Ciencia y comunidad

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La ciencia es una de las instituciones menos comprendidas de la sociedad y gran parte de la culpa recae en los propios científicos, quienes en general, comunican sus hallazgos únicamente a su comunidad.Concepciones equivocadas en torno a la ciencia

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La ciencia es una de las instituciones menos comprendidas de la sociedad y gran parte de la culpa recae en los propios científicos, quienes en general, comunican sus hallazgos únicamente a su comunidad. Sea por la cantidad de conocimiento previo que se requiere para comprender los resultados de las investigaciones en cualquier área de la ciencia o bien por que los científicos no se toman el trabajo de comunicar en forma clara y rigurosa, como pedía Charles Darwin, al gran público los descubrimientos; lo cierto es que en las conversaciones entre la gente “que no es del palo” y la información que circula por los medios masivos de comunicación, la imagen de la ciencia y su método distan años luz de la realidad.

Una de las principales frases que salen de las bocas de los incautos y de aquellos que repiten a los incautos, es la de que algo “está comprobado científicamente”. La comprobación científica es una contradicción en los términos, ya que el método por excelencia implica la falsación y no la comprobación por la positiva. El hallazgo, en la ciencia, se realiza siempre por la negativa.

Karl Popper fue el filósofo que se percató del mecanismo lógico necesario para que un sistema de creencias como la ciencia, pueda, a diferencia por ejemplo de la religión, ajustar sus ideas acerca del mundo en una forma rigurosa, coherente y comunicable.

Las teorías científicas son conjuntos de hipótesis, de supuestos acerca de algún fenómeno que ocurre dentro del universo. Esas hipótesis, o sus derivaciones operativas, se contrastan mediante algún tipo de procedimiento explícito, intentando siempre refutarlas. Si se logra falsar la hipótesis, en la teoría, o deberíamos decir en la meta-teoría, todo el edificio teórico se derrumba Si la hipótesis no logra ser demostrada en su falsedad, entonces se la mantiene dentro de ese cúmulo de incertidumbres ordenadas que son las teorías. La ciencia se alimenta de preguntas y de la negación de esas preguntas. La única certidumbre que conoce es la de la falsedad. Se sabe lo que no es verdadero, pero se desconoce la verdad.

El mecanismo funciona así: imaginemos que nuestra hipótesis afirma que todos los cisnes son blancos y saliendo del cine, nos encontramos con un cisne negro La única, aunque poderosa, conclusión posible es que no todos los cisnes son blancos, de ningún modo podemos afirmar que todos los cisnes son negros. Si no encontramos ningún cisne negro, entonces seguimos afirmando que todos los cisnes son blancos hasta tanto nos topemos con uno de otro color.

No hay por tanto una comprobación en sentido estricto, sino una falsación, una contrastación tal que permita refutar la hipótesis. No existen las verdades científicas, pese a que el camino es certero en cuanto a saber lo que es falso. Cada investigación que se emprende, en el dominio científico que fuere, tiende siempre a generar nuevas preguntas, nuevas inquietudes y a sepultar falsas creencias, sosteniendo siempre la incertidumbre de las verdaderas. El conocimiento se desmaleza con la navaja de la lógica, de la consistencia, de la coherencia y de la falsación empírica.

La contrastación esencial debe ser siempre empírica. Ese es el límite que divide a la ciencia de la metafísica, incluyendo a la religión y a toda creencia que no sustenta su dispositivo ideológico en la contrastación negativa mediante los hechos que provee la realidad. Ese límite es dinámico y la historia de la ciencia muestra que lo que alguna vez fue parte de la metafísica, luego terminó siendo luego parte de la ciencia. Un ejemplo claro lo tenemos en el origen del hombre, antes de la antropología moderna, antes de la segunda mitad del siglo XIX, esa pregunta era respondida por la religión; hoy en día sólo la necedad fanática no admite que la teoría de la selección natural es la que mejor explica la evolución y que no ha podido ser refutada o falsada.

Comprender el mecanismo de funcionamiento de la ciencia tiene consecuencias para nuestra vida cotidiana. La publicidad por ejemplo, en su afán por vender sus productos no dudan en invocar verdades científicas y toda una ficción o simulacro de método científico. La primera lección de la ciencia es la de dudar, dudar de todo y buscar los elementos cognitivos necesarios para refutar nuestras propias ideas, nuestros propios fundamentos acerca del funcionamiento del mundo.

Publicado en Leedor el 22-12-2011

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