Marisa de León

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Entrevistamos a una de las promotoras del 2do Foro sobre la Producción Escénica en Iberoamérica que se está desarrollando en Buenos Aires.Entrevista a Marisa de León*

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Se está realizando en Buenos Aires, desde el lunes 5 hasta el sábado 9 de diciembre, el 2do Foro sobre la Producción Escénica en Iberoamérica, postulado como un espacio de reflexión y debate sobre la gestión cultural. Nacido de las inquietudes de dos investigadoras mexicanas (Silvia Peláez y Marisa de León), el foro abre la discusión y pone sobre las agendas el tema de la producción escénica y plantea la necesidad de pensar el teatro y la danza como una empresa cultural.
Leedor tuvo la oportunidad de conversar, el sábado pasado, con Marisa de León* sobre las expectativas generadas por este nuevo foro, sobre la actualidad del teatro iberoamericano y, particularmente, el mexicano, sobre las artes escénicas y el teatro en general. Amena charla que nos permitió también pensar en la actualidad del teatro nacional.

¿Cómo nace el proyecto del Foro sobre la producción escénica en Iberoamérica?

Este será el segundo foro, el primero fue en el año 2009 en México. Fue una iniciativa que veníamos planeando tiempo atrás con la idea de poder saber hasta dónde, a nivel de Iberoamérica, estaban sucediendo las mismas problemáticas, inquietudes, necesidades que sentíamos en nuestro país, me refiero a Silvia Peláez y a mí, yo como productora y ella como dramaturga y directora. Teníamos la sensación de que no había lugares donde estudiar producción, que los productores se formaban en la práctica, que no había publicaciones ni libros al respecto y ahí comenzaron las preguntas: ¿Cómo será la situación en Latinoamérica? ¿Será como mi experiencia de autodidacta? ¿Quién estará escribiendo cosas sobre el oficio de la producción? Aparecieron así un montón de cuestiones que nos rondaban, desde hace varios años, consciente y inconscientemente. Hubo, luego, una conexión con Miguel Ángel Pérez Martín, de España, a partir de que yo conocí sus publicaciones, me gustó mucho, me interesó mucho conocerlo y establecimos una relación por correo electrónico. Pasaron unos años, te hablo de 2006 más o menos, conocí a Jorge Dubatti en México. Él estuvo en la presentación de un libro mío sobre producción escénica y me dijo que le interesaba mucho llevarse el libro a Argentina para un amigo suyo que estaba escribiendo sobre producción. Su amigo era Gustavo Schraier. Pasó el tiempo y me llegó su libro, veo en él un montón de referencias, un pensamiento muy común. Me pongo en contacto y comenzamos las pláticas. Me di cuenta de que no estaba sola ni loca. Entonces supimos con Silvia que debíamos hacer algo y pensamos en llevar a estos dos personajes a México. Se lo propusimos a la Secretaría de cultura del Distrito Federal.

Ahí comienza el otro problema que es conseguir quién financie el proyecto?

Exactamente. Eso siempre es un reto pero una muy buena amiga (Nina Serratos) tiene hoy un puesto importante en la Secretaria de Cultura, es la coordinadora del sistema de teatros, y me ha ayudado mucho. Le propuse el proyecto, en primer lugar, a otras tres instancias de gobierno pero no fue aprobado, unos me dijeron que sí y después que no. Yo ya tenía a la gente comprometida, con las fechas y los pasajes comprados. En un encuentro casual con esta amiga le comento el problema que me había surgido y ella me propuso revisar el proyecto formalmente. Le encantó y lo tomó, entró como actividad académica dentro de la 4ta Muestra de Artes Escénicas, que es un evento, un festival local del Gobierno del Distrito Federal que nunca había tenido actividad académica. Me financiaron horarios, hospedaje y todo eso. Fue un evento que salió muy bien y rebasó nuestras expectativas.

¿Cuáles eran los propósitos que tenía ese primer encuentro?

En ese primer encuentro, pretendíamos compartir esos temas, que en este segundo foro se están retomando de manera más profunda y con más especialistas, relacionados con la formación, la producción, las publicaciones y los sistemas de marketing en las artes escénicas. En esa ocasión tuvimos la oportunidad de invitar, por iniciativa de Gustavo Schraier, a Carlos Elia. Fuimos Carlos, Gustavo, Miguel Ángel Pérez Martín, Silvia Peláez y yo y con eso nos bastó para hacer un evento que gustó mucho, que generó muchas expectativas y al que concurrió mucha gente. Cuando finalizó, la misma Licenciada Nina Serratos nos planteó la pregunta ¿Y ahora qué? ¿Cómo sigue esto? Ahí surgió la idea de hacer un congreso, un evento más grande. En 2010, entonces, nació el primer congreso, donde invitamos a representantes de diferentes lugares: Chile, Costa Rica, Colombia, Brasil. Este año Gustavo tomó la posta y organizó el encuentro aquí, en Buenos Aires.

