Comunicación personal

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Es posible hacer automarketing?Herramientas imprescindibles

En estos tiempos de cambios continuos, donde el empleo estable cada vez ofrece menos garantías, el trabajador sin relación de dependencia debe convertirse en una pyme y, por lo tanto, aprender a hacer marketing con sus bondades laborales.

Más allá de la actividad que desempeña cada persona, mantener conversaciones fluidas, jerarquizar la calidad de la palabra y de la expresión, benefician por igual a un contador y a una repostera.
Años atrás entrené a un vendedor de cereales, quien repartía su tarea entre Buenos Aires y el interior del país. Campechano, afable, se sinceró sin vueltas: “Amo mi trabajo y me fue bien. Ya es una tradición familiar dedicarse a este ramo. Sin embargo, me doy cuenta de que preciso mejorar mi comunicación, tema del cual jamás me ocupé -enfatizó-. No hacía falta: la cartera de clientes era inamovible. Ahora, todo es distinto. La competencia se volvió feroz, ya nada resulta seguro”.

Esta urgencia por superar cierto nivel, porque ése que tienen no les alcanza para seguir progresando en este mundo globalizado, se manifiesta en las más variadas disciplinas. Pude advertirlo en vendedores, médicos, abogados, ejecutivos, empresarios… Y, también, en un profesor de educación física que quería emanciparse del gimnasio donde era empleado.
“Yo siempre trabajé con mi cuerpo, sin darle importancia al lenguaje verbal. Pero en esta circunstancia, cuando deseo hacer un giro en mi vida, reconozco que me cuesta argumentar. Yo necesito persuadir a mis posibles socios financieros -señaló-, demostrarles que vale la pena apostar a mi emprendimiento, que soy buen negocio”.
Las dudas del profesor de educación física, que se siente seguro cuando puede comunicarse a través de su cuerpo (su profesión), no difieren demasiado de las del técnico dental. Después de veinte años de oficio y de ganarse un merecido lugar en su medio, la realidad socio-económica le permitió tomar conciencia de algunas limitaciones a la hora de visitar nuevos consultorios odontológicos (su mayor fuente de ingresos). Los obstáculos se repetían en la antesala del dentista. Allí, secretarias o asistentes frenaban su avance con eternos latiguillos: “El doctor está ocupado”. “Vuelva otro día”. “Deje su tarjeta, lo llamaremos”.
¿Cómo actuar en estos casos? ¿Qué sucede con la autoestima y con el miedo al rechazo? ¿Es posible revertir situaciones que provocan mucho malestar, impotencia y frustración? La verdad, no existen recetas mágicas. Hay que tomarlo como un plus, un valor agregado que debemos incorporar a nuestra actividad respectiva. Forma parte del nuevo concepto en materia laboral que hoy nos toca asimilar.
Por ejemplo, una herramienta básica para comunicarnos con eficacia es, ante todo, estar convencidos de lo que ofrecemos: de nuestro producto, nuestras ideas, nuestro servicio… En fin, creer en nosotros mismos. El profesor, en el gimnasio, se sentía como pez en el agua. Sin embargo, esa comodidad, ya no le satisfacía para seguir creciendo, para levantar vuelo. A su vez, el técnico dental se rebelaba, porque sus argumentos no eran suficientemente entradores para que la secretaria de turno le facilitara el acercamiento al odontólogo.
“Si yo soy bueno trabajando en el laboratorio, si siempre traté de perfeccionar mi especialidad, ¿por qué, además, debo esforzarme para caer simpático? Soy tímido, insistir me cuesta un triunfo”, comentaba con evidente fastidio.
Al funcionar como una pyme, cubriendo personalmente todas las áreas, es lógico -entonces- aceitar el sector de las relaciones públicas y de los recursos humanos. Forma parte del paquete de medidas para no sucumbir y de la flexibilidad que demanda esta era, donde la reglas del juego cambian veloces, como el zapping. Hoy, a la par de nuestra actividad específica, necesitamos herramientas para influir, persuadir, transmitir, promocionar, seducir, vender… Tan imprescindibles, como hacer bien el trabajo.

Dionisia Fontán es periodista y personal trainer en comunicación

Publicada el 7-6-2001