Mandel: crimen delicioso

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Por vez primera se publica en Argentina Crimen delicioso. Historia social del relato policíaco. Su autor es el dirigente trotskista Ernest Mandel (Frankfurt, 1923- Bruselas, 1995) un especialista en economía de reconocida trayectoria en el capitalismo tardío. Por vez primera se publica en Argentina Crimen delicioso. Historia social del relato policíaco. Su autor es el dirigente trotskista Ernest Mandel (Frankfurt, 1923- Bruselas, 1995) un especialista en economía de reconocida trayectoria en el capitalismo tardío. No sólo ha sido respetado sino que también se le ha negado la entrada no sólo a Estados Unidos sino a países tan pacíficos como Suiza.

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Y, sin embargo, no es un tirabombas. Es un señor inteligente, abierto a la polémica y a la discusión. El libro, de ediciones Razón y Revolución, tiene un prólogo de Rosana López Rodríguez que no está de acuerdo con Mandel pero que lo respeta. Es además, una introducción impecable y valiosa porque se extiende sobre aquellos que se han ocupado en Argentina de la literatura policial. Comprobamos que son demasiados.

Mandel es claro: en el prefacio admite que le gustan los relatos policiales. Son entretenimiento escapista. Al leerlos no se piensa en nada más y se los olvida cuando se cierra la última página. Luego pasa revista a la conexión entre el folletín y el nacimiento del relato policial para los sectores populares. Afirma que la gente no lee novelas policiales para mejorar su intelecto o contemplar la naturaleza de la sociedad o la condición humana, sino simplemente para relajarse.

Que es un gran lector de novelas policiales lo demuestra el hecho de que recorre un espinel en el que no sólo figuran los más conocidos sino también los de segundo orden. Poco es lo que sabe sobre América Latina excepto la antología que publicara Donald Yates en 1972. También menciona al holandés Erik Lankester y a su Zuidameirikaans Misaaverhalen de 1982. Pero de Estados Unidos y Europa, incluyendo la por entonces Unión Soviética, no se le escapa nadie.

Para este pensador la dramatización del crimen que de modo tan inocente excita los nervios de la gente enajenada puede inclinarse hacia el propósito de defender la propiedad privada de un modo irreflexivo. Este pensamiento puede provocar una sonrisa. Sin embargo, cuando Mandel nos informa que Raymond Chandler se encontraba muy cómodo durante las actividades de la HUAC en Estados Unidos, o cuando nos dice que Graham Greene recién comprendió la lucha armada hacia el final de su carrera, cuando se internó por América Latina y los golpes de los años 70, no deja de llamarnos la atención.

Su desdén hacia ?el crimen lo cometió el mayordomo? de la novela inglesa tradicional rebosa ironía y considera que el grito de Edgar Wallace ¡Odio al obrero británico! Era compartido por varios de sus compañeros ingleses de ficción policial, comenzando por Agatha Christie. Mandel no ahorra aclaraciones cuando se trata de analizar El padrino de Mario Puzzo y el origen de las grandes fortunas norteamericanas, habitualmente conectadas con la mafia. Su problema con los famosos autores de este género es que no pueden atacar las corporaciones, se quedan siempre en los estratos individuales de una sociedad que de individualista no tiene nada.

Los dieciséis breves capítulos se leen muy bien y para entrar en la polémica se puede ir al V al que titula La ideología de la novela policial. Se deduce que no hay tipos duros ni detectives cínicos y desprejuiciados. Lo que existe es, simplemente, el miedo ante un sistema feroz que devora cualquier intento de oposición aunque se la enmascare. Por ejemplo, la novela negra y su archiconocido pase al cine. Crimen delicioso. Historia social del relato policial es un libro que estaba haciendo falta en Argentina. Al menos se puede disentir, polemizar, enojarse, sonreír pero jamás encogerse de hombros.

Publicado en Leedor el 15-12-2011