¿Cuáles son las cosas que se agregan en esta edición?

Hay más temas, como por ejemplo ? los públicos?, hay más talleres que los que había habido anteriormente, hay más representación de países. De foro a foro, crece exponencialmente en cantidad de actividades, en cantidad de especialistas, en los temas mismos de discusión, en las expectativas que queremos generar.

¿Cuáles son esas expectativas?

Creemos que estamos poniendo en la agenda de las políticas culturales un tema que es importante y que tiene que ver con esta plataforma de los que producen espectáculos, no producir en términos empresariales o económicos sino en términos de ejecutar, de hacer una producción. Defendemos ese oficio, esa profesión. Desde nuestro punto de vista, que es en lo que hemos coincidido con Gustavo y Miguel Ángel, una buena producción, una buena planeación de un proyecto, bien pensando, bien gestado, va a favorecer a los grupos artísticos que van a lograr tener mejor factura con mejores productos. Es necesario que las instituciones y los medios de comunicación tengan interlocutores que gestionen lo necesario para proyectar bien un producto; es necesario pensar en los públicos que deben recibir buena información, deben tener facilidades para acceder al espectáculo, una buena atención en la taquilla, etc. Para que los espectadores tengan una experiencia agradable es necesario preocuparse por ellos desde el comienzo, pensar los proyectos en función de a qué segmentos del público está dirigido cada espectáculo.
Pensamos que los grupos artísticos siempre están en un plan de dividirse las actividades y de hacer todos de todo. Esa ?anarquía?, esa falta de definición de roles, de necesidades a resolver es un problema del que se debe ocupar el trabajo del gestor y productor. Queremos que los grupos artísticos, las instituciones, los medios de comunicación, el público sepan que hay una persona preocupada porque todo el mundo haga lo que tenga que hacer, de la mejor manera.

Hablás de anarquía y pienso que hay una idea que ronda el imaginario sobre que el teatro independiente puede generarse desde el caos. Por eso resulta importante plantear el debate sobre gestión, se necesita hablar sobre producción.

Si, ese es el sentido de todo esto, es un trabajo de hormiga, de hacer poco a poco, para lograr que, sobre todo, los grupos artísticos se den cuenta de que tienen que invertir en un productor, que deben tener dentro de sus compañías a una persona que se dedique a todo eso y que no quiere estar arriba del escenario, que tenga el tiempo para hacer esas muchas otras diligencias. El actor y el director ya tienen muchas responsabilidades que deben hacer bien, no deberían preocuparse por conseguir los fondos, el espacio, la prensa, los permisos, todas esas cosas que implica un espectáculo.
Supongo que hay gente que podrá lidiar con todos esos temas pero yo estoy en la línea de la profesionalización, de la especialización. ?Zapatero a su zapato? es una frase que usamos mucho en México, que cada quién haga lo que le gusta hacer. Habrá casos de gente que lo hace todo y muy bien pero llega un momento donde no te da el tiempo, el alma ni el cuerpo. Entonces porqué no pensar en gente que se pueda ocupar de esas cosas. Hay que formarnos, la formación de productores se plantea como necesidad.

¿En México ya estás trabajando en la formación de productores?

Si, ya llevo casi doce años. Empecé en el 2000, cuando di mi primer curso. En el 2002 empecé a escribir el libro que se publicó en 2004. Y todo ha ido desencadenándose en esto que vivimos hoy. Hace diez años no me imaginaba esto pero sí intuía que había que apostar, que había que hacer un trabajo ahí, que había que escribir, transmitir, compartir experiencias, conocimientos, fórmulas, para evitarles a los otros muchas penurias por las que yo pasé por no tener alguien que me guiará o un libro que me diera ideas y que me permitiera entender cómo es el proceso, como se administra el dinero o el tiempo, cómo te relacionas con la gente. Muchos me han hablado de la generosidad de compartir las experiencias y yo respondo que es un ida y vuelta; la vida también me ha dado mucho y parece que todo ha valido la pena porque está resultando algo interesante. Además sigo produciendo y sigo trabajando no sólo desde la teoría. Cada aprendizaje lo incorporo a mis talleres.

Además ha sigo importante poder expandir el tema más allá de tu país?

