Editorial Cuenco de Plata, 2008

Pregunta: ?¿El acto erótico es un acto bello en sí mismo? ¿Cuál es su función en la literatura?
Respuesta de Marosa: ?Creo que sí es bello. He visto la conjunción de una abeja con un azahar y era hermoso, una cosa de ángeles. No está destinado a funcionar en la literatura. Es?.
Fragmento de una nota de Walter Cassara a Marosa di Giorgio en Página 12, publicada en marzo de 2003, incluida en este volumen.

Es difìcil pensar que Marosa di Giorgio (Salto 1932, Montevideo 2004), haya escrito relatos especìficamente eròticos, porque toda su literatura està atravesada por esa conjunciòn particular entre naturalezas, deseo y humanidad, entre los diferentes estados de lo mineral/vegetal/animal, casi como un solo cuerpo que se manifiesta de distintas formas/especies y las mujeres que deambularn en un mismo universo.

Este volumen compila 36 relatos eróticos titulados en torno al vocablo “misa” y sus cercanìas lèxicas. Y esta misa es una marca del ritual, y etimològicamente tiene que ver con ser enviado, y marca el momento de la despedida. Lo importante de esta misa de Marosa es que la escritura y su actualización en la lectura es una marca, una misión y se sale de ellas de modo peculiar, hasta volver a caer, en una pròxima misa.

Pero lo más interesante no es lo filosófico ni lo antropológico, lo etnográfico ni lo botánico… Lo más rico de este juego es lo referido a la escritura, una vez más, que hacen de Marosa única en su producción simbólica y simbolista, de intérpretes y sentidos.

Como cuando dice:
“La madre pasó vestida de grana o diamante, no se sabía, y adentro de su ropa blanca. Dijo: Elinor, es hora de acostar,
Para Elinor, era eso ya imposible”.

Ese acostar que no es acostarse, porque suele suceder que Marosa elida los pronombres reflejos y cuasireflejos, ¿por superfluos, por confusos?, cuando son justamente una posibilidad de identidad y referencia que no es precisa allì, porque la individuación no un acto a reivindicar, la individuación va contra el destino que la palabra explora.

Es esa mezcla inasible de alteracion del orden sintàctico con falta de señales pronominales lo que nos gusta tanto, lo que vuelve tan eròtico, tan de fluir, tan de órganos autónomos con una gran cuerpo natural lo que hace que estos relatos extraños, mìsticos y atractivos.

Y tras las misas, llega Rosa Mística. Es el último relato del libro, pero su lectura ejerce una fascinación que lo ilumina y lleva a volver a comprender lo que se venía empatizando hasta el momento. Página 313, y otra vez, a hacer sonar todo desde el principio, de capo.

Hay que leer esto y dejar que sea. Es un erotismo tan naturalizado, tan inefable, en la tradición de las metamorfosis, pero sin la morosidad del relato barroco. Más bien seco, justo, necesario. Se impone desde su propia ley. Otra vez, No hay monstruosidad, hay un mundo apenas esbozado, dicho en flores, insectos, huevos, tallos y oquedades, pero susurrado. Es ese murmullo lo eròtico, el imaginario de lo que està ahì desde siempre para ser visto, en la naturaleza. Y es eso pequeñito, ese gesto de perfil bajo que tiene esta escritura lo que resulta tan sensual, tan de imágenes que se disuelven apenas se esbozan.

Leedor tiene varios señalamientos a Marosa di Giorgio, su influjo, su presencia, su palabra. La menta la artista plàstica Diana Aisemberg, la analiza Vero Escalante en la nota Rosa Brillando, la vuelve voz viva la Deslenguada valeria flores. Su persistencia en Leedor ilumina lecturas, engarza gestos personales, restituye prioridades y por supuesto, nos colma de placer.

Publicado en Leedor el 11-1-2012