Borges Profesor

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Extraordinaria recopilación de sus clases en la Universidad de Buenos Aires en materia de literatura inglesa.

Borges Profesor
Curso de literatura inglesa en La Universidad de Buenos Aires
(Emecé, 2000, 394 pág.)

?Borges Profesor es un camión doble acoplado?.
Pablo Román Simó.

En poemas tardíos, como ?Una oración?, Borges nos dice que prefiere ser recordado menos como un poeta que como un amigo.

Los años pasan, y ciertamente, Borges no parece ser más que un maestro en la lejanía, siempre presente, un gran amigo al que se puede visitar cuando uno quiere.

Claro que sólo se puede entender esto para aquellos que se pasearon por toda su obra, y que por medio de ella cambiaron su vida para siempre.
Hay un antes y un después del universo borgesiano. El lector no es el mismo, su conocimiento en materia literaria se expande. Más tarde ?inevitablemente? descubre su cerco y sus límites, pero el encuentro es completamente revelador.

Es fácil distinguir un lector borgesiano de otro que no lo es. La diferencia es abismal, porque precisamente Borges fue y será un gran maestro de literatura.

Deslumbrado primero por sus cuentos, luego por sus ensayos, llega por último su poesía. El orden es arbitrario y personal. Pero queda por delante incluso sus charlas, conferencias, clases: como el excepcional Borges Oral, por sólo remitirnos a un modelo.

El libro que nos compromete es tal vez, a la distancia, el libro de su autoría que más me ha llenado de felicidad. Se trata de una extraordinaria recopilación de sus clases en la Universidad de Buenos Aires, en materia de literatura inglesa, en la que por medio de veinticinco capítulos ?digamos, teóricos? Borges presenta más de trece siglos de la literatura más trascendente de la historia.

Pero Borges, y seguramente por la gran influencia de Chesterton o Carlyle, en ningún momento reduce su materia a las obras literarias. Es un recorrido sumamente historiográfico, experencial, en donde la vida misma de los autores vale tanto como sus producciones estéticas.

Por rememorar y presentarle al lector una muestra de su simpatía:
«No aprendió nunca a andar a caballo. Al cabo de dos meses, uno de los oficiales lo encontró escribiendo versos griegos en una de las paredes del cuartel, versos que en los que él expresaba su desesperación ante ese imposible destino de jinete que él había inexplicablemente elegido. El oficial conversó con él, consiguió que lo dieran de baja, y Coleridge regresó a Cambridge y planeó poco después la fundación de un periódico que aparecería todas las semanas. Coleridge recorrió Inglaterra buscando suscriptores para esa publicación. Él mismo nos cuenta que llegó a Bristol, que conversó con un caballero, que este caballero le preguntó si había leído el diario, y él le contestó que no creía que entre los deberes de un cristiano estuviera el de leer diarios, lo que causó alguna hilaridad, porque todos sabían que el propósito de su viaje a Bristol era el de conseguir suscriptores para su periódico. Coleridge, luego que lo invitaron a una conversación y le ofrecieron trabajo, tomó la extraña precaución de llenar la pipa con sal hasta la mitad y la otra mitad con tabaco. Pero a pesar de eso no estaba acostumbrado a fumar y se enfermó. Aquí tenemos uno de los episodios inexplicables en la vida de Coleridge, la ejecución de actos absurdos».

El libro reúne, de esta manera, los temas predilectos y tan queridos por Borges: los vikings, Johnson, Boswell, Macpherson, Blake, Wordsworth, Browning, Williams Morris, y Stevenson; entre otros tantos.

Una de las historias más hermosas es la del poeta y pintor Dante Gabriel Rossetti, que de la misma forma que Cristo, tuvo el fatal destino de participar en lo humano hasta el extremo de descender de la tumba.

La valiosa investigación, edición y nota se las debemos a Martín Arias y Martín Hadis, quienes no sólo se encargaron de dar existencia al manuscrito, sino de adjuntar un Anexo Anglosajón, traducciones del inglés antiguo, y su correspondiente alfabeto rúnico.

Así traduce Martín Hadis uno de los tantos fragmentos de la ?La Batalla de Maldon?:
«Más firme será nuestro propósito, más animoso el corazón, más grande el coraje, cuanto menor sea nuestra fuerza. Aquí yace nuestro señor, hecho pedazos, el que más valía, en el polvo. Aquel que piense en huir de este juego guerrero lo lamentará para siempre. Mi vida ha sido larga; no me iré de aquí. Yaceré tendido al lado de mi señor, de ese hombre tan querido».

Queda en todo lector la búsqueda del propio cuerpo con el cual yacerá tendido.