Sin duda. Yo lo intenté primero en México y se me cerraron las puertas, envidias, esas cosas de los gremios. Entonces empecé a voltearme hacia afuera y eso fue muy bueno porque apareció la idea de que en todos lados se presentan situaciones similares. No podemos compararnos con los norteamericanos o los canadienses o algunos países de Europa, como Francia e Inglaterra, que viven otras realidades en muchos sentidos. A nivel de iberoamericano, hay que conocer el panorama, comprenderlo, respetarlo y adaptar lo que sirva para nuestras realidades, por ejemplo aspectos de la actualidad española, que llevan un camino avanzado en el ámbito de la gestión cultural. En ese sentido, entiendo la producción como una especialización de la gestión cultural. Hay mucha bibliografía, muchas carreras relacionadas con la gestión pero en la especialidad de la producción creo que estamos siendo pioneros en poner ese tema sobre la agenda cultural.

¿Cómo es el panorama en México? ¿Es similar al de Argentina?

Es muy similar, nos parecemos tanto. Hay diferentes niveles de gestión o modelos de producción. El teatro público, lo oficial, tiene sus presupuestos ya establecidos, sus criterios de selección de repertorios, de programación, sus espacios, etc.; el teatro comercial se parece mucho a lo que pasa en la calle Corrientes. El trabajo lo estamos haciendo más bien con los grupos independientes, los colectivos, las compañías que empiezan, las que ya están y las que se han deshecho y la gente sigue en su ámbito. Se trata de generar proyectos donde se garantice todo ese camino del que hablábamos. Ahí es donde estamos incidiendo, con el apoyo del gobierno porque el papel paternalista del Estado sigue siendo muy presente (la iniciativa privada casi no participa en la producción, en términos de recursos). Todavía hay esquemas que permiten que los grupos soliciten una beca o apliquen diferentes programas de apoyo. Pueden contar con el recurso, el problema es cómo piensan los proyectos y cómo los resuelven, más allá de contar con el dinero o el espacio. Eso es medular.
Nos parecemos mucho, tenemos las mismas carencias, las mismas dificultades, las mismas necesidades. Por eso creo que nos hemos podido adaptar muy bien, discutir, proponer con los otros expertos. No damos cuenta que en Colombia, Uruguay, Chile y demás países se dan las mismas complejidades.
Este año, vendrá el director del Teatro Solís a contarnos sobre la situación de Uruguay, con el propósito de hacer la discusión más rica y no quedarnos sólo en la problemática de los independientes.

Volviendo al foro, ¿Cuáles son las actividades que se van a realizar?

En término de actividades, la diferencia con el primer foro es que allí nos pareció importante darle a los especialistas invitados un espacio para que den conferencias magistrales. Eso se decidió sacar en este caso, aunque tenemos que evaluar qué va a pasar con ello en el futuro. Nos pasaba que aunque venía mucha gente a todas las actividades, a las conferencias venían pocos por los horarios establecidos. La gente iba llegando más tarde a las mesas de debate que es uno de los espacios más ricos, junto con los talleres , que es parte de la aportación de la formación en temas muy precisos.
Entonces, no hay conferencias acá pero las mesas de debate están muy interesantes en cada tema. Me gustó la idea que propuso Gustavo de plantear cada mesa como preguntas. No tenemos afirmaciones sino planteos como de dónde y cómo se forma un profesional. Son preguntas lo que tenemos y las vamos a tratar cada uno desde nuestra experiencia y nuestro contexto. No queremos que estos sean espacios de queja, se trata de aportar, de proponer soluciones a partir de problemáticas específicas.
Luego, cada uno de los talleres, con los especialistas, va a aportar herramientas técnicas y metodologías.
Otro espacio que nos parece importante es el de la presentación de publicaciones. Aprovecho para contarte que el perfil de los especialistas que buscamos para que participen de los foros o congresos es que sean productores activos, que sean docentes (que estén haciendo una práctica, que estén compartiendo conocimientos) y que tengan publicaciones. No ha sido nada fácil encontrar en una persona estas tres habilidades.
Las publicaciones nos parecen una manera de proyectar y que la gente se quede con algo a futuro.

Vos venís con tu libro Espectáculos escénicos, producción y difusión, contamos un poco de qué trata.

Es un libro que se divide en dos partes. La primera parte dedicada a la producción, desde cómo se planea, se elabora y se presenta un proyecto en diferentes instancias, cómo se hace una campaña de procuración de fondo, hay toda una parte dedicada a cuestiones de planeación estratégica, de lo importante que es tener dentro de los grupos una misión, una visión, objetivos, metas, en fin, cómo estructurar un proyecto más serio y sólido. Yo siempre digo ?hay que dejar de ser tan hippies?.

