Nan Goldín, censurada

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La polémica por la muestra de Nan Goldín censurada en Brasil permite reflexionar sobre la relación entre política sociocultural y acción privada. Nan Goldin, una exposición censurada en Brasil

Hace dos años, la curadora independiente Ligia Canongia se inscribió en una llamada pública de Oi Futuro, un centro cultural mantenido por
una compañía de telefonía móvil.

Su propuesta de hacer una muestra de Nan Goldin fue elegida y la curadora empezó a producirla.

Ahora, pocos meses antes de su presentación en el espacio de Oi Futuro Flamengo, la dirección del
centro cultural se enteró de su contenido. Y lo vetó.

La curadora, indignada, fue a los medios de comunicación y redes sociales. Algunos sitios de internet publicaron la polémica, muchos bloggers
escribieron, la gente habló en Facebook. La exposición traería una buena muestra de la producción de Nan Goldin. Muchas fotos de gays y
transexuales. Otras con niños. Algunos desnudos.

Quienes conocen la obra de Nan Goldin saben de su honestidad con su propia intimidad. Saben de la mirada cruda y poética que la autora tiene y de las reflexiones que provoca. Pero la dirección del espacio cultural no la conocía. Según la curadora, al ver las fotos, sus directores pidieron que retirara las fotografías de niños desnudos. Ella aceptó. Después, de todos los niños. Ella objetó que se pusieran tiras negras sobre las imágenes, pues le parecía censura. Oi Futuro entonces canceló la exposición.

Después de la polémica, la exposición fue acogida por el Museu de Arte Moderna de Rio, uno de los espacios más bonitos de la ciudad. Si todo va como parece, inaugurará en marzo.

Hay algunas cosas que especialmente me intrigan en ese episodio. Oi Futuro es un espacio privado que se vale de las llamadas ?leyes de
incentivo?, aparatos públicos de fomento a las artes. No sé exactamente si es el caso de esa exposición, pero lo que suele ocurrir es que los espacios privados pueden organizar sus exposiciones con la ?renuncia fiscal?, o sea, los impuestos que la empresa debería pagarse al gobierno se convierten en plata para financiar proyectos culturales.

Ahora, la exposición se va a un espacio público. Y si todo es hecho con dinero de nuestros impuestos, ¿por qué mantener espacios tan
retrógrados con nuestra plata? Las leyes de incentivo todavía son fundamentales para mantener la cultura en Brasil. Hay mucha gente que las critica, la mayoría personas que no irían a ver Nan Goldin? Pero hace rato que hasta las
personas del mundo de las artes cuestionan el fato de que muchas veces las leyes benefician más al marketing de las empresas que el arte.

No se sabe si es peor que una institución programe una exposición sin saber de lo que habla o si la censuran. Pero en un momento en que la
intolerancia también es noticia de periódicos todos los días, en que Brasil, con toda su alegría carnavalesca, se convierte en un país que apalea gays en las calles de todo el país, todos los días, la censura de una exposición como esa me parece todavía más triste, una muestra de que a pesar de la democracia, la libertad está lejos de nosotros.

Lizandra M. Almeida es editora y traductora, y vive en Brasil.