Es que creo que nos ronda la idea de que todo este proceso es para la organización de una empresa y uno no ve al teatro como una empresa?

Allí es a dónde nos dirigimos con la profesionalización. Por como está avanzando el mundo (la globalización, las industrias culturales, temas que están sobre las agendas) los grupos necesitan pensar de una manera más empresarial, más formal. Pienso que el teatro y la danza ( sin incluir a la música que está dentro de las industrias culturales) son empresas culturales donde se necesita tener un organigrama, una planeación estratégica a corto, mediano y largo plazo, donde necesitas plantearte un proyecto de impacto o retribución social, que es la función primogénita del teatro. Aquello de la catarsis, si quieres provocarla, cómo, con qué temas? todo eso supone horas de trabajo de mesa, más allá del trabajo en el escenario, que es también un trabajo muy exigente y demandante para los que se dedican a estar en escena. Se requiere de mucho rigor. Por eso pienso que el productor, que funciona también como una especie de representante, de manager, puede ir perfeccionando, puliendo, ayudando a que el grupo defina estilos, tenga un sello propio, marque diferencias con todo lo que hay dentro de la oferta cultural. Los grupos tienen mucho miedo a constituirse como empresas, a adquirir compromisos a ese nivel y a tener más claros los roles. Necesitamos que se trabaje a otro nivel. Para mantener las salas llenas se necesita que se hagan buenos productos. Hay mucha competencia afuera (la televisión, internet, etc) y si se quiere hacer teatro bueno hay que hacerlo bien, producir bien, ofrecer bien, vender bien.
Esos son los temas que trato en el libro. La segunda parte está dedicada a la difusión, que es la otra mancuerna. ¿De qué te sirve tener una buena producción si nadie se entera? Hablo de cómo se hace un boletín de prensa, cómo se hace una campaña de difusión, cómo se elabora un presupuesto propiamente de difusión, cómo se arma una estrategia de promoción, cómo vendes en un festival, cómo viajas. Tengo un capítulo dedicado a las giras artísticas. A mí eso es lo que más me gusta, estar de gira con grupos artísticos, porque es donde tengo oportunidad de conocer gente, comprar bibliografía y ver qué es lo que está pasando.

Cualquiera que lea tu curriculum se sorprenderá por la cantidad de actividades que realizás. Todas ellas están, nos obstante, relacionadas con la producción.

La docencia, haber hecho una carrera con Silvia Peláez, el posgrado virtual de políticas culturales, los talleres, los libros y todo, es verdad, tiene que ver con lo mismo. Además del trabajo que hago con los grupos artísticos. Ahora estoy de receso porque el músico que representaba falleció, un jazzista mexicano con el que estuve trabajando por tres años y medio (Eugenio Toussaint). Y lo más reciente fue una gira con una compañía de danza norteamericana, con los que trabajé ya en 2004 (hicimos una gira por Centroamérica), que pude llevar a México para hacer cinco presentaciones en diferentes estados de la República. Además estoy terminando una licenciatura en gestión cultural. Ha sido muy rico poder volver a ser estudiante y entender la gestión cultural, estudiar, investigar y tener un papel que avale mi trabajo. Pienso que siempre hay que seguir formándose, un productor tiene que ver cuáles son las tendencias, las líneas de pensamientos.

¿Cómo llegaste a interesarte por las artes escénicas?

Desde chica. A los 11 años hice una obrita de teatro, a nivel amateur, del vecindario, y me encantó la experiencia. Hubo un curso de verano en el multifamiliar donde vivía, se montó Tom Sawyer y participé. Luego me involucré con un grupo de teatro profesional independiente, en el que estuve de los 13 a los 18 años, que se llamaba Contigo América. Salí del grupo un tanto conflictuada y comencé otra carrera (Estudios Latinoamericanos) pero a los seis meses me di cuenta de que extrañaba el teatro. Comencé a estudiar actuación y, por las carencias que tenía como actriz, en el sentido de que no había quién resolviera lo que mi personaje necesitaba, empecé yo a resolver esas cosas. Me juntaba con gente que estaba en el ámbito de la producción de conciertos, que es algo que siempre me ha gustado mucho, y me invitaban a apoyarlos, de asistente, digamos. Empecé a entender todo eso, me empezó a gustar y poco a poco me fui bajando del escenario.
Tuve la suerte de trabajar muchos años con Jesusa Rodríguez y Liliana Felipe en el Teatro- Bar El Hábito. Jesusa fue una gran maestra para mí de todo lo que es la producción desde lo independiente, o sea, cero recursos pero montar, de todos modos, una cosa bien hecha. Ellas son grandes, gente que yo admiro y respeto mucho y que fueron una gran escuela para mí.
Ya dentro de este ámbito empecé a ver que el campo de la producción era un campo de oportunidades enorme porque no había nadie haciendo eso, era cuestión de inventar. De repente pensé que algo tenía que haber: ¿Qué estaba pasando en Europa, en Latinoamérica? Debían de existir libros y empecé a investigar. En épocas donde no había internet, fue recorrer librerías, hasta que hice una colección importante. En ese momento decidí escribir mi propio libro de acuerdo a mi contexto, a mi país y a los presupuestos que allí se manejan.

¿Cuál es el lugar de las mujeres en las artes escénicas de México?

En México hay muchas dramaturgas, hay bastantes directoras pero hay pocas productoras (contadas con la mano), hay pocas críticas. Entonces, en las artes escénicas, sí tienen peso. En mi país el tema del género impacta un poco. Silvia Peláez tiene un estudio muy interesante, una publicación digital que es una revisión de todo el trabajo de las dramaturgas más importantes en México (es un material de consulta bastante recurrente que se llama Dramaturgas Mexicanas Contemporáneas), entonces, si hay un buen papel y una buena proyección internacional. Pero en producción, no. Conozco a varias pero no dan clases o no publican, es decir, no cumplen ese perfil del que hablábamos antes y en el que es necesario apostar. Yo les digo que escriban y que hablen de su experiencia para generar materiales que impliquen nuevos aportes, nuevas visiones.

Para finalizar, me gustaría que nos hables un poco sobre tu concepción del teatro.

Yo creo que el teatro es una profesión de las más antiguas del mundo, que se mantiene, que no va a desaparecer, que hay que defender y que hay que hacerla bien. Es un canal de comunicación social importantísima, un espacio de convivencia y de comunión de artistas y espectadores. Pocas otras disciplinas logran ese fenómeno de comunicación y de retroalimentación, en el que la gente puede verse reflejada, identificada en un personaje, en una época, que puede imaginar, transportarse, viajar, tanto el actor como el espectador. Es crear mundos diferentes a la cotidianeidad, cosa que no pasa en la danza o en la música que te mueven otras cosas. El teatro en sí es un vehículo de crecimiento personal pero también colectivo. El teatro, a fuerza, se hace en equipo, prevalece la importancia del ser social. Es un vehículo, una herramienta, un modus vivendi, una forma de vida, de pensar, de hacer que se refleja en muchas facetas. Es una profesión que te exige preguntarte todo el tiempo (en términos de la actuación) quién soy, quién es mi personaje, a dónde va, cuál es su problemática, cómo resuelve el conflicto. Así es la vida, es todos los días estar cuestionándose. El teatro siempre está presente. Para crear toda esa fantasía de un momento se requiere mucho trabajo. Yo comparo mucho el teatro con la comida, todos esos paso de elaboración para que se disfrute de un momento, de una cena y de una sobremesa, y de repente todo eso se termina y hay que empezar de nuevo. El teatro es como la cocina de la vida.

* Productora escénica, gestora cultural y docente. Es Co-Directora de la empresa Produce Arte Prosimax S.C. Se ha formado y especializado en el campo de la gestión y la producción de las artes escénicas desde 1980. Es autora del libro Espectáculos escénicos. Producción y difusión. Tiene estudios de licenciatura en Gestión Cultural por la Universidad de Guadalajara. Su práctica profesional incluye más de 150 espectáculos en diversos escenarios tanto independientes, universitarios y alternativos, como privados y oficiales en México y el extranjero. De León ha forjado una larga y rica experiencia que acompaña el talento de actores, músicos, dramaturgos, escritores y artistas de todas las disciplinas, de todo tipo de géneros y ha logrado el reconocimiento a nivel nacional e internacional, también por los talleres que imparte en EUA, Europa y Sudamérica. Creó junto con Silvia Peláez el antecedente a este 2º Foro y el Congreso Iberoamericano de Productores Escénicos, además de la carrera Producción de espectáculos en la Universidad del Claustro de Sor Juana, entre otros diseños curriculares especializados en artes escénicas. Ha sido Coordinadora de Producción de la Compañía Nacional de Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y Subdirectora de Promoción Cultural Internacional del CONACULTA. Actualmente colabora en un proyecto con la Compañía Titular de Teatro de la Universidad Veracruzana.

Publicado en Leedor el 6-12-2011